La hiedra que estrangula

A pesar de ser una planta que crece silvestre en Palestina, nunca se menciona en la Biblia.

09 DE ENERO DE 2020 · 18:00

La hiedra (Hedera helix) es una planta trepadora tóxica, sus frutos pueden provocar si se ingieren desde el vómito hasta el coma.,
La hiedra (Hedera helix) es una planta trepadora tóxica, sus frutos pueden provocar si se ingieren desde el vómito hasta el coma.

Poco tiempo después, el rey envió a un anciano de la ciudad de Atenas

para obligar a los judíos a quebrantar las leyes de sus antepasados

y a organizar su vida de un modo contrario a las leyes de Dios, 

para profanar el templo de Jerusalén y consagrarlo al dios Zeus Olímpico,

y para dedicar el templo del monte Guerizim a Zeus Hospitalario,

como lo habían pedido los habitantes de aquel lugar.

Aun para la masa del pueblo era penoso y difícil soportar tantos males.

El templo era escenario de actos desenfrenados y de fiestas profanas, organizadas por paganos que se divertían con mujeres de mala vida

y tenían relaciones con prostitutas en los atrios sagrados.

Además, llevaban al templo objetos que estaba prohibido introducir en él, 

y el altar se veía lleno de animales que la ley prohibía ofrecer. 

No se podía observar el sábado, ni celebrar las fiestas tradicionales,

ni siquiera declararse judío. 

A la fuerza se veía la gente obligada a comer de los animales

que cada mes se ofrecían en sacrificio

para celebrar el día del nacimiento del rey.

Cuando llegaba la fiesta del dios Baco,

se obligaba a la gente a tomar parte en la procesión,

con la cabeza coronada de ramas de hiedra.

(2 Mac. 6:1-7, DHH)

La palabra hebrea que se traduce por “hiedra” no aparece en la mayoría de las versiones bíblicas protestantes. Únicamente se encuentra en el libro histórico apócrifo de los Macabeos (2 Mac. 6:7), recogido en las versiones católicas, así como en Dios Habla Hoy (DHH) y en la Traducción al Lenguaje Actual (TLA). A pesar de ser una planta que crece silvestre en Palestina, nunca se menciona en la Biblia. Después de leer este relato de los Macabeos, resulta comprensible que los hebreos no manifestaran demasiado aprecio por este vegetal trepador. Al dios Dionisio de los griegos (o al Baco de los romanos) se le representaba habitualmente con una rama de hiedra enroscada sobre su cabeza. También a los poetas y a los convidados a los banquetes se les coronaba con ella. Como es una planta vivaz, que conserva sus verdes hojas en invierno, trepando por los troncos yermos de otros árboles que ya las han perdido, se consideraba que la hiedra era un símbolo de la inmortalidad y una promesa de resurrección.

Los egipcios atribuían el descubrimiento de la hiedra al dios Osiris y la preferían a la vid, para realizar sus ofrendas a las divinidades, ya que no perdía las hojas como otros vegetales.[1] Era una planta abundante en los jardines bien regados del Delta y del valle del Nilo. De la misma manera, los romanos también sentían predilección por la hiedra, ya que era una planta trepadora que adornaba las pérgolas y los pórticos de las casas, ofreciendo sombra y protección a sus moradores.

La hiedra común (Hedera helix) es una planta trepadora originaria de los bosques húmedos de Europa, norte de África y Asia, que llega hasta Japón. También está presente en Galilea, al norte de Israel. Pertenece a la familia de las Araliaceae y se considera una especie muy antigua (relicta) que formaba parte de la flora laurisilva de la era terciaria. Sus hojas, como ya se ha mencionado son perennes y han sido usada desde la antigüedad con fines medicinales. En la misma planta suele haber dos clases de hojas diferentes, unas muy lobuladas en las ramas que no producen flores y otras sin lóbulos, en aquellas otras con flores. Los frutos son bayas negras venenosas del tamaño de un guisante, que pueden contener de dos a cinco semillas. No obstante, los laboratorios extraen de la hiedra sustancias como las saponinas, que calman los espasmos, las convulsiones y poseen una acción expectorante y antitusígena.

La palabra griega kháragma, que aparece varias veces en el libro de Apocalipsis (13:16, 17; 14:9,11; 15:2; 16:2; 19:20 y 20:4), significa “tatuaje” o marca impresa en la piel y se usa para indicar la marca impuesta por la bestia con la intención de que nadie pudiera comprar o vender sin ella. Algunos autores creen que esta imagen podría estar relacionada con lo que se describe en el libro apócrifo de la Macabeos, según el cual Ptolomeo IV Filópater marcó a los judíos con la “hoja de hiedra” del dios Dionisio, como señal de identidad idolátrica.[2]

Por último, en su comentario al salmo 15 sobre la usura, el teólogo del siglo XVI, Richard Tumbull, escribió:

“Quien su dinero no dio a usura: Al principio cuando te presta se muestra compasivo y amoroso, y lo hace como si te hiciera un favor; como la hiedra hace con el roble, que al principio parece que tan solo lo abraza cariñosamente, pero poco a poco se va enroscando en su tronco hasta cubrirlo por completo, impidiéndole respirar, y finalmente acaba sorbiéndole todo su jugo. Así hace el usurero con el pobre, primero le abre los brazos, pero cuando los cierra acaba por sorber de él todo su jugo, todo lo que posee y todo lo que tiene. El mayor placer del usurero es el del gato con el ratón, jugar por un tiempo con él hasta acabar dándole muerte y comiéndoselo entero. El usurero hace presa del pobre, lo estruja y crucifica, se viste con la ropa del desnudo, junta sus riquezas a costa de sumir a su vecino en la indigencia, se alimenta del pan de los hambrientos y devora hasta a su propio hermano.”[3] Por desgracia, en pleno siglo XXI, las cosas han cambiado poco y las hiedras siguen todavía estrangulando.

 

Notas

[1] Segura, S. y Torres, J. 2009, Historia de las Plantas en el mundo antiguo, CSIC, Universidad de Deusto, Bilbao, p. 259.

[2] Ropero, A. 2013, Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia, CLIE, Viladecavalls, Barcelona, p. 1601.

[3] Spurgeon, C. H., 2015, El tesoro de David, CLIE, Viladecavalls, Barcelona, p. 308.

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