Los sueños en la Biblia

No en todos los sueños que relata la Biblia interviene Dios.

23 DE SEPTIEMBRE DE 2026 · 18:00

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Foto de Florian Yvinec en Unsplash

En páginas de la Biblia la valoración de los sueños se encuentra parcialmente difundida como manifestación misteriosa de la voluntad divina.

En las disputas entre Moisés, Aarón y María, los tres hermanos, que recoge el cuarto libro de la Biblia, Jehová interviene para decir que “cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él”. (Números 12: 6).

El patriarca Job tenía la seguridad de que Dios se manifestaba en “visiones nocturnas, cuando el sueño cae sobre los hombres”. (Job 4: 13). En páginas siguientes Eliú amplía el pensamiento de Job: “En una o en dos maneras habla Dios: Pero el hombre no entiende. Por sueño, en visión nocturna, cuando el sueño cae sobre los hombres, cuando se adormecen sobre el lecho. Entonces revela al oído de los hombres y les señala su consejo”. (Job 33: 14-16). Eliú, uno de los supuestos consoladores de Job, trata del sueño como uno de los medios que Dios utiliza en determinados casos para amonestar a quienes andan por los caminos del mal, pero éstos “no entienden”.

En el pequeño libro del profeta Joel, el autor describe la era mesiánica como la eclosión plena del espíritu de Dios, quien se comunica sobreabundantemente con el pueblo de varias formas, entre ellas los sueños: “Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones”. (Joel 2: 28).

No en todos los sueños que relata la Biblia interviene Dios. Se pone un tope negativo a la validez de los mismos cuando no interviene Jehová.

A través del profeta Jeremías dice: “Yo estoy contra los que profetizan sueños mentirosos, y los cuentan, y hacen errar a mi pueblo con sus mentiras y sus lisonjas, y yo no los envié ni mandé”. (Jeremías 23: 32).

Unos capítulos más adelante Jehová insiste: “No prestéis oído a vuestros profetas, ni a vuestros adivinos, ni a vuestros soñadores”. (Jeremías 27: 9). Otra vez en el mismo libro: “No os engañen vuestros profetas que están entre vosotros, ni vuestros adivinos; ni atendáis a los sueños que soñáis”. (Jeremías 29: 8). Las razones de esta prohibición las explican otro profeta, Zacarías, cuando escribe: “Porque los terafines (dioses domésticos), han dado varios oráculos, y los adivinos han visto mentira, han hablado sueños vanos y vano es su consuelo”. (Zacarías 10: 2).

En un sentido general, la Biblia recomienda apartarnos de los sueños, aun cuando el mismo Jehová, como ha sido escrito en estas letras y comprobaremos caso por caso en las páginas que siguen, se comunica en ocasiones a través de ellos. A los judíos del Viejo Testamento se le recomendaba que cuando creían haber tenido un sueño significativo se dirigieran al Sumo Sacerdote para que, vestido de su efod, lo examinara.

Y surge la pregunta: ¿Nos habla Dios en estos días a través de nuestros sueños? Difícil respuesta. Pero cabe una reflexión: Aquellas personas –siempre hombres– que afirman haber recibido comunicación de Dios a través de sueños, no tenían lo que nosotros tenemos hoy, su Palabra escrita e inspirada: La Biblia. Es a través de sus páginas como Dios nos habla en nuestros tiempos. Con temor y temblor escribo que si alguna persona de profunda espiritualidad cree que Dios le ha hablado mediante un sueño, debe someter la experiencia a constantes oraciones.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - El color de mi cristal - Los sueños en la Biblia