“Mi objetivo es dar a la gente algo que mejore su vida”

De Argentina a España, y de la banca a las peluquerías, Débora Bustamante descubrió que podía ayudar a otros “desde mi propia esencia e identidad”.

VALENCIA
08 DE MARZO DE 2024
13:15 CET
Débora Bustamante con su familia: su esposo, Javier Di Pietro, y sus hijos Valentino e Isabella.,
Débora Bustamante con su familia: su esposo, Javier Di Pietro, y sus hijos Valentino e Isabella.

Afincada en Valencia desde hace una década, Débora Bustamante Di Pietra afronta cada día como un nuevo desafío para servir. Con tres peluquerías en la zona, en un sector con un alto nivel de competencia, esta mujer valiente, argentina de origen, procura inculcar una visión atenta en cada aspecto del negocio.

Para ella es importante recordar sus valores. Criada en una familia sin muchos recursos económicos, luchó para formarse en economía, estudios que le permitieron trabajar en tres bancos en Argentina. El salto a España supuso enfrentar nuevos desafíos, en el ámbito personal, familiar y empresarial. “Se pone a prueba tu fe”, explicó a Líderes empresariales cristianos en una conversación donde reivindica una vida integral, en la que la práctica cristiana no se puede desvincular del trabajo que llevas adelante.

Débora Bustamante dirige actualmente un negocio de salones de belleza, Peluquerías Lupriett, que cuenta con tres establecimientos en la provincia de Valencia.

 

Pregunta. ¿Quién es Débora?

Respuesta. Tengo 48 años, vivo hace diez años en Valencia. Soy una persona muy valiente y arriesgada, ¡incluso peligrosa! Pero los planes que hemos ejecutado, incluso desafíos grandes como salir de un país y venir a otro, tiene que ver con una creencia muy fuerte, primero en quién soy, y quién soy en Dios.

Mi formación es como economista. En Argentina pude trabajar en tres bancos importantes, donde crecí mucho a nivel personal y espiritual, así como a nivel profesional.

Ahora tengo tres peluquerías en España, lo que comenzó como un “plan B”, pero que tiene mucho que ver con mi forma de ver la vida, de tomar un camino enfocándome en la excelencia, y abandonar la mediocridad.

 

“Aprendí a ver las dificultades como oportunidades”

P. Cuéntanos cómo te formaste y llegaste a ser quien eres.

R. Mi padre era pastor y evangelista en Buenos Aires. Éramos muy pobres, pero él me enseñó que querer es poder, y decir “no quiero” es decir “no puedo”. Eso es lo que soy. El hecho de haber desarrollado una fe complementada a la acción me lleva a lo que estoy haciendo. Si de niña me hubiesen dicho que llegaría a vivir una vida como la que tengo, saliendo de mi país, no lo hubiera creído jamás. Pero de esa situación de no tener, encontré la fuerza para desarrollarme y no ver las situaciones difíciles como límites, sino como oportunidades. Un “no” de la gente es un “sí” de Dios. Lo he vivido en muchas ocasiones.

 

P. Así que empezaste en Argentina, pero cuando das el salto a España ya no sigues en el sector bancario sino en algo muy distinto. ¿Cómo fue que se produjo este cambio en tu enfoque profesional?

R. Fue algo que vino de Dios. En una iglesia me convocaron para dar un taller de cuidado personal y de belleza para chicas adolescentes de una zona muy pobre de Buenos Aires. Así que yo empecé a preparar un material para enseñarles a peinarse, maquillarse, asearse, y amarse. Es ahí cuando nace Peluquerías Lupriett, en el corazón de Dios, porque yo no tenía una formación específica para este sector, pero sí que siempre tuve mucho interés por el cuidado personal. Encontré que podía ayudar desde lo que yo era, mi propia esencia, a otras personas.

“Peluquerías Lupriett nació en el corazón de Dios”

Muchos años después tuvimos nuestro negocio de peluquerías en España, pero incluso cuando abrimos el negocio fue una sorpresa porque veníamos, tanto mi marido como yo, de entornos de negocio muy distintos. En mi caso, de la banca, y en el de mi esposo, de la joyería. Pero son puertas que Dios abrió. Mis cuñados, que son peluqueros y vivían en Valencia, nos hicieron la propuesta de abrir salones de belleza con un enfoque nuevo, pensando en ser un espacio accesible para personas que tal vez no pudieran permitirse ir a una peluquería de lujo. Así que comenzamos con un enfoque accesible para jubilados, para niños, con planes familiares, pensando en ser un espacio abierto. Y así hemos seguido hasta hoy, momento en el que Peluquerías Lupriett cumple doce años y mantiene tres establecimientos.

 

P. ¿Cómo describirías la situación en el sector de salones de belleza?

R. Mi sentir es que es un negocio que tiene mucha oferta, y por eso no podemos quedarnos atrás. Hay mucha competencia, lo que nos obliga a estar formados y posicionados, y definir constantemente la esencia del negocio. Porque la gente viene a vivir una experiencia, no solo a cortarse el pelo. Así que hay que llegar a ese fondo: no solo queremos hacer una venta, sino que la gente pueda tener algo que mejore su vida. Ahí está el secreto. A veces si mirase alrededor me hundiría en la desesperación, pero esta dificultad hace que uno esté despierto. En mi experiencia, he comprobado que es necesario abrazar la dificultad, no pelearme con ella. Y pedirle a Dios que nos ayude en nuestra creatividad, en ser funcionales a los demás. Ese es uno de mis objetivos personales diarios.

“Mi objetivo es dar a la gente algo que mejore su vida”

Peluquerías Lupriett tiene tres establecimientos, en Paterna, Torrent y Burjassot.

“Quiero que las personas, más que una experiencia, se lleven un recuerdo”

P. ¿El factor humano es importante en tu negocio?

R. Trabajamos mucho en el trato personal. Queremos ser inspiradores, atentos, preguntar “¿cómo estás?”, decir “¡qué bueno que vuelvas a visitarnos!” La gente tiene que sentir este servicio cordial. Si uno plantea el negocio como la búsqueda de un cliente más, la persona no regresa. ¡Yo quiero ser una ‘peluterapia’! Quiero que las personas no solo se lleven una experiencia, sino un recuerdo de lo que somos. Eso tiene que ver con la cercanía, identificar la necesidad real de cada cliente.

 

P. ¿Estás atenta a las oportunidades que se te presentan para entrar en otros negocios?

R. En esto es importante la trayectoria. Nunca hemos tenido un problema con nuestros empleados. Somos cartas leídas, eso lo ven todos. Creo mucho en eso, cuido mucho el testimonio. Así que hay personas que nos conocen, amigos, que nos ven como confiables para hacer negocios juntos.

“Somos cartas leídas, eso lo ven todos. Cuido mucho el testimonio”

 En el mundo de los negocios hay muchas oportunidades, pero no siempre se encuentra a la persona adecuada, o el momento adecuado… Pero esto es la fe en acción: Dios nos presenta puertas, pero la cuestión es ser sabio para saber cuándo debe abrirse o cerrarse. Yo lo llevo siempre en oración a Dios. Le pido que si algo no es para nosotros, se cierre esa puerta. Siempre hay oración, la búsqueda de su voluntad.

 

P. ¿Percibes diferencias en el negocio entre Argentina y España?

R. Es muy distinto. En Argentina hay una posibilidad de crecer muy grande, porque cuando tienes capacidad y actitud, te exprimen. En España es algo más cuesta arriba, hay una mayor conformidad, no hay tanta ambición. En Argentina somos más lanzados al riesgo, en España estamos más acomodados. Pero es un desafío, porque no quiero conformarme. Pero no porque quiera más dinero, sino porque quiero llegar más lejos para ser de bendición a más personas.

 

P. Al enfrentar una crisis, ¿es importante saber tomar decisiones?

R. La fe se pone a prueba. Durante la pandemia sentí la corazonada de vender la casa. Era algo que no me dejaba dormir. Pero me di cuenta que era algo que teníamos que hacer, y en tres meses se pudo vender la casa y pudimos salvar los negocios. Los empleados no tuvieron que ir al ERTE porque pudimos seguir pagando incluso con los negocios cerrados. Me quedé sin casa, y empezamos de cero… Pero gracias a eso pudimos seguir adelante.

“Mi objetivo es dar a la gente algo que mejore su vida”

El gusto por el detalle, presente en cada trabajo de Peluquerías Lupriett.

P. Imagino que en este tránsito vital habrá sido importante tu familia.

R. Mi marido es el mejor compañero que puedo tener, una persona completa y capaz, Javier Di Pietro. ¡Es importante tener a la persona adecuada! Somos muy compañeros, y a la vez es bueno saber cuándo dejar los temas de negocio. Cuando entro a casa, no se habla más de las peluquerías o de los problemas que podamos tener en el trabajo: es el tiempo para estar en casa y poder hacer vida familiar.

Tenemos dos hijos: Valentino e Isabella, ambos estudiando en la universidad. Trabajé muy fuerte en que, cuando todavía eran preadolescentes, tuvieran un entorno sano. Nosotros llegamos a España cuando ellos tenían 10 y 12 años, y el mejor regalo de Dios para mí fue que pude enfocarme en ayudarles, poder estar presente en esa etapa clave. Durante cuatro años no trabajé en las peluquerías. Me tomé esos años de licencia para conectarme a mis hijos, y también para formarme. Hice un curso de colorimetría, quise formarme también en cuidados de la piel… Así puedo saber cómo atender a cada persona y ser capaz de dar respuesta a las necesidades que tengan.

 

“Cada mañana, pregunto al Señor: ¿a quién tengo que hablar? ¿a quién tengo que mirar a los ojos?”

 P. Has vivido muchos cambios en tu vida, ¿crees que tu situación está estabilizada?

R. No tengo idea de lo que me depara el futuro, pero el Señor lo sabe. Así como pensé salir de Argentina, no puedo decir que esté arraigada en Valencia. Sí que Dios nos ha permitido gestionar aquí un capital y un negocio, pero si eso cambia, nos adaptaremos. Cuando salgo por la mañana, pregunto al Señor: ¿a quién tengo que hablar? ¿a quién tengo que mirar a los ojos? Nuestro trabajo es nuestro ministerio. No van por caminos separados. A veces, en la iglesia antes nos decían que el exceso de trabajo era pecado. Pero no es así: en lo que nos preparamos, es donde Dios nos quiere usar, para que seamos una influencia positiva para los demás.

 

P. ¿Crees que los empresarios pueden aportar más al avance del evangelio en nuestro país?

R. Tengo muchos empresarios cristianos alrededor, pero no encuentro que sus motivaciones sean parecidas a las mías. Yo tengo una carga especial con las iglesias, porque veo que hay iglesias pobres, pero los cristianos en España no son pobres. La iglesia no tiene recursos, y es algo que me preocupa. Me preocupa que seamos exitosos, pero que las iglesias no tengan una economía saludable y próspera, o que no se desarrolle el don de la administración en el contexto de la iglesia. Estoy trabajando en la capacitación con algunas mujeres en mi iglesia, en un grupo llamado “Mujeres con propósito”. Nos reunimos una vez al mes para hablar de las bases cristianas para generar recursos, más allá de lo que tenemos. Espero que podamos desarollarnos en esta mentalidad: tenemos que tener un espíritu de excelencia, y que la iglesia pueda tener recursos para llevar adelante sus proyectos.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - La entrevista - “Mi objetivo es dar a la gente algo que mejore su vida”

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