Antonio del Corro, un reformador sevillano a las puertas de su quinto centenario
Se presenta ‘Obras selectas’ de Antonio del Corro, que recoge los principales escritos del reformador sevillano. Conversamos sobre su vida y obra con el historiador Emilio Monjo.
SEVILLA · 28 DE OCTUBRE DE 2026 · 14:00
Cuando nos aproximamos a la celebración del día de la Reforma protestante, el recuerdo de Lutero puede a veces opacar a otras figuras que fueron clave en el desarrollo del pensamiento bíblico en el siglo XVI. Entre aquellos pensadores, pastores y reformadores que nacieron en España pero desarrollaron la mayor parte de su labor lejos de estas fronteras encontramos a Antonio del Corro, humanista, pedagogo y teólogo de cuyo nacimiento se cumplirán 500 años en 2027.
La efeméride que se aproxima es un buen argumento para acercarse nuevamente a su obra y su figura. Emilio Monjo presenta este jueves en Santiponce, lugar donde Antonio del Corro pasó una década entre los muros del monasterio, un volumen que recoge algunas de sus obras y nos descubre a un hombre que abrazó la Reforma y procuró construir un camino de paz y defensa de la libertad religiosa en un tiempo convulso.
El libro, con el que Ediciones Nicodemo inicia su colección Obras de Reformadores españoles del s. XVI, reúne en un solo tomo varias obras de Del Corro precedidas por una breve nota bibliográfica porque, explica Monjo, las propias cartas e introducciones de Del Corro aportan datos biográficos que permiten situarlo perfectamente.
El compañero de Casiodoro
Monjo sitúa a Del Corro dentro de una Reforma española diversa. “En nuestra Reforma hubo muchos personajes peculiares, yo diría que todos, porque no se puede hacer una imagen uniforme de ellos”, afirma. Mientras Casiodoro de Reina acabó como pastor luterano, Del Corro murió como miembro de la Iglesia de Inglaterra. Para el historiador, eso muestra que la Reforma española “no tuvo una configuración única nunca”.
También señala una particularidad: de Del Corro se conoce con precisión cuándo nació (Sevilla, 1527) y cuándo murió y fue enterrado (Londres, 1591).
Del Corro era monje jerónimo en San Isidoro del Campo, el monasterio del que salieron también Reina y, tras un breve paso, Cipriano de Valera. Con Reina convivió casi diez años. Salió de Sevilla en 1557, antes de que se desatara la persecución de la Inquisición, pero intuyendo que su fe reformada acabaría acarreándole problemas. Según el propio Del Corro, no había una persecución concreta contra él y los inquisidores incluso lo tenían por amigo; se marchó con su familia.
Otros, en cambio, se quedaron, y fueron quemados. “Estos se van y los otros se quedan, y a los que se quedan me los queman”, recuerda Monjo. Entre ellos, la monja Francisca de Chaves, ajusticiada por la Inquisición. Según se cuenta, reprochó a los que se habían ido que la iglesia necesitaba “pastores firmes que no volvieran el rostro”. El historiador lo expone, aclara, sin restar valor espiritual a unos ni a otros, para “equilibrar los sentimientos” y ofrecer una imagen más precisa y completa de lo ocurrido.
Para quienes se marcharon, tampoco fue fácil. Del Corro pasó otra década recorriendo ciudades europeas, predicando en unas y viviendo oposición y dificultades en otras. Monjo explica que los exiliados españoles se encontraron con iglesias protestantes enfrentadas entre sí, algo que les resultaba ajeno y que califica de “situación lamentable”. Aun así, el historiador destaca los vínculos que los reformadores españoles tejieron con figuras importantes del continente: menciona, por ejemplo, el prefacio de Francisco de Encinas a una obra suya a cargo de Martin Bucer, o la relación de Reina con Hubert Languet, líder hugonote.
Finalmente, Del Corro llegó a Inglaterra, donde enseñó en Londres y en Oxford. “Tuvo enemigos notables que le complicaron la vida, pero también muchos amigos dentro de la jerarquía anglicana”, apunta Monjo, y gracias a ellos fue un personaje notable en la Iglesia de Inglaterra.
Pedagogo, teólogo y defensor de la libertad
El volumen que ahora se publica bajo el nuevo sello de Nicodemo Ediciones incluye una carta a Felipe II, escrita en francés, en la que Del Corro cuenta cómo salió de Sevilla y pide al rey que ampare a sus súbditos protestantes. Para Monjo, “es una carta extraordinaria y, en cierto modo, una confesión de fe”: no pide que se imponga el protestantismo, sino que no se persiga a los protestantes “porque son buenos súbditos”. Se editó en Madrid a comienzos del siglo XX.
A ella se suman una hoja volante sobre el esquema de las obras de Dios y una carta a Casiodoro de Reina en la que pedía libros de autores anabautistas; según Monjo, esa carta, que abrió otra persona, “complicó muchísimo la vida” a Reina.
Ya en Inglaterra escribió un comentario a la carta a los Romanos, en latín, con una estructura que Monjo considera muy pedagógica: “Es como si un romano va a ver al apóstol Pablo a la cárcel y le empieza a hacer preguntas”, y esas preguntas son los capítulos de la carta.
Del Corro, subraya, “era un gran pedagogo”, hasta el punto de crear material para aprender francés. La edición incluye también una breve confesión suya para defender su condición de reformado ante las críticas que recibía.
Completa el volumen un comentario a Eclesiastés, que Monjo califica de “joya” por la erudición greco-latina del autor, a quien describe como “un humanista con un dominio extraordinario de la literatura griega y latina”.
Del Corro escribió sobre todo en latín, lo que Monjo atribuye a un criterio más humanista. A diferencia de él, Cipriano de Valera o Constantino Ponce de la Fuente escribieron en castellano pensando en que sus obras fueran leídas en España. Aunque parece que Del Corro no tuvo ese interés directo, sí se puede percibir en sus obras que confiaba en que la Reforma pudiera fructificar algún día en España.
Un interés que crece en Latinoamérica
Emilio Monjo lleva muchas décadas trabajando para la recuperación de la memoria de la Reforma española. Afirma que “ahora hay interés” por este periodo, especialmente en Latinoamérica. A su juicio, el cristianismo que llegó allí en el pasado no incluía la historia de la Reforma, y hoy las iglesias latinoamericanas tienen la oportunidad de conocer la Reforma europea en general y la española en particular. El quinto centenario del nacimiento de Del Corro, en 2027, le parece una buena ocasión para ello.
El interés también se nota en el ámbito universitario, donde a lo largo de los años ha habido muchos especialistas que han realizado un gran trabajo de recuperación de textos, así como estudios biográficos, sociológicos y teológicos que permiten ahondar en esta materia. Monjo destaca el trabajo del catedrático Ignacio García Pinilla, de la Universidad de Castilla-La Mancha, a quien describe como “un autor extraordinariamente honesto y una pieza fundamental para nuestra Reforma”. García Pinilla trabaja ahora en la edición de un documento inédito de Del Corro escrito en Londres.
Monjo espera que este libro que recoge la obra de Antonio del Corro sirva a iglesias, pastores y grupos para organizar charlas y reuniones, y subraya que los reformadores españoles, aunque no formaron una iglesia estable en el exilio, dejaron un fruto por escrito que ha trascendido. “Quedaron solos y en sus obras vemos el poder de nuestro Dios de una manera extraordinaria”, concluye. Con el quinto centenario como horizonte, habla de “un tiempo hermosísimo para aprender, para unirnos, para reflexionar y para animarnos”.
La presentación será el jueves 29 de octubre, a las 19:00 h, en el Auditorio de la Casa de la Cultura de Santiponce. La entrada es libre hasta completar aforo. El acto está organizado por el CIMPE, la Delegación de Cultura y la Biblioteca de Santiponce, la asociación Amigos del Monasterio y Nicodemo Ediciones.
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