De Croacia a Ribadeo: una jornada para redescubrir la misión
Más de 200 personas participaron en la Conferencia Misionera organizada por la Coordinadora de Asambleas de Hermanos de Galicia. José Pablo Sánchez expuso los fundamentos bíblicos de la misión y se pudieron conocer testimonios de misión transcultural y local.
MARÍN · 01 DE OCTUBRE DE 2026 · 12:30
La misma misión que atraviesa fronteras está al cruzar la puerta de tu hogar: es uno de los mensajes que se enfatizó en la conferencia misionera organizada por las Asambleas de Hermanos de Galicia este pasado sábado en las instalaciones del Colegio San Narciso en Marín, donde se dieron cita más de 200 personas en una jornada con formación, testimonios y tiempo para conocer proyectos y misioneros de distintos lugares de España y el mundo.
Al comenzar la jornada, los organizadores recordaron que hacía veinte años que no se celebraba un encuentro de este tipo en la comunidad, y que consideraban que “hacía falta”, no solo por el objetivo de presentar diversos proyectos, sino también para impulsar la vocación misionera de una nueva generación.

La misión es de Dios
José Pablo Sánchez, presidente de Decisión y durante tres décadas director del programa evangélico de la televisión pública Buenas Noticias TV, desarrolló en dos sesiones los fundamentos bíblicos de la misión. Su punto de partida fue que toda la Biblia trata de la misión de Dios. Citó a Christopher Wright: no se trata tanto de buscar una base bíblica para la misión como de entender que la Biblia misma es parte de la estrategia misionera de Dios.
Sánchez repasó cómo ha entendido la iglesia la misión a lo largo de la historia, desde el paradigma apocalíptico de los primeros cristianos, marcado por la urgencia del “Maranata”, hasta el ecuménico del último siglo. En cada época, dijo, se ha tenido una perspectiva distinta.
Advirtió que es fácil mirar atrás para condenar, pero que hay que aprender de los errores, entender los aciertos y buscar la visión de Dios para el presente.
Desde Génesis 3, Sánchez describió cuatro dimensiones rotas por el pecado: la espiritual (la separación de Dios), la personal (el miedo, la inseguridad y la falta de identidad), la social (la culpa que se traslada a otro) y la ecológica (una creación dañada por la acción humana). “Nuestra misión se corresponde con esta necesidad de reparar lo fracturado”, explicó.
En la segunda sesión definió la misión, con Samuel Escobar, como “la respuesta obediente de todo el pueblo de Dios a todo el plan de Dios para la transformación del mundo”. Por eso la llamó una misión integral, a la que todos están llamados. Recorrió las cuatro dimensiones con textos como 2 Corintios 5:18-19, Efesios 2 y Romanos 8:19-22.
José Pablo Sánchez destacó que solo Dios puede regenerar el corazón humano, que la iglesia es la expresión local de la nueva humanidad en Cristo y que los cristianos deben ser mayordomos de la creación y no expoliadores. “Todo lo que el pecado rompió, es misión de la iglesia restaurarlo en el nombre de Jesús”, concluyó.

Testimonios: de Croacia a Ribadeo, pasando por el norte de África
Uno de los testimonios compartidos fue el de Eva Mrsic, misionera en Croacia. Barcelonesa de familia creyente, se trasladó a Yugoslavia en 1989 y se casó en 1990 con Daniel, croata, con quien vivió en Split desde 1991 hasta 2017. Croacia, explicó Eva, es todavía un país muy católico y tradicional, con unos 5.000-6.000 creyentes evangélicos. Allí fundaron la iglesia “Buenas Nuevas”, trabajaron con refugiados, huérfanos, personas con adicciones y niños con discapacidad, y en 2006 adquirieron un terreno de 32 hectáreas en la región de Lika para el Campamento Fokus.
La experiencia de Eva en la misión tuvo una dura prueba en 2016, cuando diagnosticaron un tumor cerebral a su marido Daniel. Entonces se trasladaron a Gospić, un pueblo de 12.000 habitantes en una de las regiones menos evangelizadas del país. Daniel falleció hace cuatro años y medio, y Eva permaneció allí, donde evangeliza a través de la amistad y el voluntariado. Trabaja también con ucranianos y con una asociación de ayuda a la infancia. En Gospić hay ahora una célula de estudio bíblico. “Estar presentes es la clave para que se abran puertas”, explicó.
También Trevor Allan y Manoli Filgueira, un matrimonio misionero que lleva en Galicia desde 1982, explicaron su historia. En Ferrol fundaron la obra evangélica de El Olivo, con una cafetería y colaboración con el Centro Reto para la rehabilitación de drogodependientes, y una escuela-taller para la reinserción de jóvenes. Después comenzó la obra en Narón, y hoy residen en Ribadeo, donde se han establecido con un nuevo proyecto misionero.

En este pueblo de la costa lucense, el Camino de Santiago les ha abierto una oportunidad. Tras cinco años de preparación, llevan tres con un albergue abierto que aloja a 13-15 personas y recibe unos 2.500 peregrinos al año. Ofrecen hospitalidad, reparten Nuevos Testamentos, hay música cristiana y los viernes celebran una cena comunitaria. Cuentan con entre dos y cuatro voluntarios. “Las personas pasan, están buscando, pero no saben qué”, explicó Manoli sobre la importancia del testimonio vital y la atención personal para abrir puertas y derribar prejuicios.
Otro de los matrimonios misioneros presentes explicaron su labor en el norte de África, en lugares donde las restricciones para compartir el evangelio o reunirse hacen que la misión tenga que hacerse, en gran parte, en secreto o con muchas precauciones. A pesar de las circunstancias, la iglesia en el norte de África continúa viva. Ellos contaron de qué forma se llega a discipular y formar a personas locales para que puedan ser de testimonio en entornos de persecución.
El evento también permitió conocer iniciativas de apadrinamiento, acción social, evangelismo entre jóvenes, medios de comunicación y redes sociales, entre otros, en una zona de stands donde también era posible tomar un café, conversar con los asistentes o llevar algún libro y materiales didácticos.
Gratitud
Moncho Lagos, del comité de la Coordinadora de Asambleas de Hermanos de Galicia que organizó el encuentro, agradeció al cerrar la jornada el trabajo de las muchas personas implicadas: sonido, alabanza, coordinación, decoración, más de veinte voluntarios del equipo de servicio y acomodación, y los coordinadores de los grupos de coloquio.
“Hacía 20 años que no celebrábamos una conferencia misionera, y tenemos la convicción de que no pueden pasar tanto tiempo para que celebremos la próxima”, expresó, resumiendo el sentir de muchos de los presentes al terminar un día intenso y rico.
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