‘Ni yo te condeno, vete y no peques más’

El silencio de los hombres es cómplice. No existe la neutralidad: es tomar posición a favor del abusador.

21 DE JUNIO DE 2021 · 17:04

,Jesús y la mujer adúltera

El pasaje de Juan 8:1-11 relata el encuentro de Jesús con la mujer adúltera que llevan delante de Él los fariseos. Es un texto claro sobre el maltrato: sexual, social y espiritual hacia la mujer.

 

Veamos algunos puntos que quiero resaltar al respecto:

1. Jesús era hombre. v 9. Salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros. Vemos que la trasmisión de la cultura de la violencia se transmite de generación a generación entre los hombres.
Jesús, como hombre, se levantó en contra de una cultura del maltrato contra la mujer. Esta escena es clara y definitoria. Es hora de que los hombres en la iglesia nos levantemos en contra de la violencia.

El silencio de los hombres es cómplice. No existe la neutralidad. La neutralidad es tomar posición a favor del abusador. Tener miedo es una verdadera vergüenza. Hay mucho miedo enmascarado de espiritualidad a la que le llamamos prudencia, segunda oportunidad.

2.“Ni yo te condenoJesús nos mostró claramente una forma moral de nuestra relación con los demás. Lucas 6: 37-38, no juzgues, no condenes, perdona, da. El “ni yo te condeno” es pura gracia de Jesús. Pero no es una gracia estática, es una gracia en acción, que le lleva a decirle la siguiente frase:

3.“Vete, y no peques más” La gracia empoderó a la mujer maltratada, abusada, acusada para vivir una vida que no tenía que seguir ligada al pecado. No son las normas morales, sino la gracia de Dios la que empodera, da poder, capacita, equipa, para vivir una nueva vida.

La gracia de Jesús la empoderó para iniciar una nueva vida.

 

Implicación para la iglesia hoy. El proceso terapéutico para ayudar a toda persona víctima de violencia de género implica: Compromiso, No abandono, Acompañamiento y Empoderamiento.

Es decir, como iglesia no sólo proclamamos la gracia de Dios, sino que mostramos una gracia activa a través de nuestro compromiso que se traduce en no abandono, acompañamiento y empoderamiento.

 

El análisis de este texto debería llevarnos a orar por dos motivos esenciales:

  • Hacia la sociedad. La violencia se ha convertido en un mal estructural, no coyuntural. Como creyentes discernimos estructuras satánicas de violencia a nivel familiar o de transmisión generacional de hombre a hombre, y eso debe ser erradicado en nuestra nación, por lo que nuestra oración debe ser reenfocada en esta línea.
  • Hacia la iglesia. No podemos ser neutrales. Tenemos que ser ejemplo vivo de una gracia activa hacia las mujeres víctimas de violencia. Orar por el desarrollo de proyectos de apoyo, por recursos materiales y humanos, y sobre todo por un despertar de la iglesia para que nuestras comunidades sean un referente del empoderamiento de la mujer que ha sido víctima; y un ejemplo de familias donde el respeto y amor es una señal de identidad de nuestra fe.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Seneca Falls - ‘Ni yo te condeno, vete y no peques más’