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    Lutero y la ciencia

    Robert K. Merton defiende que una de las influencias positivas importantes en el desarrollo de la ciencia inglesa del siglo XVII fue el puritanismo.

    TUBO DE ENSAYO AUTOR Pablo de Felipe 29 DE OCTUBRE DE 2017 10:00 h
    La mesa de la casa de Lutero donde se desarrollaron las Conversaciones de Sobremesa.

    Del conflicto a una relación positiva entre ciencia y fei



    Sería presuntuoso escribir sobre este tema sin reconocer que ha sido estudiado mucho, especialmente desde finales del siglo XIX, cuando el botánico franco-suizo de Candolle descubrió una representación muy mayoritaria de protestantes frente a católicos entre los miembros extranjeros de las Academias de Ciencias francesa y británica. Saltando varias décadas, y los trabajos de otros investigadores relevantes, llegamos al sociólogo estadounidense Robert K. Merton. Su tesis doctoral, publicada en 1938, defiende que una de las influencias positivas importantes en el desarrollo de la ciencia inglesa del siglo XVII fue el protestantismo ascético/puritanismo. La “tesis de Merton” tiene una clara influencia de la de Weber, que estudió la relación entre ese protestantismo y el desarrollo (¡no la aparición porque ya existía!) del capitalismo.



    Hasta cierto punto estos resultados resultan paradójicos si tenemos en cuenta que fue justo esa época, en la transición entre los siglos XIX y XX, cuanto tiene origen la idea, todavía muy popular, de que ciencia y cristianismo han estado, están y no tienen más remedio que estar, siempre, en conflicto. Esa idea, propagada por aficionados, ha seguido extendiéndose durante el siglo XX, y hoy está en libros de texto, el cine y de manera abrumante en internet. Mientras, los profesionales de la sociología y la historia de la ciencia han analizado las numerosas relaciones fructíferas entre ciencia y cristianismo y han denunciado los errores en los que se suele basar la “metáfora del conflicto”, que incluso contiene falsas citas históricas para apoyar un conflicto que no fue lo que nos suelen contar… y que se ha magnificado hasta sacarlo de quicioii.



     



    Lutero y Copérnico



    Y aquí volvemos al siglo XVI. Un ejemplo de esa magnificación de los conflictos ciencia y fe tiene que ver con el único testimonio que suele recordarse sobre Lutero respecto a la ciencia moderna, estas pocas líneas contra el movimiento de la Tierra:



    “Se mencionó a cierto nuevo astrólogo que quería probar que la Tierra se mueve y no el cielo, el Sol y la Luna [...]. [Lutero señaló:] ‘Así pasa ahora. Quien quiere llamar la atención no ha de estar de acuerdo con nada de lo que los demás estiman. Tiene que inventar su propia idea. Esto es lo que hace ese (individuo/loco) que quiere poner patas arriba toda la astronomía. Incluso en estas cosas que están siendo confundidas yo creo a la Sagrada Escritura, pues Josué mandó detenerse al sol y no a la tierra [Jos. 10:12-13]’.”iii



    Y ahora veamos los problemas con este texto que se repite sin explicación, sacado de contexto, y usado como munición para desacreditar a Lutero de forma acrítica y, por extensión, a la Reforma Protestante del siglo XVI. Lo primero es que no pertenece a ningún libro de Lutero. Se trata de una recopilación de sus comentarios sobre temas de actualidad titulados, muy ajustadamente, como Conversaciones de sobremesa, publicadas por sus alumnos (de hecho, la palabra “loco” aparece en la menos fiable de las tres compilaciones publicadas de las que disponemos). En segundo lugar, esta obra fue publicada años después de la muerte de Lutero sin su conocimiento. Finalmente hay que tener en cuenta que esta conversación está fechada en1539, cuatro años antes de que Copérnico publicara su obra, conocida entonces de oídasiv.



    Si pasamos ahora al texto, el problema de Lutero fue doble, por un lado no tenía los conocimientos necesarios como para darse cuenta de que la propuesta de Copérnico era algo serio, y no la ocurrencia de algún “nuevo astrólogo” (por cierto, el calificativo de “astrólogo” no era despectivo en el siglo XVI; y donde pone “astronomía”, en la versión más fiable que tenemos pone “astrología”). Ahí Lutero se expresó con ligereza porque ya entonces los que sabían del tema estimaban a Copérnico (aunque ciertamente era un clérigo aficionado a la astronomía, no un profesional). Pero lo más grave es la argumentación de Lutero: aunque por otros textos sabemos que ni era anticientífico ni literalistav, en esta ocasión quiso zanjar un debate científico con la Biblia. Ese fue el mayor problema, aunque sería injusto atribuirlo solo a Lutero; en aquella época tanto teólogos como científicos usaban la Biblia y la teología en los debates científicos y de otro tipo indiscriminadamente. Fue precisamente la astronomía copernicana, y textos como el de Josué y otros, lo que provocó el replanteamiento de las relaciones ciencia y Biblia, una vez que el copernicanismo triunfó a finales del siglo XVII.



     



    Católicos y protestantes publican la polémica obra de Copérnico



    Pero si paramos aquí perdemos lo más interesante de esta historia. Si Lutero tenía noticias de Copérnico era precisamente porque su fama hacía tiempo había llegado a oídos de su mano derecha, el reformador Melanchton, que en 1538 envió a un matemático recién graduado a un viaje científico por Centroeuropa, que acabó en mayo de 1539… ¡en casa de Copérnico! Tal vez por eso unos días más tarde el tema salió en casa de Lutero. Así Rheticus, un protestante, se convirtió en el único alumno del católico Copérnico, publicó varios obras popularizando la obra de “su maestro” y le ayudó a revisar sus cálculos y preparar la publicación de su gran obra: Sobre las revoluciones de los orbes celestes, que Rheticus llevó (cuando ya la persecución a los protestantes arreciaba en Polonia) a la protestante Nuremberg para que un impresor recomendado por Melanchton la divulgara al mundo en 1543 (incluyendo la dedicatoria de Copérnico al papa). Un asombroso ejemplo de colaboración científica entre católicos y protestantes en una época en la que el conflicto religioso se extendía por Europa.



    Pero la historia todavía se complica más. Aunque Melanchton nunca aceptó que la Tierra se moviera alrededor del sol, e incluso escribió contra ello, su influencia fue decisiva para publicar y difundir la obra de Copérnico. Y eso no fue un error de cálculo de Melanchton, porque a pesar de rechazar las ideas copernicanas, a su alrededor apareció un grupo de astrónomos protestantes que estudiaron a fondo la obra del astrónomo católico, el “círculo de Melanchton”, y que propusieron la “interpretación de Wittenberg”. Esta interpretación aceptaba que los cálculos de Copérnico eran buenos, y que su sistema heliocéntrico permitía explicar los movimientos planetarios tan bien o mejor que las ideas del siglo II de Ptolomeo. Sin embargo, decían, eso no implicaba aceptar que realmente las cosas fueran así en la naturaleza. Era una interpretación "instrumentalista". Las ideas de Copérnico “funcionaban”, pero no se aventuraban a afirmar que fueran “reales”. Era lo que se ha llamado un “copernicanismo geoestático”. De hecho, hubo que esperar a mediados del siglo XVII para que los astrónomos se convencieran de lo que Rheticus decía: que su maestro había descubierto el verdadero sistema del universo. Por el camino hubo astrónomos que lo rechazaron (el protestante Brahe y el católico Clavius) y que lo aceptaron (el protestante Kepler y el católico Galileo).



     



    El desafío de las ideas copernicanas



    Para llegar al convencimiento de que Copérnico tenía razón hubo que hacer algo que resultaba impensable en el siglo XVI: derribar la ciencia de Aristóteles y fundar una nueva (desde el católico Galileo a principios del XVII al protestante Newton a finales del XVII). Pero también había que replantearse la forma de relacionar ciencia y Biblia, y realizar algo también impensable en el siglo XVII: rechazar el concordismo entre ciencia y Biblia, y reconocer que se trata de ámbitos diferentes que, sin oponerse, tampoco deben mezclarse. Esto último lo afirmó el católico Galileo en 1615 citando al cardenal Baronio, bibliotecario del Vaticano: “La intención del Espíritu Santo era enseñarnos cómo se va al cielo, y no cómo va el cielo”vi. Años antes lo había explicado en más detalle y sofisticación el astrónomo protestante copernicano Rothmann en una carta al también astrónomo protestante, pero no copernicano, Brahe (13-10-1588; correspondencia que fue publicada por Brahe en 1596):



    “Pues Dios no ha revelado nada sobre esto en su Palabra porque no tiene nada que ver con nuestra salvación.”vii



    “La autoridad de la Sagrada Escritura, aunque sea aducida de un modo completamente plausible, nada en absoluto podrá objetar en esta cuestión, sino que tan sólo sabremos en la medida en que alcancemos a descubrir mediante demostraciones matemáticas.”viii



     



    ¿Y qué fue de la “tesis de Merton”?



    Durante el siglo XX se ha discutido intensamente y hoy sigue despertando pasiones. Aunque los historiadores de la ciencia han aprendido a quedarse con lo mejor de ella y olvidar lo que realmente NO era parte originalmente de las ideas de Merton. En efecto, Merton nunca dijo que el puritanismo hubiese inventado la ciencia en solitario. En una segunda edición de su tesis, en 1969, Merton lo resumía así: “El puritanismo contribuyó inadvertidamente a la legitimación de la ciencia como institución social emergente”ix. Lutero no pensaba en promover la ciencia cuando redactó sus 95 tesis en 1517. Las cosas no funcionan así en la historia de las ideas, se trata de un proceso que acaba teniendo consecuencias “inadvertidas” que no eran el objetivo inicial buscado intencionadamente. La ciencia moderna estaba ya en marcha, con orígenes incluso anteriores al cristianismo; pero en ese momento y lugar, el protestantismo ayudó a “legitimar” la ciencia.



    ¿Cómo ocurrió esa “legitimización”? Una de las formas en la que esto ocurrió (que tampoco tiene que considerarse la única) fue expuesta por el químico e historiador de la ciencia holandés y protestante Reijer Hooykaas. Para él la clave estaba sobre todo en la enseñanza protestante del “sacerdocio universal de todos los creyentes”x. Esta idea provocó la ruptura del control y censura eclesiásticos centralizados que había en el mundo católico, trajo una visión favorable del trabajo manual “experimental”, enfatizó que todos somos “imagen de Dios” y, finalmente, en combinación con otros acontecimientos, como los revolucionarios descubrimientos geográficos de portugueses y españoles, produjo un antiautoritarismo. Esa mezcla desató en el mundo protestante la libertad frente a la censura, el ansia de investigación personal, así como una valoración de la experimentación y del trabajo de los artesanos o navegantes. Y de ahí surgen conceptos tan importantes como el de “vocación” o el de “autonomía intelectual”.



    No queda espacio para exponer aspectos adicionales importantes de la influencia protestante sobre la ciencia (incluyendo la importancia de otros movimientos, además del luteranismo o puritanismo, como el anglicanismo latitudinarioxi), así como otros compartidos tanto por católicos como por protestantes. Pero lo expuesto sirve para iniciarnos en las complejidades del legado de Lutero y de las transformaciones religiosas y culturales que inició en una pequeña universidad un desconocido y valiente profesor de teología hace 500 años.



    Los historiadores de las relaciones ciencia y fe actuales ya no buscan aislar el “origen” de la ciencia en tal o cual grupo, y se habla de una “tesis de complejidad” dadas las múltiples fuentes de la ciencia y su historia de relaciones cruzadas, como tuvimos la ocasión de escuchar de uno de los principales promotores de esa “tesis de complejidad”, el catedrático emérito de Oxford, John H. Brooke, en la VIII Conferencia Fliedner de Ciencia y Fexii, cuyo libro de 1991 “Ciencia y Religión” es un clásico del tema, recientemente traducidoxiii.



     



    Notas



    i# Este artículo es una reproducción (con pequeñas modificaciones) del que publico este mes en el periódico Puerta Abierta promovido por la Primera Iglesia Evangélica Bautista de Madrid (nº 24, septiembre octubre de 2017, pp. 13, 14). Una versión más extensa se encuentra en Pablo de Felipe. Lutero, la Reforma protestante y la ciencia, revista digital Razón y Pensamiento Cristiano (Octubre de 2017).



     



    ii#de Felipe, Pablo y Jeeves, Malcolm A. “Science and Christianity Conflicts: Real and Contrived”. Perspectives on Science and Christian Faith 69 (2017):131-147.



     



    iii# Lutero, Martin. Luther’s Works, vol. 54: Table Talk. Theodore G. Tappert (ed.). Fortress Press, Philadelphia, 1967 (3ª impresión, 1977), pp. 358, 359. La traducción es mía.



     



    iv# Sin embargo, conviene mencionar que no todos los historiadores están de acuerdo en identificar a Copérnico como el objetivo de estas críticas. Recientemente Michel-Pierre Lerner ha defendido que la persona criticada por Lutero fuese Celio Calcagnini, que 20 años antes había defendido el movimiento de rotación (no el de traslación) de la Tierra en un libro que, sin embargo, no fue publicado hasta 1544.



     



    v# Se puede ver su aprecio por la astronomía en su comentario al Génesis 1:14: “[…] pero el hombre mide el cielo y todos los cuerpos celestes. Y así aquí brilla una chispa de vida eterna, en que el ser humano se ocupa por naturaleza con este conocimiento de la naturaleza”. (Lutero. Lutero, Martin. Luther’s Works, vol. 1: Lectures on Genesis, chapters 1-5. Jaroslav Pelikan (ed.). Concordia Publishing House, Saint Louis, 1958, p. 46). Lutero defendió en diferentes textos la autonomía de las diferentes disciplinas, y en cuanto a su forma de leer ciertos textos bíblicos que sugerían un conflicto con las observaciones científicas, estaba preparado para afirmar que la Biblia “habla según lo que ven los ojos” (véanse citas y comentarios en el artículo de la revista Razón y Pensamiento Cristiano citado en la nota 1.



     



    vi# Galilei, Galileo. “Carta a la señora Cristian de Lorena, Gran Duquesa de Toscana”. En: Carta a Cristina de Lorena y otros textos sobre ciencia y religión. Moisés González (tr.). Alianza Editorial, Madrid, 1987, p. 73.



     



    vii# Dreyer, J. et al. (eds.). Tychonis Brahe Dani Opera Omnia. Copenhagen, Nielsen y Lyciche (15 vols.), 1913-1929 (generalmente abreviado como TBOO), vol. VI, p. 149. Citado en Howell, Kenneth J. God’s Two Books. Notre Dame, IN, University of Notre Dame Press, 2002, pp. 93, 94. La traducción del inglés es mía.



     



    viii# TBOO VI, p. 160. Citado en Granada, Miguel Ángel. “Il problema astronomico cosmologico e le Sacre Scritture dopo Copernico: Christoph Rothmann e la ‘teoria dell’accomodazione’.” Rivista di storia della filosofia 51(1996):789-828 (cita de las pp. 809, 810). Agradezco al profesor Granada la versión española de esta cita.



     



    ix# Merton, Robert K. Ciencia, Tecnología y Sociedad en la Inglaterra del siglo XVII. Alianza Editiorial, Madrid, 1984.



     



    x# Hooykaas, Reijer. Religion and the Rise of Modern Science. Scottish Academic Press, Edinburgh, 2ª ed. 1973 [reimpresión, 1984].



     



    xi# Sobre la influencia de este otro movimiento protestante, puede verse en castellano un resumen actualmente en curso de publicación por Granada, Miguel Ángel. “La Reforma y la revolución científica”. En: Villacañas, José Luis (ed.). 500 años de la reforma: Lutero y la modernidad en Europa. Escolar y Mayo, Madrid, 2018 (texto en prensa).



     



    xii# El pasado 30 de marzo tuvo lugar la VIII Conferencia Fliedner de Ciencia y Fe, titulada “Reforma religiosa y surgimiento de la ciencia moderna. Mito y realidad” en la que se exploraron diversos temas relacionados con el protestantismo y la ciencia. Toda la información puede encontrarse en la web del Centro de Ciencia y Fe.



     



    xiii# Brooke, John H. Ciencia y religión. Perspectivas históricas. Sal Terrae, Universidad Pontificia Comillas, Santander y Madrid, 2016.



     


     

     


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