Allá por 1934, en un pueblo de la Almería profunda, un reparador de bicicletas, al ver pasar los aviones sobre su cabeza, exclamaba: —¡Hay que ver de lo que somos capaces los mecánicos! Seguro que aquel hombre era un buen mecánico. En cuanto a la literatura, yo me veo más bien como alguien que anda pisando un sembrado ajeno y que todavía siente la necesidad de prepararse, aunque con la misma disposición de Serrat contemplando aquel techo al que le faltaba una mano de pintura. Gracias a quienes tenéis la paciencia de leerme. De verdad: intento hacer reír. Cuando lo consigo, veo cumplido mi propósito. Van diciendo que se escribe más de lo que se lee. Os lo recomiendo. Para mí, la escritura empezó siendo terapéutica y, con el tiempo, se ha vuelto también lúdica. Mi esposa, mis hijos, mi iglesia, mis cursos de filosofía… Por gracia de Dios, todo sigue adelante. Protestante Digital me vio pasar del desparramar al recoger sin bajarme del autocar, así que les estoy infinitamente agradecido. (Antonio Cárdenas. Mollet, 31 de agosto de 2026)
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