Cada 5’ se rompe un matrimonio en España

Uno de cada 7 matrimonios hace agua antes del 5º aniversario. Otros países vislumbran un grave problema social en la baja nupcialidad y la fragilidad de las parejas. En España aún no. 

La Vanguardia · MADRID · 03 DE OCTUBRE DE 2016 · 20:00

Hay siete rupturas por cada diez matrimonios (PhotoAlto/Odilon Dimier / Getty),matrimonio, divorcio
Hay siete rupturas por cada diez matrimonios (PhotoAlto/Odilon Dimier / Getty)

Cada cinco minutos se rompe un matrimonio en España, país con la tasa más alta de Europa en rupturas y con la más baja en nupcialidad. Uno de cada siete matrimonios hace agua antes del quinto aniversario. Hay siete rupturas por cada diez matrimonios. Son cifras del último informe sobre nupcialidad y ruptura del Instituto de Política Familiar (IPF) elaborado con datos del Instituto Nacional de Estadística.

Una realidad con diferentes lecturas. Vanesa Fernández López, psicóloga del Instituto de Psiquiatría Martínez Campos y profesora de la Universidad Complutense de Madrid, considera que esas cifras son reflejo “de un cambio social, con ciudadanos individualistas, con menos dependencia económica, poco tolerantes, ansiosos por encontrar la pareja perfecta y conscientes de la facilidad que hoy tienen para conocer a nuevas personas”.

Esta experta en el estudio de las emociones considera, por lo tanto, que lo único que pasa es que “cada día aguantamos menos”.

Recalca que en la actualidad “se hace muy poco para intentar reflotar una relación y al primer síntoma de que la cosa no va bien se busca ya una salida”.

Según Arantxa Coca, psicopedagoga familiar experta también en terapia de pareja ese elevado número de rupturas revela impulsividad a la hora de casarse o iniciar una relación seria de convivencia y el paso de ruptura genera, sin duda, frustración entre aquellas personas que han pasado por el matrimonio.

Para Eduardo Hertfelder, presidente del Instituto de Política Familiar (IPF), esas cifras son el reflejo “de uno de los principales problemas de las familias españolas”. Aunque lo que más le preocupa, con independencia de las estadísticas, “es que estamos hablando de dramas familiares, de fracasos personales, desgarros humanos... Nunca hay que olvidar que detrás de cada persona que se divorcia hay un conflicto por resolver y un drama familiar”.

 

CAUSAS: INMADUREZ, IMPACIENCIA, INTOLERANCIA

Lo que pasa en la actualidad es que las parejas toman con mucha más rapidez una decisión, cuando la cosa empieza a torcerse, insiste Vanesa Fernández. Esta psicóloga achaca ese cambio de conducta al hecho de que “en estos momentos tenemos poca espera con todo y eso repercute también en las relaciones. Esperamos que la convivencia con la pareja funcione al ciento por ciento, algo prácticamente imposible. Y si no se cumplen estas expectativas nos cuesta mucho menos que años atrás dar el paso y plantear la ruptura”.

¿Habría, pues, que aguantar más? “El planteamiento –indica Eduardo Hertfelder – no estriba en si se debe aguantar más o menos cuando hay una crisis matrimonial. Deberíamos plantearnos otra pregunta: ¿no sería mejor favorecer la reconciliación matrimonial como un preciado bien, que evitaría toda una serie de graves daños colaterales de los que todos nos lamentamos? Pues mientras en otros países se empieza a admitir que el descenso de la tasa de nupcialidad y la fragilidad de las parejas es un grave problema social, en España todavía no se ha dado ese paso”.

El presidente de IPF insiste en que, en vez de favorecer la cultura de la ruptura, habría que fomentar la cultura de la reconciliación. Critica, por otro lado, que ahora “sea más fácil divorciarse que ­darse de baja en una compañía telefónica”.

Arantxa Coca considera, por su parte, que la relación debe acabar “cuando ya no hay amor” Y sólo habría que dejar abierta la puerta a la reconciliación si después de un episodio que nos decepciona o enfada mucho “queda todavía algo de esa llama inicial”.

Y comparte con Vanesa Fernández el hecho de que ahora “tenemos la piel mucho más fina y eso ha hecho aumentar los niveles de ofensa y de exigencia con la pareja”.

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