Cuando el año amanece como un lienzo en blanco
Hay una confianza profunda al saber que no soy la autora absoluta de mi historia, puedo elegir los colores con los que respondo a cada día, pero no cargo sola con el peso del resultado final.
04 DE ENERO DE 2026 · 22:35
“El Evangelio ha confirmado mis esperanzas más profundas y ha dado sentido a mis anhelos.” J. R. R. Tolkien
“El misterio de la existencia humana no está solo en vivir, sino en saber para que se vive.” Fiódor Dostoievski
“Creo en el cristianismo como creo que ha salido el sol: no solo porque lo veo, sino porque por él veo todo lo demás.” C. S. Lewis
“La fe comienza precisamente allí donde termina el pensamiento.” Søren Kierkegaard
Cada nuevo año llega sin palabras, sin trazos, sin instrucciones visibles; se presenta como un lienzo en blanco: limpio, silencioso, lleno de posibilidades.
Frente a él, uno podría sentir vértigo, ilusión o incluso temor. Porque un lienzo vacío no promete solo belleza, también exige decisión; no se pinta solo.
Mirar atrás confirma algo importante: mi historia no ha sido fruto del azar, cada día vivido ha tenido una letra, una línea, una marca. Algunas fueron firmes y claras, otras torcidas, manchadas o difíciles de entender; sin embargo al tomar distancia, aparece una certeza serena, Dios ha estado escribiendo incluso cuando yo no entendía el sentido del texto, Y si lo ha hecho hasta hoy, seguirá haciéndolo hasta el final.
El filósofo Søren Kierkegaard escribió: “La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás, pero debe ser vivida mirando hacia adelante.” Esa tensión define el inicio de un nuevo año, comprendemos el pasado con más claridad, pero el futuro nos exige confianza.
No sabemos qué colores aparecerán, pero sí quién sostiene el pincel último de la obra.
Una anécdota real ayuda a entenderlo: En 1968, durante la restauración de un antiguo cuadro en la Galería Nacional de Londres, los expertos descubrieron algo inesperado: bajo una escena oscura y aparentemente arruinada, había una pintura completamente distinta; el artista había comenzado una obra, la había considerado fallida y pintó encima.
Décadas después, con nuevas técnicas, se reveló que el primer intento no era un error, sino el boceto necesario para la obra final; lo que parecía desperdicio era, en realidad, fundamento.
Así ocurre con nuestra vida, hay días del pasado que quisiéramos borrar, cubrir o esconder; sin embargo, Dios no desperdicia nada. Cada experiencia, la alegría y la pérdida, el acierto y la caída, forman parte de un diseño mayor que aún no vemos completo.
La Escritura lo expresa con sobriedad y esperanza: “Mis tiempos están en tus manos” (Salmo 31:15). No en el caos, no en la casualidad, sino en manos seguras.
El año nuevo no es una promesa de ausencia de dolor, pero sí una invitación a caminar con sentido. No empezamos desde cero, empezamos desde lo aprendido.
Como escribió T. S. Eliot: “No dejaremos de explorar, y al final de nuestra exploración llegaremos al lugar donde comenzamos y lo conoceremos por primera vez.” El lienzo en blanco no niega el pasado, lo integra.
Hay una confianza profunda al saber que no soy la autora absoluta de mi historia, puedo elegir los colores con los que respondo a cada día, pero no cargo solo con el peso del resultado final. “El corazón del hombre traza su rumbo, pero el Señor dirige sus pasos” (Proverbios 16:9).
Esa verdad libera: me invita a actuar con responsabilidad, sin caer en la angustia del control total.
Al comenzar este nuevo año, no pido que todas las páginas sean fáciles, sino que todas tengan sentido. Que cuando mire hacia atrás, descubra coherencia incluso en lo que hoy no comprendo.
Que el lienzo, al final, revele una obra más grande que mis propios planes; porque si Dios ha escrito cada día de mi pasado con fidelidad, seguirá escribiendo cada uno de los que vienen, hasta la última línea.
Y cuando el cuadro esté completo, entenderé que nunca fue un lienzo vacío, sino una obra en proceso, guiada por una mano sabia, paciente y eterna: “Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en vosotros, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.” (Filipenses 1:6).
¡Ese es el verdadero regalo del año nuevo: no empezar solos, y no terminar incompletos!
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