Soli Deo Gloria
El dolor no lo podremos evitar, pero sí podemos evitar que el dolor pase a ser una experiencia eterna.
03 DE OCTUBRE DE 2026 · 21:00
“El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén” (1ª Pedro 5 :10-12).
A Dios sea la gloria. ¿Por qué? Porque nosotros, pecadores, no merecemos más que el castigo eterno. Vivimos en una creación caída y Cristo confirmó que “en el mundo tendréis aflicción” (Juan 16:33b). Muchos, desgraciadamente culpan a Dios por ello pero la Palabra de Dios responde con una pregunta que debiera hacernos reflexionar: “¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado” (Lamentaciones 3:39). Pero Dios no quiere que nos quedemos allí sin más, lamiendo nuestras heridas y punto. No, nos llama a Su gloria por medio de Cristo. El dolor no lo podremos evitar, pero sí podemos evitar que el dolor pase a ser una experiencia eterna. Me explico:
Para un creyente, el mundo es lo más parecido al infierno que experimentará. Pero, para un incrédulo, el Mundo es lo más parecido al Cielo que experimentará.
Actualmente, disfrutamos de cosas buenas de parte de Dios. Las damos por sentadas pero ¿te das cuenta que respiras aire, disfrutas de un bello amanecer, cae lluvia que riega nuestras cosechas, dispones de un ecosistema apto para la vida, etc.? Todo eso es un regalo de Dios:
“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto” (Santiago 1:17).
Sí, a Dios sea la gloria. Pero, no solo por Su paciencia para con los pecadores aquí y ahora, sino porque también intenta rescatar a cuantos sea posible para que disfruten de una eternidad en Su presencia. Y nos dice como hacerlo por medio de Su Palabra, la Biblia:
“El Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo” (1ª Pedro 5:10).
Te sigue llamando para que puedas pasar tu eternidad en el Reino de los Cielos. Y te dice que la única forma de hacerlo es por medio de Jesucristo:
“Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6).
Solo es por gracia, o favor inmerecido de Dios, que perdona a los pecadores porque Jesucristo pagó por los pecados de ellos. ¿Acudes en confianza a Su llamado apartándote del pecado o no? Eso espero. Si no, en esta ocasión la Palabra de Dios te llama a reflexionar con una advertencia:
“No te impacientes a causa de los malignos, ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. Porque como hierba serán pronto cortados, y como la hierba verde se secarán” (Salmo 37:1-2).
Yo que tú, seguiría las instrucciones de esa carta de amor que es la Palabra de Dios. Así, podrás estar entre aquellos que entonarán por la eternidad el cántico cuya letra tenemos en Apocalipsis 4:11:
“Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.
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Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Pensamientos - Soli Deo Gloria