Slow Barcelona
El objetivo era claro: restablecer el orden antes de que el turismo —nuestro oro moderno— se nos escapara de las manos.
28 DE AGOSTO DE 2025 · 22:20

Barcelona se había convertido en un avispero: delincuencia disparada, turistas a granel, mafias italianas campando a sus anchas. La prensa hablaba ya del “Chicago catalán”.
La policía autonómica, desbordada, decidió tomar cartas en el asunto.
Convocaron a todo aquel que tuviera algo que ver con la seguridad: exmilitares, vigilantes, porteros de discoteca, socorristas, guardaespaldas, etc. Eso sí, con curso obligatorio y requisitos mínimos.
El objetivo era claro: restablecer el orden antes de que el turismo —nuestro oro moderno— se nos escapara de las manos.
En la Plaça Reial, un policía tras una mesa camilla recibía a los candidatos que formaban cola.
— ¿Y usted qué es?
— Exmilitar. He combatido en varias guerras. Traigo conmigo una metralleta rusa RPL-20.
— Muy bien, siguiente. ¿Y usted?
— Agente de seguridad del Estado. Vengo con una Sig Sauer P320 AXG Pro.
— Correcto, pase. ¿Y usted?
— Portero de discoteca. Traigo una porra hecha con vergajo de toro.
— Perfecto, siempre útil. ¿Y usted?
— Psiquiatra.
— ¿Psiquiatra? ¿Pero usted no es médico?
— Lo fui. El Estado nos dividió en dos grupos: unos pocos son médicos generalistas y el resto, como yo, nos dedicamos al control y la seguridad. Dicen que ya no hay que engañar más a la gente: somos fuerzas del orden con bata blanca. Daré todo por la Patria, incluso mi vida.
— Bien, bien, todo llegará… ¿Y qué trae usted?
— Un arsenal de psicotrópicos. Antipsicóticos de tercera generación capaces de dejar KO al más pintado.
Meses después de la implementación de estas medidas, los barceloneses andan sedados como zombis por las calles, no imaginábamos que hubiera tantos delincuentes, tal fue el éxito de la campaña de seguridad y orden social iniciada por nuestro alcalde.
Gracias a ello el número de turistas no ha descendido. Otras ciudades nos están copiando, todo hay que decirlo.
Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Cuentos - Slow Barcelona