“Palabra y vida” en y a través del perdón
Aparte de nuestras agendas, bien podríamos dar todo el lugar que sea necesario para aquella “agenda de Jesús” por la cual Él quiere cumplir su voluntad en nosotros y a través de nosotros a fin de bendecir a otros.
31 DE DICIEMBRE DE 2025 · 13:45
Acorde con el título de este blog, “Palabra y vida” cualquiera que se haya desempeñado en el ministerio cristiano, por años, podrá recordar con gozo y gratitud las veces que habrá visto y habrá experimentado la bendición recibida a través del perdón: el perdón dado, el perdón recibido y la reconciliación resultante a través del perdón.
El perdón dado y el perdón recibido
El pastor tenía que hablar esa tarde en un encuentro de jóvenes que había de celebrarse aquella tarde de sábado. Pero debido a bastantes ocupaciones no había tenido tiempo para preparar algún tema de interés para la ocasión.
Pensando en ello y mientras se dirigía al local de la Iglesia, le vino a la mente hablar sobre “el perdón”. Así fue y una vez comenzado el citado encuentro, mientras hablaba sobre la importancia del perdón a la luz de las palabras de Jesús, una joven adolescente que recientemente había profesado fe en el Señor, escuchaba con atención y terminó compungida; luego, una vez que se abrió el tiempo para compartir, pasó a confesar que tenía un problema con la falta de perdón.
Según confesó, ella era una hija que vino al mundo sin ser aceptada tal y cómo se le había dicho. Así que aquel sentimiento de rechazo inicial produjo en ella una falta de aceptación de sí misma, un resentimiento hacia su madre y unas consecuencias físicas del todo manifiestas, dado que su apariencia era anoréxica.
Al tratar el tema del perdón, ella entendió el haber recibido el perdón de Dios por medio de Jesús; pero el “círculo” del perdón no se había completado.
Por tanto, en esa ocasión también comenzó a entender la necesidad de otorgar el perdón. Entonces el pastor recordó las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Porque si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mt.6.12-15).
Así que ella sacó de su corazón aquel resentimiento que por mucho tiempo había albergado en su interior y, por medio de la “palabra de vida” del Señor Jesús, encontró la paz en su corazón y, poco a poco, aquella condición anoréxica desapareció para dar paso a un funcionamiento normal de su organismo, transformando tanto el interior como el exterior de su persona.
Los beneficios del perdón recibido
Entonces, cuando miramos hacia atrás, hace 44 años, podemos ver el poder de Dios obrando a través del Evangelio anunciado, perdonando los pecados de aquel que le recibe, sanando su interior y transformando su vida; pero además, Dios nos salva con un propósito; el de serle útiles y a favor de otros.
Eso es lo que Jesús quiso decir a sus discípulos cuando les dijo: “Yo os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca” (J.15.16).
Así que la mencionada joven, pronto fue llamada a ser útil en la escuela dominical de la Iglesia para enseñar a los niños y hoy, siendo abuela ya, son varias generaciones de niños y niñas los que han pasado por la experiencia de haber sido enseñados por ella.
De alguna manera, ella ha llegado a ser “la Tita” de muchos.
Esta realidad -humilde ante los ojos de muchos- hace llamar nuestra atención al hecho de que mientras unos y otros se ocupan en dilucidar acerca de los grandes temas teológicos de la Sagrada Escritura (lo cual también es necesario) muchos miembros del cuerpo de Cristo se ocupan (¡yo entre ellos!) de cumplir con la “agenda” de Jesús, parte de la cual decía -y dice-: “He venido a… sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos… A poner en libertad a los oprimidos…” (Lc.4.18).
“Agenda” del todo válida y pertinente hoy día, que nos desafía y por medio de la cual, el reino de Dios es establecido a todos los efectos, en los corazones de los que creen en el mensaje de Jesús.
No pensemos que porque no somos “grandes” desde el punto de vista intelectual, en dones o en grandes recursos, que por eso seremos estimados menos por nuestro buen Dios. ¡Al contrario!
En el Evangelio de Jesús, los “grandes” no son precisamente los que Dios aprecia mas, sino lo pequeño (¡los pequeños!), lo humilde, “lo menospreciado del mundo”; “lo débil”; “lo necio según el mundo”, etc. (Mt.25.40; 1ªCo.1.24-29).
Pero en todo caso, hemos de señalar y enfatizar lo que el Señor solía destacar por encima de todo lo demás: el amor, la fe, la obediencia y la fidelidad.
Por tanto, aparte de nuestras agendas semanales, mensuales e incluso anuales, (si es que las tenemos) bien podríamos dar todo el lugar que sea necesario para aquella “agenda de Jesús” por medio de la cual Él quiere cumplir su voluntad en nosotros y a través de nosotros a fin de bendecir a otros. De otra forma ¿cómo se cumplirá el propósito divino de extender su reino en nuestro medio?
( Seguiremos)
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