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    Navidad: lo que hay detrás del árbol y Papá Noel

    Es intención de esta nota informar sobre el origen de símbolos que forman parte de nuestra vida y que poco o nada tienen que ver con los propósitos de Dios.

    AGENTES DE CAMBIO AUTOR Óscar Margenet 17 DE DICIEMBRE DE 2017 09:55 h

    No se puede negar la lucha que los cristianos tenemos día a día, por aquello que omitimos hacer -a sabiendas de que eso es lo que Dios desea que hagamos- y todo lo otro que hacemos a pesar de que Dios no nos pidió que lo hiciéramos. Existe el riesgo de celebrar cualquier día de guardar del almanaque, sin saber por qué lo hacemos. Esas fechas son muy apreciadas por la industria y el comercio pues mueven tentadoras sumas de dinero, por lo que resultaría poco menos que imposible cambiarlas o cancelarlas; pero, ello no implica dejar de analizar qué hay detrás de ellas en la Historia.

    Lo realmente peligroso en esto es asumir posiciones extremas sólo frente a cuestiones visibles, mientras continuamos siendo indulgentes en muchas otras que nos llenarían de vergüenza si los demás se enterasen, aunque sepamos que no escapan al conocimiento divino.

    Sin embargo, no es intención de esta nota el entrar a analizar las razones que esgrimimos para justificar nuestra conducta en cada caso, sino la de informar sobre el origen de símbolos que forman parte de nuestra vida y que poco o nada tienen que ver con los propósitos de Dios. También, la de alentarnos a revisar nuestras creencias a la luz de la Palabra y de la Historia.

    ¿POR QUÉ UN ÁRBOL ES SÍMBOLO DE LA NAVIDAD? Antiquísimas civilizaciones consideraban al árbol como el símbolo ideal de la vida. La importancia de la fertilidad representada en la firmeza y erección de los troncos de los árboles, era una característica de muchas de las culturas paganas registradas por la historia secular. Unos 2600 años antes de Cristo, los babilonios, por ejemplo, asociaban todo lo vertical con el dios Falo; por ese motivo tenían muchas esculturas de piedra con la forma del miembro reproductor masculino.

    Una serie de representaciones encontradas en excavaciones arqueológicas, demuestran que hubo muchas culturas que idolatraban a los árboles.

    Había en Babilonia una reina de nombre Semíramis, a quien llamaban “Reina del Cielo”, que afirmaba haber visto que de un tronco muerto nacía un árbol verde. Se creyó que el tronco era Nimrod, su fallecido esposo (al que se menciona en la Biblia en Génesis 10:8-12) y que el árbol verde era un hijo concebido por ella, cuando aún era virgen. Por eso al niño Tamuz lo identificaron como a una encarnación de Nimrod.

    Semíramis, con el tiempo, fue adoptando distintos nombres: Astarot, Diana, Isis, Astarte; y se la siguió adorando –siempre- como “Reina del Cielo”. Su hijo Tamuz pasó a ser Baal y Ra; pronto, esa adoración de la diosa madre con su hijo se extendió a los confines de la tierra (China, India, Japón, entre otras culturas). El Imperio Romano la adoptó e incorporó en la Iglesia Católica Romana, dando lugar a la adoración de la Virgen y el Niño, a partir del siglo V. Este tema da mucha tela para cortar, y lo haríamos en otro momento.

    Desde allá y entonces hasta Sigmund Freud con su Teoría Psicoanálitica hay cientos de historias sobre el árbol, que pasan por los druidas y sus rituales bajo los robles, y que San Bonifacio (680-750) intenta reconducir al cortar un pino y asociarlo al nacimiento de Jesús para evangelizar a los paganos.

    El árbol se incorpora por ser invierno el 25 de diciembre (fecha impuesta para la Navidad, como ya explicamos en la nota anterior) y esta tradición pasó de Alemania (1605) a Finlandia (1800), a Inglaterra (1829), a EE.UU poco después y a España (1870) según la Biografía de José Osorio y Silva.

    Los adornos que se le colocan al árbol tienen su significado, según sea la historia. No es pérdida de tiempo entrar en Google y leer de qué trata esto de “armar el arbolito” que tanto atrae a los niños y a no pocos adultos.

    ¿DE DÓNDE SALE PAPÁ NOEL? Papá Noel, Santa Claus, Santa, San Nicolás, Colacho, Viejo Pascuero, Father Christmas, Pere Noel, Babbo Natale, Pare Nadal, son algunos nombres con los cuales se conoce universalmente al personaje que simboliza la Navidad y trae regalos “a los niños que se portan bien”.

    Se cuenta que hubo un obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás, que vivió en el siglo IV en Anatolia, en los valles de Licia (en la actual Turquía). Era una persona rica que decidió ayudar a quienes necesitaban ropa, alimento, educación, por lo que fue venerada en la Edad Media. Sus restos se conservan en la basílica de San Nicolás, Bari, Italia.

    Producto de esa veneración se fueron añadiendo a su historia elementos locales, según los países, que lo presentaron como conduciendo un trineo tirado por uno o más renos, los que le llevaban surcando los cielos en su reparto de regalos, lo que explica por qué es que podía cumplir con todos en una sola noche. Al principio se lo vestía de verde, como Nicolás. Pero, a partir de 1931 la hoy poderosa Coca Cola lo adoptó como ícono de su empresa y popularizó los colores rojo y blanco que lo identifican con ella.

    REFLEXIONES NAVIDEÑAS Desde que nacemos nos incorporamos automáticamente a costumbres generacionales ya establecidas; y, si no existiesen, las crearíamos. Por eso, asociamos las fechas tradicionales con recuerdos de familia y los dorados momentos de nuestra niñez. Eso ocurre con la Navidad.

    La Navidad requiere un riguroso autoexamen de nuestra parte, para dejar de seguir ofendiendo a Dios, el creador que nos hizo a su imagen y nos dio la capacidad de pensar. Ese examen surge de una lectura seria de la Biblia, la Palabra Revelada por Dios.

    A lo largo del Antiguo Testamento leemos acerca de un Dios que no acepta compartir nuestra adoración a Él con sustitutos creados por el hombre. Dios recuerda al pueblo de Israel que es mejor obedecer a Sus mandatos y estatutos que seguir los dictados del propio y engañoso corazón. Pero, ese pueblo contumaz se dejaba invadir por las tradiciones y costumbres de los pueblos vecinos y de las tierras que Dios le permitía conquistar. Una de esas reiteradas desobediencias por las que Dios les amonestó y castigó vez tras vez, fue su inclinación a construir altares a Baal en las partes altas y boscosas. Nosotros no somos diferentes a los israelitas; cuando dejamos de obedecer a Dios caemos fácilmente en los mismos pecados.

    Ocurre que la idolatría no es patrimonio de los paganos; el corazón del hombre es idólatra por naturaleza. Nos hacemos un ídolo de todo: la mujer o el hombre que amamos; nuestros hijos, el pastor de nuestra iglesia, el equipo de fútbol del que somos fanáticos, cantantes de moda, trabajo, dinero, nosotros mismos.

    El síndrome del Edén, cuando Adán y Eva caen en pecado, es la desobediencia. Uno desobedece a alguien cuando obedece a otro (o a sí mismo). Dios nos manda obedecerle por nuestro propio bien; porque nos ama, al punto de habernos enviado a su Hijo Jesucristo para perdonarnos. Pero, Él quiere que le obedezcamos al 100%. No le basta con mi diezmo, cumplir con el programa de la iglesia, oración, ayuno, lectura de Su Palabra, altar familiar, honestidad, generosidad; Él desea mi corazón, mi mente y mi voluntad. Cristo vino a redimirnos íntegramente; por lo tanto desea que nos rindamos íntegramente a Él.

    Si no deseamos ser y hacer como todos los demás, nuestros principios deben ser coherentes con Su Palabra. El acto de apartar de nosotros prácticas culturales que invocan a Dios y a Jesucristo en vano, debe estar acompañado por los diarios actos de apartar de nosotros los pecados ocultos en nuestro interior. Y para esa tarea nadie está capacitado. Es el Espíritu de Dios el que lo hace.

    El Evangelio es el poder de Dios que puede salvar a todo el que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá. (Romanos 1:16-17)

    Que ese enorme poder (dunamis, dinamita) haga explosión también en esta Navidad y nos cambie la vida a muchos para que adoremos a Dios en espíritu y verdad. Será, entonces sí, ¡una Feliz Navidad!

    El 1º de enero de 2012: ¿Existieron los Reyes Magos?

    Foto: copyright (c) 123RF Stock Photos


     

     


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    COMENTARIOS

        Si quieres comentar o

     

    julia maribel perez Gonzalez
    16/12/2013
    18:32 h
    5
     
    Son padecimientos de ciclos los cuales no justifico que si no se toman como enseñanaza en las mismas iglesias, continuaremos haciendo como pilato y tan solo unos pocos interesados tomariamos parte de nuestro tiempo para enrriquecernos a traves del internet acerca del verdadero significado de la navidad..Me llama la atencion que la gran mayora de las iglesia en el mundo tanto catolicos como protestastantes tienen arboles navideños y celebran el 24 como vispera de noche buena ubicando el nacimiento de Jesucristo dia 25 de diciembre no sienedo real esto, segun las Escrituras...Dios le continue bendiciendo hermano
     

    oscar andrade
    01/11/2013
    13:49 h
    4
     
    grasias lo he leido y me ha gustado su enfoque que es una realidad... Dios les Vendiga..
     

    HNA NOELIS
    14/12/2012
    10:39 h
    3
     
    EN REALIDAD SI NOS PONEMOS A VER SANTA CLOUS ESTSN SIENDO REMPLAZADOPOR JESUS EN QUE EN REALIDAD DEBE MORAR EN NUESTROS CORAZONES LA CUAL INCLUSO ALGUNOS CRISTIANOS NO PONE CUIDADOS A LAS COSA Q SUCEDEN HOY EN DIA YA Q LA NAVIDAD DEBE SER CRISTO ANTES Q SANTA CLOUS YA Q DETRS DE ESTO SE ENCUENTRAN LOS DUENDES SE SANTA Y EN REALIDAD ES UNA LASTIMA POR ESO DICE SU PALABRA .MI PUEBLO SUFRE POR FALTA DE CONOCIMENTO Q DIOS LE BENDIGA
     

    karina
    30/12/2011
    03:45 h
    2
     
    esta muyi bien esperto lo entendamos todos q dios les vendiga
     

    Desi Gutiérrez
    28/12/2011
    02:54 h
    1
     
    Completamente de acuerdo.
     

    Alfonso Chíncaro (Perú)
    20/12/2017
    17:05 h
    6
     
    A veces sorprende, pero me parece buena costumbre de P+D volver a publicar artículos pertinentes. Inquietantes son algunas de las cosas que han formado nuestras tradiciones y es bueno recordarlas. Pero por otro lado, querido Oscar, entro a comentar porque quiero desearle a usted y su familia una Feliz Navidad y un Año Nuevo con la compañía y bendición del Señor Jesús. Dios le bendiga por su labor y déjeme decirle que su estilo de escribir me anima a ser amable con los demás aunque discrepemos.
     
    Respondiendo a Alfonso Chíncaro (Perú)

    Óscar Margenet Nadal
    21/12/2017
    21:19 h
    7
     
    Post #6, estimado Alfonso: para estas fechas he visto que lo escrito hace seis años sigue siendo pertinente; y que no se justifica volver a escribir sobre un tema que es recurrente cada año. Sí, me mueve a repetirlos la permisividad con que muchos creyentes se adhieren a los festejos que ensalzan símbolos que ofenden a Dios. A menudo decir la verdad molesta. El Señor vino, y ¡pronto regresa! Gracias por tus buenos deseos hermano, que retribuyo de familia a familia en el amor de Cristo.
     



     
     
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