Refidim, lecciones de la victoria espiritual
Finalmente, volviendo nuestra vista al monte donde oraba Moisés, vemos que sus manos ya no están levantadas; Amalec ha sido derrotado y el sol se está poniendo.
25 DE MAYO DE 2012 · 22:00

Esta alegría también la hemos experimentado nosotros algunas veces. Bajo el peso de una necesidad o angustia grandes hemos buscado a Dios y hemos orado largo rato, hasta que una paz profunda y grande inundó nuestro corazón. Era la seguridad de que la victoria había sido ganada, de que el Señor había dado el triunfo.
MANOS CONSTRUYENDO UN ALTAR
Pero Moisés no baja sus manos para la inactividad, sino que inmediatamente construye con ellas un altar
Y lo llama “Jehová-nisi”, que significa “Jehová es mi estandarte”, porque durante toda la batalla se gozaba del triunfo mientras que las manos permanecían levantadas a Dios. Y levantando este altar, Moisés da a Dios toda la gloria y la honra por la victoria conseguida; de manera que, él ve el mérito en Dios mismo y no en su oración.
Allí donde el Señor nos conceda la victoria no nos olvidemos de levantar un altar donde podamos ofrecer a Dios sacrificios de alabanzas.
MANOS ESCRIBIENDO UN LIBRO
@MULT#IZQ#51214@La lucha y la victoria contra Amalec revisten tal importancia y significado que Moisés recibe de Dios la orden de registrar en un libro el conflicto con Amalec y sus resultados y conclusiones. El propósito de esta memoria histórica consiste en fortalecer la confianza de Israel en la ayuda de su Dios a la hora de enfrentar las guerras contra todos sus enemigos.
La guerra de Amalec contra Israel reviste una significación especial. No se trata de una clásica guerra entre pueblos por la disputa de tierras o riquezas, se trata de una guerra espiritual, pues Amalec levantó la mano “contra el trono de Jehová”, es decir, combatió los propósitos divinos de salvación para con la humanidad. Propósitos que Dios había decidido realizar por medio de Israel y sólo por medio de este pueblo.
Amalec constituye, pues, un peligro mortal para Israel, por eso determina Dios su destrucción. La relación con los amalecitas fue siempre nefasta para el pueblo de Dios. Saúl, el primer rey de Israel escogido por el Señor, fue desechado y desprovisto de su trono por no haber destruido por completo a los amalecitas (1 Samuel 15); más tarde el último amalecita que aparece en la Biblia es Amán, otro enemigo mortal de Israel que perseguirá la extinción del pueblo de Dios en el exilio babilónico (Ester 3:1; Números 14:45).
Amalec es, como su padre Esaú, la persona sin sensibilidad espiritual, sin ningún aprecio a la bendición que procede del Dios de los padres y sin ninguna comprensión del significado de Israel en los planes divinos de redención para con la humanidad. Sus propósitos serán siempre frustrados porque Dios quiere bendecir a toda la humanidad, y para eso se ha valido y se valdrá tanto de Israel como de la Iglesia (Romanos 11:15; Mateo 16:18).
(*) Los artículos de esta serie se corresponden con un extracto del libro del mismo nombre y autor (Montes escogidos, Félix Gonzáles Moreno), donde además acompañan el final de cada capítulo preguntas que lo hacen útil como herramienta para el estudio en grupo. Quien desee adquirirlo puede escribir a [email protected]
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