El avivamiento que predicaba Jonathan Edwards, de Juan de la Cruz

03 DE AGOSTO DE 2023 · 20:40

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Un fragmento de “El avivamiento que predicaba Jonathan Edwards”, de Juan de la Cruz (Clie, año 2013). Puede saber más sobre el libro aquí.

Necesitamos avivamiento en muchas latitudes del mundo de habla hispana, ¡sin mencionar el resto del mundo!

Pero debemos hacer una pausa y reflexionar sobre lo que entendemos por avivamiento auténtico, y nadie, quiero decir nadie, ha pensado de forma más profunda y amplia que Jonathan Edwards sobre el concepto de avivamiento.

J. I. Packer, en su excelente trabajo A Quest for Godliness (El renacer de la santidad), en un capítulo titulado “Jonathan Edwards y el avivamiento”, afirmó: que los evangélicos en el pasado, mientras admiraban a Edwards, “le hicieron un triple daño”; y luego afirma “...este fue el peor perjuicio de todos, los admiradores de Edwards del siglo pasado pasaron por alto la contribución más original de Edwards a la teología: a saber, su elucidación pionera de la enseñanza bíblica sobre el tema del avivamiento”. 1

Edwards aclara su concepto de avivamiento cuando hace referencia a su oración de avivamiento: “... para que aparezca en su gloria, favorezca a Sion y manifieste su compasión al mundo de la humanidad, mediante una abundante efusión de su Espíritu Santo en todas las iglesias y en toda la tierra habitada, para avivar la religión verdadera en todas partes de la cristiandad, y para liberar a todas las naciones de sus grandes y diversas calamidades espirituales y miserias, y bendecirlas con beneficios indecibles del reino de nuestro glorioso redentor, y llenar toda la tierra con su gloria...” (énfasis mío) 2

Note especialmente su última frase. Edwards vincula el avivamiento con la gloria de Dios.

En efecto, el concepto de la naturaleza de la gloria de Dios es seminal y esencial a la teología de Edwards.

Una de las fortalezas del libro de Juan Carlos de la Cruz es un esfuerzo de presentar una comprensión orbital y completa de la teología de Jonathan Edwards.

Esto es especialmente de ayuda cuando se procura explorar la visión del famoso teólogo aquí en cuestión respecto al avivamiento y su relación con la gloria de Dios.

Juan Carlos hace su perspicaz comentario: John Piper, Desiring God y Crossway han hecho un trabajo loable en la difusión de Jonathan Edwards y sus pensamientos teológicos.

De hecho, Piper ha enfatizado casi a modo desproporcional lo que él entiende ser “la médula y la suma del pensamiento de Edwards”, a saber “la gloria de Dios y el disfrute de ella”; que en suma es simplemente un desarrollo teológico que toma la primera pregunta del catecismo de Westminster (el cual Edwards amó y elogió por encima de los demás), tomando la respuesta, con una leve variación, como el “centro neurálgico”, por decirlo así, de la teología del Rev. Edwards, y por qué no, del mismo Dr. John Piper.

De hecho, el “centro neurálgico” de la teología del avivamiento de Edwards es precisamente la gloria de Dios.

En muchas latitudes Latinas esto necesita ser descubierto. Hay demasiada “antropocentricidad” en muchos movimientos de “avivamiento” que sería bien servida si se presta atención de cerca a la “teocentricidad” de la teología del avivamiento de Edwards.

“Debemos ser exhortados a exaltar ‘solo a Dios’, y atribuir a Él toda la gloria en la redención. Esforcémonos en obtener —y crecer— en sensibilidad en nuestra gran dependencia de Dios… mortificar nuestra [natural] disposición de auto-dependencia y auto-justificación. El hombre es naturalmente, en exceso, propenso a exaltarse a sí mismo y a depender en su propio poder de bondad…

Pero esta doctrina debería enseñarnos a exaltar solo a Dios; tanto como a confiar y depender, por tal alabanza. El que se gloría, gloríese en el Señor. ¿Tiene alguien la esperanza de ser convertido y santificado ...que sus pecados le sean perdonados, recibiendo así en el favor de Dios y exaltado al honor y la bendición de ser su hijo y heredero de la vida eterna?

Que dé a Dios toda la gloria; el cual solamente lo ha hecho diferente de los peores hombres de este mundo, o del más miserable de los condenados en el infierno ... ¿Es un hombre eminente en santidad y abundante en buenas obras? Que no tome nada de la gloria para sí mismo, sino atribúyasela a aquel de quien ‘hechura somos, creados en Cristo Jesús para buenas obras’”.3

Juan de la Cruz (y CLIE, su editor) han prestado un gran servicio al mundo hispanohablante al poner esta obra en sus manos. Edwards no es de “ligera lectura” y, a veces, puede sentir que se está “empantanando”.

Te animo a perseverar. Sigue adelante y serás recompensado con creces por tu diligencia. Recomiendo encarecidamente que el lector se familiarice con el pensamiento de Edwards, explorando cuidadosamente en esta importante contribución en español, de un académico hispanohablante, escrito específicamente para el mundo hispanohablante.

1.  Packer. P. 315

2.  Stein. WJE, 5:321.

3.  WJE, II:7.

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