Derecha y evangélicos: por un apoyo condicional, no total

Los primeros cristianos eran desafiantes progresistas para el establishment, igual que muchos de los grandes movimientos reformadores cristianos de la historia.

Evangélico Digital · 30 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · 12:00

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Geralt, Pixabay

Rompiendo paradigmas (*)

¿Cuál es el objetivo de mi presentación? Me parece bien que evangélicos voten a un partido de derecha, militen en un partido de derecha, o asuman responsabilidades en un gobierno de derecha, como actualmente en Colombia. Pero nuestro apoyo a la derecha no debe ser esencial, no forma parte inequívoca de nuestro sometimiento al Señor; debe ser condicional. Ese apoyo no condiciona nuestro pensamiento político; es nuestro pensamiento político el que debe condicionar nuestro apoyo a la derecha, y ese apoyo no es integral, sino selectivo.

Para ello, es necesario que antes definamos los principios de nuestro pensamiento político desde la Biblia. Es la tarea fundamental que tenemos pendiente.

Y si tuviese que hablar de la izquierda, diría exacta y literalmente lo mismo.

 

¿Conservadores o progresistas? ¿Qué hemos sido desde la Iglesia primitiva?

Hch 17.6: Estos que trastornan el mundo entero, también han venido acá”, clamaron en Tesalónica ante la llegada de los cristianos. En términos políticos, los cristianos hacían una enmienda a la totalidad. Alguno aducirá que no tenían un posicionamiento político, pero lo cierto es que su cosmovisión era un desafío al poder político; así quedaba claro para la sociedad de Tesalónica: “contravienen los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús”.

Y tenían razón. Y además desafiaban la esencia del sistema social del imperio romano, la esclavitud, y proponían una relación entre amo y trabajador rompedora del sistema establecido: “vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas” (Ef 6.9).

Ser conservador es defender el sistema establecido. Los primeros cristianos ¿defendían el sistema establecido? ¿eran conservadores? Para el establishment eran desafiantes progresistas. 

Desde entonces así nos hemos mantenido hasta hace poco: Los valdenses, antecesores de la Reforma protestante, desafiaron al poder político y religioso establecido y reclamaron la responsabilidad de cada creyente, hombres y mujeres por igual y por eso fueron perseguidos. No parecían muy conservadores.

El movimiento de Jan Hus puso la Biblia a disposición del pueblo y se levantó contra el imperio de los Habsburgo en defensa de sus libertades. No eran precisamente conservadores.

Martín Lutero desafió al poder político y religioso en Worms: “Mi conciencia está ligada a la Palabra de Dios”. Y, como dicen pensadores no evangélicos, allí, con aquella confrontación radical frente al sistema establecido, nació el sistema democrático occidental. ¿Fue aquel un movimiento conservador? Fue definitivamente progresista.

¿Y qué más diría del calvinismo, que tuvo su desarrollo en el presbiterianismo y el puritanismo? John Knox dirigió un movimiento nacional que destituyó a la reina María de Escocia. La Revolución Gloriosa en Inglaterra reclamó igualdad de derechos y libertades sociales y destituyó al rey, la Revolución Americana estableció desde principios bíblicos la primera sociedad institucionalmente democrática frente al imperio británico. ¿Lo hicieron desde el conservadurismo o desde el progresismo?

¿Y Wilberforce? ¿Y Martín Lutero King? ¿Y Desmond Tutu? Sus movimientos políticos profundamente liberadores ¿fueron conservadores o progresistas? ¿Y a quién tenían enfrente? A los conservadores. ¿De qué lado nos pondríamos si viviésemos en los tiempos de cada uno de ellos? ¿De los progresistas o de los conservadores?

Desde la Iglesia primitiva hemos venido desafiando consistentemente al poder establecido para transformar nuestras sociedades tomando como referencia los valores del Reino de Dios, trayendo liberación religiosa, social y política. Desde la Iglesia primitiva hemos venido siendo punta de lanza del progreso.

¿Por qué renunciamos ahora a esta tradición progresista liberadora?

 

¿Qué nos ha pasado en las últimas décadas?

Hemos renunciado a nuestra identidad como promotores de progreso y les entregamos la bandera del progresismo a tiranos impresentables como Castro, Ortega, Maduro, Chávez o Evo Morales. Les reconocimos como adalides del progresismo. Y cometimos otro error peor: no supimos confrontarlos directamente y nos refugiamos para hacerlo en el bando de los enemigos de esos tiranos, en la derecha conservadora y, al hacerlo, nos tragamos todo el catecismo entero de esa derecha sin discriminar lo que tiene fundamento bíblico y lo que no. ¿Cómo hemos podido ser tan ingenuos?

La derecha nos ha conquistado vendiéndonos Vida y Familia, y con eso nos hemos enamorado ciegamente, acríticamente de ella. Imagina que necesitas comprar un carro. Un amigo te recomienda que elabores una lista de características, que pongas arriba las que más valor les das, pero que no te quedes con dos datos, sino que analices todos en conjunto. ¿Les parece razonable?

Bien. Tu amigo te ayuda a elaborar esa lista: precio de compra, facilidades de financiación, coste de mantenimiento, tipo de combustible, consumo, potencia, seguridad, espacio interior, etc. Y entonces te plantas y le dices: “Olvídate de esa lista. Yo sólo me voy a fijar en el precio de compra y en las facilidades de financiación.”

¿Sería sabio? Es probable que acabes con un coche barato y malo, pagando al final mucho por él aunque en cómodos plazos, con elevados costes de mantenimiento y gasto de combustible, con un mal motor, poco seguro, con muy poco espacio interior. Pero meterás la llave en la puerta del carro y te irás feliz: “Este es mi coche. No hay ninguno mejor”.

¿Entienden la parábola? Eso es lo que hemos hecho con la derecha.

La derecha nos ha vendido Vida y Familia y nos hemos entregado acríticamente a ella sin evaluar el resto de su programa. ¿Cuál es su posición en Justicia Social, Economía, Política Fiscal, Desarrollo Agrario, Organización Territorial, Política Sanitaria, Relaciones Laborales? ¿Estamos seguros de que las propuestas de la derecha en todas estas áreas son las que se ajustan a la cosmovisión bíblica? ¿Las hemos estudiado a la luz de la Palabra para poder responder a esta pregunta fundamental? No. Nos hemos tragado el catecismo entero de la derecha sin cuestionarlo. Hemos comprado el coche fijándonos en sólo dos cosas: Vida y Familia.

Y, como hooligans, nos pusimos en primera fila para gritar: “¡Rechazamos el progresismo porque el progresismo es aborto, es matrimonio homosexual, es derechos!” Y nos definimos bravamente como anti-derechos y anti-progresistas. ¡Qué torpeza! Nuestros hermanos que nos precedieron, esa grande nube de testigos, fueron siempre la gente de los derechos y del progresismo y nosotros nos hemos convertido a la oposición a ellos.

Era tan fácil haber clamado: “El matrimonio homosexual no tiene nada de progresista y el aborto no es un derecho ¡Nosotros somos la gente del progresismo y de los derechos!”. Pero preferimos escudarnos en la seguridad de la derecha.

Y lo peor es que buena parte de la derecha no se arriesgará al final a defender con firmeza la posición ante Vida y Familia si con eso se juega las próximas elecciones. Piñera en Chile y Fernández en Argentina son buena prueba de ello. Linda nos acaba de recordar que la opositora de la derecha en Venezuela defiende el matrimonio homosexual. La última vez que subió al poder la derecha en España lo hizo con el compromiso de cambiar profundamente la Ley del Aborto. Tuvo mayoría absoluta y no cambió ni una coma, y cuando el ministro de Justicia quiso hacerlo, el presidente Rajoy le obligó a dimitir.

No sean ingenuos, hermanos. No entreguen un cheque en blanco a la derecha. Déjenles claro que su apoyo no es esencial e integral, sino es condicional, dependiendo de si cumplen en la práctica o no con los valores que defendemos.

Ro 12.2: No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. No os conforméis a la derecha o a la izquierda, sino transformaos mediante la renovación de vuestro entendimiento para que comprobéis cuáles sean los fundamentos bíblicos de vuestro pensamiento político.

No nos conformemos con comprar el coche en función de dos criterios. Examinemos todo el espectro de la actividad política y evaluemos todo el programa de cada partido, no sólo Vida y Familia. Hagámoslo con la Biblia en la mano. Cuando lo hagamos, descubriremos que ni la derecha ni la izquierda cumplen integralmente en cada apartado con la cosmovisión bíblica. Y eso no nos llevará al centro ni a inhibirnos, sino a un apoyo selectivo a cada propuesta de cada partido, de un lado y de otro.

Cuando nuestro apoyo no es selectivo y crítico, sino absoluto y ciego, dejamos de aportar la sal del Evangelio a nuestra sociedad porque no ofreceremos a la vida política nada diferente de lo que ya ofrece cualquier militante de derecha o de izquierda.

Vamos a continuación a analizar dos ejemplos relevantes que van más allá de Vida y Familia. El capitalismo y el libre mercado. Pero esto lo veremos en el siguiente artículo.



Notas

(*) Ponencia dada por el autor en el encuentro "Diálogos Continentales" (31/08/2026) organizado por el Congreso Iberoamericano por la Vida y la Familia con el título de “Rompiendo paradigmas, ni derecha ni izquierda; un análisis de la derecha”.

 

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Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Ollada galega - Derecha y evangélicos: por un apoyo condicional, no total