Animales con alma

Desde la perspectiva divina, el ser humano tiene una gran responsabilidad sobre el cuidado y la protección de todos los animales.

09 DE FEBRERO DE 2025 · 09:40

Foto: Antonio Cruz,
Foto: Antonio Cruz

El significado de la palabra latina “animal”, referida a los seres vivientes, se relaciona con el del término “anima”, que significa “alma”. La idea que pretendieron resaltar aquí los antiguos lingüistas es que los animales poseen ese aliento vital característico de los seres vivos.

No se trata de ninguna dimensión espiritual, como la humana, sino sólo de ese soplo especial propio de todo lo vivo.

De la misma manera, el sustantivo hebreo “nepesh”, -que aparece más de 700 veces en el Antiguo Testamento- y que se tradujo en Génesis 1:20-21 por “seres vivientes”, se refiere a especies animales radicalmente diferentes a todo lo que había sido creado hasta ese momento. Se trata de animales “con alma”.

Es decir, animados por su instinto natural para emparejarse, fecundarse, tener descendencia y cuidar de ella hasta la madurez. Seres con voluntad de perpetuarse y, por tanto, programados hacia dicha finalidad expansiva. 

Desde luego, muchos animales acuáticos y aéreos encajarían en esta definición bíblica.

Algunos mamíferos como delfines, orcas, ballenas y focas, así como todas las aves marinas y terrestres que poseen sistema nervioso, aparatos digestivo, respiratorio, circulatorio, reproductor, etc., entrarían en tal clasificación ya que también presentan instinto, voluntad y emociones.

Experimentan satisfacción o tristeza, miedo, ira, dolor o sufrimiento, etc. Es decir, todo lo que los antiguos hebreos consideraban como características anímicas.

Es evidente que tales cualidades sirven para diferenciar a estos animales superiores de aquellos otros organismos que aparecieron mucho antes en el Cámbrico, tales como algas calcáreas, trilobites, braquiópodos o esponjas.

Desde la perspectiva divina, el ser humano tiene una gran responsabilidad sobre el cuidado y la protección de todos los animales. Tal es el verdadero sentido del término “señorear”, el de administrar la creación de la misma manera que Dios ejerce su señorío sobre su pueblo.

¿Cómo experimentó Israel el señorío de Yahvé? Pues, precisamente, en su actuación amorosa y liberadora.

De la misma manera, los animales que poseen esa cualidad anímica superior, tales como las aves y los mamíferos, requieren también un mayor cuidado, atención y protección por parte del hombre.

Cuando se maltrata o actúa con negligencia y desprecio hacia los animales, éstos devuelven el mal que se les ha hecho.

Por ejemplo, los perros maltratados se tornan agresivos y peligrosos o bien recelosos y acobardados. Su dimensión anímica se deforma por causa de la maldad humana. Tales acciones de maltrato animal entran dentro de lo que la Escritura llama pecado.

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