La renovación espiritual no debe imponerse nunca

Decía Bonhoeffer que quien ama su sueño de comunidad cristiana más que a la comunidad cristiana real se convierte en destructor de esa comunidad, por más sinceras, serias y abnegadas que sean sus intenciones personales.

27 DE AGOSTO DE 2025 · 09:00

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Hace algunos años tomé el libro titulado “40 días con  Dietrich Bonhoeffer” y abriéndolo al azar leí en la página 95, lo siguiente:

“Toda imagen humana idealizada que se introduzca en la comunidad cristiana impide la auténtica comunión, y debe ser aniquilada para que la comunidad pueda vivir verdaderamente. Quien ama su sueño de comunidad cristiana más que a la comunidad cristiana real se convierte en destructor de esa comunidad, por más sinceras, serias y abnegadas que sean sus intenciones personales… Quien sueña con una comunidad ideal pretende que sea realizada por Dios, por los demás y por él mismo, entra a formar parte de la comunidad de cristianos con sus pretensiones, establece su propia ley, y juzga según esta ley a los hermanos y a Dios mismo.”

Es interesante lo que dijo Bonhoffer y, desde luego, tiene dos lecturas, una buena y otra no tan buena. En relación con la primera, puedo traer a la memoria algunos casos en los cuales fue así como dice el mencionado autor. Pongo por ejemplo que por la década de los años sesenta del siglo pasado, en un gran sector del pueblo evangélico de muchos países, muchos creyentes hartos de la sequedad que vivían en sus iglesias y denominaciones, “descubrieron” en la Biblia lo que llamaron el discipulado. Lógicamente, ese énfasis trajo mucho de bueno a sus iglesias mientras que lo vivieron de manera natural, con gozo y agradecimiento al Señor, pero sin la pretensión de imponerlo a los demás. No fue así en otros casos, en los cuales las relaciones entre los miembros de muchas comunidades se rompieron, debido a esa actitud que señala Bonhoeffer de parte de los “renovados”. La razón es que amaban “su sueño de comunidad cristiana más que a la comunidad cristiana real…”  

El problema se agravó en muchas comunidades, cuando al sistema del discipulado se le añadió un concepto de autoridad no bíblico, que aunque ayudaba a mantener cohesionado el grupo por un tiempo, causó mucho daño a sus miembros. Dicho concepto de autoridad permitía a los líderes de aquellos grupos mantener el control de sus miembros por medio de abuso de autoridad aun en asuntos personales los cuales no eran de su incumbencia. Pero los que no se “sujetaban” al líder eran tachados de “rebeldes” y “carnales”. Con el tiempo ese concepto de autoridad espiritual puesto en práctica, dañó a  mucha gente que se retiraron para no querer saber nada de “ningún grupo establecido”. Y es que, cuando no se entiende ni se aplica algo bueno como se debe, siempre termina por perjudicar a parte de los implicados. De ahí lo afirmado por D. Bonhoeffer: “Se convierte en destructor de esa comunidad, por más sinceras, serias y abnegadas que sean sus intenciones personales…”

Luego, y por aquel tiempo, algunos fueron un paso más allá. Fue cuando se “descubrió” que en el libro de los Hechos de los Apóstoles los cristianos de esos primeros días de la Iglesia en Jerusalén “vivían en comunidad”. Así que muchos decidieron que el “ser verdaderamente discípulos de Cristo”, contemplaba el vivir los creyentes en comunidad. Unos compraron fincas y otros, casas grandes; lo importante era “ser capaces de renunciar a lo suyo propio” y compartirlo con los demás. Por los años setenta, hubo algunos intentos en algunas partes del campo evangélico que asumieron esa forma de vida. Y entre ellos también los hubo que miraban de reojo a aquellos que no seguían tal “ejemplo apostólico”. Pasado el tiempo, nada quedó de aquello; todo se difuminó y tal y como vino, se fue. Pero que nadie se engañe; los resultados de estos “enfoques” y prácticas “espirituales” se cobra bastantes víctimas, pues casi siempre dejan mucho desengaño, frustración  y dolor en muchos de los que  participaron en ellos. Por lo cual tenemos que seguir recordando las palabra de Bonhoeffer: “Se convierte en destructor de esa comunidad, por más sinceras, serias y abnegadas que sean sus intenciones personales…” dado que en muchos casos, no es que los que fueron de alguna manera “encandilados”  volvieran a lo que antes practicaban, sino que dejaron la fe de forma definitiva, para vivir “su vida”.

Por mencionar un caso más (¡de tantos y tantos!) hubo un tiempo que algunos vinieron con la idea de implantar lo que habían leído de los escritos de Witnes Lee, oriundo de la China. Witnes Lee salió después de la llegada del comunismo y se afincó en los EEUU de América. Muchos siguieron  su concepto sobre “La Iglesia Local”. Esa idea consistía en que había que rechazar toda denominación y nombre denominacional y solo aceptar el concepto bíblico de “iglesia local”: Una iglesia en una ciudad, tal y como leemos en el Nuevo Testamento, en el cual los escritores bíblicos se dirigían “a los santos” en la ciudad de Corinto, de Roma, de Filipos, de Tesalónica, etc., etc.  

Así que a partir de ahí había que rechazar a los grupos denominacionales buscando la unidad práctica de todos. La idea era “bonita” y suele “enganchar” a muchos que no comprenden el tema denominacional dentro de su contexto histórico. Así que muchos creyentes comenzaron a salir de sus iglesias y reunirse acorde con “la nueva visión”.  Pero en su acción arrastraron a muchos miembros de sus iglesias. Sin embargo como suele pasar siempre con los “alumbrados” -o, “iluminados”- la actitud que tenían así como los métodos usados, fueron tan nefastos que el bien que perseguían se convirtió en mal: División de iglesias, familias, amistades rotas, etc., con el consecuente mal testimonio. Pasado un tiempo de aquella “gloria” descubierta e ilusión en la nueva visión eclesial (estas cosas/“modas” no suelen durar mucho) lo que suele causar en la mayoría es desengaño, frustración y abandono de la fe. Parece que no aprendemos de la historia.

Pero lo que muchos no sabían es cuál era el origen de esa visión de la llamada “Iglesia Local”. Dicha visión tenía sus raíces en el libro de Watchman Nee, titulado: “La Iglesia Cristiana Normal”. En dicho libro el hermano Nee plasmó la visión de la Iglesia desde el punto de vista del Nuevo Testamento. Allí decía lo que para todos es evidente: En una ciudad había y hay solo una Iglesia[i]. Claro, pero entonces no había denominaciones de ningún tipo y nadie decía seguir a ningún líder en particular, excepto que eran guiados por las enseñanzas de los Apóstoles. Lo de seguir a hombres o grupos de hombres, fue condenado por el Apóstol Pablo de forma clara y tajante (1ªCo.1.10-17; 3.1-8). Pero en el libro mencionado, para nada aparece algún estudio de carácter histórico tratando de comprender el hecho denominacional y cómo enfrentarlo.[ii] Entonces, es mucho y bueno lo que se aprende del libro La Iglesia Cristiana Normal, de Watchman Nee (como en todos los demás, suyos). Pero dado el panorama histórico denominacional del mundo protestante y la dificultad de aplicar la visión que plasmaba en su libro, en la introducción al mismo él hizo esta advertencia:

“Una de las oraciones que he ofrecido en relación con este libro es que el Señor lo aleje de aquellos que se oponen y que lo utilizarán como un mapa para el ataque y también de aquellos que están de acuerdo con él y lo usarían como un manual para el servicio. Temo más a estos últimos que a los primeros (1964. Prólogo, P.4. Énfasis mío)

La parte que está en cursiva pone de manifiesto lo que suele suceder cuando alguien “descubre” algo que es bueno o que creyendo que es bueno trata de imponerlo a los demás con más pasión y celo, que con sabiduría. Lo que el hermano Watchman Nee no sabía -¡Ni se lo esperaba!- era que sería su compañero de ministerio Witnes Lee el que, una vez que salió de la China comunista, y estando en un contexto totalmente diferente al suyo, como es Estados Unidos de América, él trató de enseñar y aplicar “la visión” de Watchman Nee plasmada en su libro, “La Iglesia Cristiana Normal” sin ninguna otra consideración. Lo demás es historia, y sobre lo cual ya he mencionado algo más arriba; y por cierto, en muchos casos bastante triste.

Podríamos seguir con muchos ejemplos, pero baste los mencionados. Dietrich Bonhoeffer tenía razón en lo que dijo y, ciertamente, cuando se descubre un espíritu así, con el deseo de imponer su visión sobre los demás, alegando una visión "más bíblica”, que estaría dentro de un supuesto “mover nuevo del Espíritu”… “debe ser aniquilada para que la comunidad pueda vivir verdaderamente”. Dicho de otra manera, es mejor desestimar aquella supuesta “renovación”.  

Pero decíamos al principio que las palabras de Bonheffer tienen dos lecturas. La otra lectura es que siendo verdad lo que decía el pastor mencionado, también podrían usarse sus palabras para enmascarar la condición enferma de una comunidad que se resiste a toda renovación espiritual que traería un cambio sanador, tan necesario como urgente. Entonces, sería tarea de los líderes de las comunidades, estar más atentos a las indicaciones del Espíritu Santo, con la finalidad de que ningún intento de renovación por parte del Señor, sea vea frustrado. Por tanto se hace necesario ser humildes ante la dirección del Señor para que toda renovación que viniere de Él, sea bien recibida por todos; aunque esto último no siempre sucede, pues podría darse el caso de que algunos no estén de acuerdo con la supuesta renovación e incluso se opongan a ella.

Pero por otra parte, también hemos de entender que no se puede llamar renovación a lo que no lo es; pero aquella que pudiera venir de parte de Dios, nunca debería imponerse por la fuerza ni llevar a aquellos que son protagonistas de ella a juzgar a sus hermanos, a romper con ellos y/o a promover divisiones. Todo lo cual sería contrario a la intención de Dios cuando trae una verdadera renovación espiritual a su pueblo. Lo que hagan los que se oponen a toda renovación espiritual, por medios carnales y motivados por intereses espurios, deberíamos dejarlo al juicio del Señor. Quiero decir que cualquier cosa negativa que ocurra en torno a una auténtica renovación espiritual dada, que la protagonicen aquellos que no la desean y se oponen a ella; pero no aquellos que son objeto de la misma y la han recibido y abrazado con gozo y gratitud al que la produjo: el Espíritu Santo de Dios.

 

Notas

[i] Eso es cierto desde el punto de vista general. Es decir la Iglesia del Señor en Roma (o en cualquier otra ciudad) era una; eso, independientemente de que luego se recoociera que había grupos en casas particulares a los cuales también se les reconociera como “iglesia” (Ver Ro.16.5 y sigtes.)

[ii] Llevaría mucho tiempo y espacio el hablar sobre la experiencia de Watchman Nee y los demás ministerios en la China, en aquel tiempo, con los distintos misioneros de distintas denominaciones que llegaban, bajo la protección del Imperio Británico. Aquella “mezcla” de “imperialismo” con Evangelio en muchos casos era bastante chocante para muchos de ellos. Con la llegada del comunismo, pronto entrarían en otro tiempo del intento, en principio, de la fagocitación de las iglesias por parte del Estado; pero luego, de oposición, persecución, encarcelamiento, etc. Watchman Nee estuvo 20 años en prisión, desde 1952 hasta 1972, fecha de su muerte.

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