La puerta
En ese afán perfeccionista, los lanudos llegaron a excluir al propio pastor de las discusiones en asamblea.
05 DE MARZO DE 2020 · 20:20

Los noventa y nueve corderos “que no necesitan de arrepentimiento” llegaron a aburrir al buen pastor.
Las normas del redil dadas inicialmente por él, fueron superadas y mejoradas gracias a la erudición de algunos borregos destacados que se dedicaron plenamente a ello.
En ese afán perfeccionista, los lanudos llegaron a excluir al propio pastor de las discusiones en asamblea.
Tampoco él mostraba interés porque ya tenía superados los dilemas legalistas.
- Por ahí no vais a ninguna parte, la ley gusta al que cree cumplirla. Pero, ¿quién la cumple?- les decía.
Los corderos advirtieron al pastor de que no se desviase de los principios dados por él mismo.
No soportándolo más, una mañana se alejó del redil de los noventa y nueve corderos “que no necesitan de arrepentimiento” y vagó sin rumbo por los alrededores, como buscando algo.
Sentado en una peña, oyó los lamentos de un animal. Siguió el rastro sonoro y se encontró un corderito atrapado entre unas zarzas.
Su espíritu compasivo le llevó a socorrerlo y a llevarlo sobre sus hombros hasta el redil.
A pesar de convivir con ellos, el corderito no mostró interés alguno en los asuntos legales de los noventa y nueve justos.
Quizá porque entró por otra puerta en el redil, la verdadera puerta.
(Juan 10:7)
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