Félix Fontanet: el legado de un fecundo evangelista personal

Su legado se puede resumir en una frase: fue un pastor muy querido y un gran evangelista personal

30 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · 19:00

Félix Fontanet y su esposa Paquita,Félix Fontanet
Félix Fontanet y su esposa Paquita

A la edad de cien años Félix Fontanet ha sido llamado hoy por el Señor a la Patria Celestial. Don Félix, como se le conocía, ha entrado ya por “los portales de esplendor” y puede decir con toda propiedad “descansaré contigo al fin en gloria” como cantamos en un himno precioso, “Descanso en ti”.  

No es fácil resumir la vida y la obra de alguien con quien te unen lazos familiares. Con Félix, padre de mi esposa Marta, y con su querida esposa Paquita he compartido lazos muy estrechos durante muchos años. Esta cercanía me ha permitido conocerle bien no sólo como siervo del Señor, sino también en la intimidad de la vida familiar. Esta misma cercanía es la que hace un poco más difícil encontrar las palabras adecuadas en esta hora de sentimientos mixtos.  

Podría decir muchas cosas de un hombre que vivió su adolescencia y juventud en medio de las peores consecuencias de la Guerra Civil, tuvo que ganarse la vida trabajando en las minas de carbón y abrió camino para él y sus hermanos en medio del hambre que asolaba España. Todo ello queda reflejado en sus propias memorias.

En este momento de recuerdo yo me centraré en lo que Félix ha significado para la obra de Dios en España. Su legado se puede resumir en una frase: fue un pastor muy querido y un gran evangelista personal.  Éstos serían para mí los rasgos más descollantes de su ministerio.

Félix fue un hombre de una gran visión misionera unida a un celo excepcional por compartir el Evangelio. Siempre decía que su “púlpito” era la calle. Su actividad preferida era salir a repartir folletos; lo hizo de manera incansable buscando el contacto personal que le permitía dar un testimonio más amplio.  

Algunas anécdotas son muy reveladoras del carácter decidido y valiente de D. Félix en su esfuerzo misionero. Siendo pastor de Lérida dedicaba su día de descanso, los lunes, a ir a evangelizar a Zaragoza; ¡el trayecto de ida y vuelta lo hacía en autostop subido en los camiones!

El Señor bendijo en abundancia este celo misionero. La iglesia en Zaragoza que empezó literalmente desde cero con su esposa Paquita y sus hijas creció de forma extraordinaria y llegó a ser un faro de testimonio en la ciudad.

También dejó huella en las otras iglesias que pastoreó, Castellón y Lérida y en su etapa pionera en Pamplona. En todas ellas su corazón pastoral y su cercanía se resumía en una frase: “El pastor tiene que oler a oveja”.

Una de las características más llamativas de D. Félix es el gozo que siempre iluminaba su cara. Este “rostro iluminado” lo he podido ver no sólo en su ministerio sino también en la vida de familia. Siempre encontraba motivos para alabar y gozarse en el Señor fomentando en su hogar un ambiente de alabanza y gozo.

Según su propio testimonio, este gozo arranca de la profunda experiencia espiritual que vivió a principios de los años 70 con el movimiento de renovación carismático. Félix transmitió esta vivencia a la iglesia en Zaragoza llevando a la congregación a vivir una época de gran bendición y crecimiento.

La vida y el ministerio de Félix son un hermoso ejemplo de la gracia de Dios en acción. Félix Fontanet nos deja un legado valioso, la mejor herencia posible: una vida consagrada de forma muy generosa a la causa del Evangelio y un ejemplo de esfuerzo, valentía y confianza en el Señor Jesús, su fuente de fortaleza. Damos muchas gracias a Dios por este legado inspirador.

Concluyo como creo que a él le gustaría citando uno de sus versículos favoritos que fue el lema de su 100 aniversario celebrado hace seis meses:

“Por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no ha sido en vano para conmigo” (1 Cor. 15:10)

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