Marjoe, el niño predicador

Marjoe Gortner (1944-2026) se hizo predicador pentecostal a los 4 años, pero acabó haciendo un largomentraje documental sobre cómo falsificaba sus milagros por dinero.

13 DE OCTUBRE DE 2026 · 11:30

Marjoe Gortner  (1944-2026) era un actor de serie B que se hizo predicador pentecostal a los 4 años, pero acabó haciendo un largomentraje documental sobre cómo falsificaba sus milagros por dinero.,
Marjoe Gortner  (1944-2026) era un actor de serie B que se hizo predicador pentecostal a los 4 años, pero acabó haciendo un largomentraje documental sobre cómo falsificaba sus milagros por dinero.

No hay nada nuevo en el fenónomeno de los niños predicadores. Tuvieron de hecho, su auge en los años 40 y 50 en Estados Unidos, pero el más conocido para el público americano era sin duda Marjoe Gortner (1944-2026). Este actor de serie B se hizo predicador pentecostal a los 4 años, pero acabó haciendo un largomentraje documental sobre cómo falsificaba sus milagros por dinero. La película “Marjoe” consiguió un Oscar en 1972, pero volvió a aparecer cuando su directora, Sarah Kernochan, encontró el negativo perdido en 2002. Ahora la quinta esposa de Gortner, Susan Magestro, ha dado a conocer su muerte de un ataque al corazón, el pasado 2 de octubre en Santa Fe (Nuevo Mexico).

Marjoe nació en Long Beach (California) en 1944. Sus padres eran los dos, predicadores, Vernon y Marjorie, tercera generación ya de pastores pentecostales. El nombre de Marjoe es una combinación de María y José –Mary y Joseph–. Su hijo se hace conocido cuando preside una ceremonia de boda a los 4 años, delante de fotógrafos de la revista Life y el noticiero cinematográfico de la Paramount. La ley de California no estableció hasta entonces el mínimo de edad legal para que un ministro celebrara una boda. A partir de ese incidente deberán tener 21 años, por lo menos.

Desde finales de los 40, los Gortner recorren el país, para que el niño hable en reuniones de “avivamiento” en carpas por todo “el cinturón bíblico”. Marjoe aprendió los gestos, las pausas y el ritmo de un sermón de “avivamiento”. Los memorizaba palabra por palabra con sus textos bíblicos y sabía cuando tenía que llorar o gritar. En cada lugar recogían ofrendas y vendían baratijas bendecidas de pretendido poder sanador. Llegan a obtener así, unos tres millones de dólares, cuando a los 16 años el padre desaparece, llevándose el dinero. Según el padre, es Marjoe quien se marcha a los 14 años, a vivir con una mujer mayor, que hace de madre y amante, mientras sus padres siguen viviendo juntos.

Gortner se casa y divorcia en 1969, después de tener una hija, a la que abandona. Aterriza en San Francisco en medio de la contracultura “beatnick”. Se deja melena como un “hippie” y se mueve en el ambiente del rock. Toma drogas y persigue chicas, pero no tiene nada. Dormía en el suelo de las casas de otros, sin saber qué hacer con su vida, cuando decide dedicarse a lo que sabe: predicar. No porque hubiera encontrado la fe, sino porque era la forma más fácil de conseguir dinero, para él. Era momento también de renovar la escena del evangelismo. Empezó a imitar los movimientos de Mick Jagger y a explotar los trucos que conocía desde su infancia.

Marjoe, el niño predicador

La película Marjoe consiguió un Oscar en 1972, pero volvió a aparecer cuando su directora, Sarah Kernochan, encontró el negativo perdido en 2002.

 

¿Actor?

A principios de los 70 su espectáculo empieza a ser difícil de mantener con su doble vida en Los Angeles. Se marcha a Nueva York cuando tenía unos treínta años. Allí busca a un columnista judío que había en el Village Voice que era DJ en la radio. Le lleva un álbum de recuerdos de su vida, para que haga un reportaje sobre él. El problema es que a Howard Smith sólo le interesaban famosos, pero su chica se interesa por su historia. Quiere hacer un documental sobre él y meterse en el mundo del cine. Sarah Kernochan tenía sólo 24 años. Convence a Howard para hacer una película juntos, que documente la gira final de Marjoe como predicador. Todo iba a ser narrado por la propia voz de Gortner, que explicaría sus manipulaciones detrás del escenario, ante las cámaras.

Kernochan vive todavía, pero Smith murió de cáncer en 2014. Dejaron de ser pareja, pero ella se hizo guionista y grabó un disco para la RCA. Ganó luego otro Oscar en 2002 por un cortometraje documental sobre un artista transexual que actuaba en la calle, “Thoth”. En 2014 cuenta en una entrevista sobre “Marjoe”, que la escena que rodaron contando el dinero de la ofrenda con un pastor, no estaba preparada. La hicieron al final de un pasillo con un objetivo para captar la escena desde lejos, pero sin saber que Gortner tenía todavía el micro encendido.

El documental es impresionante, no tanto por lo que Marjoe admite, como por la forma que engaña a los cientos que asisten a sus reuniones de “avivamiento” en California, Texas y Michigan en el verano de 1971. El equipo le filma predicando y luego en las habitaciones de los hoteles explicando cómo logra que la gente incluso “hable en lenguas”. Nadie era consciente de la falsificación. Todos creían que era un verdadero predicador y que se estaba haciendo un documental en simpatía con el movimiento evangélico. Cuando encuentran a su padre –Vernon–, ni siquiera él, se da cuenta del montaje. No sabían cómo eran los pastores que muestran en las cuatro iglesias. El que predica que “Dios quiere que yo tenga un Cadillac” creían al principio que era sincero. No había sido todavía arrestado de hecho todavía, por llevar coches robados a Mexico.

Las escenas más comentadas de la película son los momentos en que él explica la mecánica con tono didáctico, como a un aprendiz. Hay trucos extraños como unos polvos que con el agua, mezclada con el sudor y el efecto de las luces, hacen aparecer una cruz en su frente en medio del sermón. Explica ante la cámara como calentar a la audiencia coreando “gracias, Jesús” durante diez minutos, hasta llegar al momento en que la gente “hable en lenguas” por sí misma. Dice cuándo llega el momento de intensidad emocional en que hay que pasar la ofrenda y compara friamente lo que dan en cada denominación, como el que establece un cuadro comparativo de estudio de mercado.

Marjoe, el niño predicador

Marjoe era un tipo extraño, no daba confianza, despertaba sospechas, algo que él mismo explotó como actor de serie B.

 

¿Personaje?

Gortner fue objeto de una extensa biografía, escrita al año siguiente de aparecer la película (The Life of Marjoe Gortner 1973). Su autor, Steven Gaines, trabajaba en una pequeña galería de subastas en 1971 cuando conoció a Marjoe en el Max´s Kansas City de Nueva York –el club y restaurante donde se reunía la “factoría” de Andy Warhol y nace el “glam-rock”–. Su posterior carrera cinematográfica y de televisión ha sido documentada en otro libro por John Harris, habitual colaborador del director de terror George Romero (Wildcat! The Films of Marjoe Gortner).

Marjoe era un tipo extraño. No daba confianza. Despertaba sospechas a cualquiera que le conociera, algo que él mismo explotó en sus papeles de cine B desde que apareciera en “Terremoto” (1974). En la película de “destrastres” hace de soldado de la Guardia Nacional que conocemos en una tienda de alimentación con malas maneras y luego engaña a la mujer que interpreta Victoria Principal. Ese papel de villano lo repite a menudo. Hizo después de “Marjoe” un reportaje para la revista pornográfica Oui sobre el niño gurú Maharaj Ji, una fotonovela de una “Visión Bíblica” para la publicación “porno” Hustler y un disco con el titulo que él mismo se da en el documental, “Malo, pero no malvado”. Sale en el piloto de la serie “Kojak” y aparece como terrorista predicador en la de “Airwolf”. Es el mediúm psicótico corrupto de “Falcon Crest”. Como tantos actores mediocres, lo que se le da bien es hacer de sí mismo.

Kernochan le recuerda como “un paranóico del que no te podías fiar, siempre estaba muy tenso”. La principal preocupación de la directora en el rodaje de “Marjoe” era que no pareciera tan desagradable. No quería presentarle como alguien despreciable. La clave para ella era contar los abusos que había sufrido de pequeño. Así la gente podría empatizar con él. Según él, le metían la cabeza bajo el agua o una almohada, cuando se cansaba de ensayar sus sermones. Dice que la visión que había tenido en el baño a los 2 años era creación de sus padres, algo que él repetía, aunque no lo creyera.

La impresión que da él en la película –según Christianity Today en 1972– es de “un joven confuso y egocéntrico, formado a así mismo, reprimiendo su esquizofrenia”. Se presenta como un “cínico no creyente, que sin embargo, es adicto a la religión”. Ya que dice en la película que “si tuviera que elegir una religión cristiana en la que creer –y doy gracias a Dios, que no tengo que hacerlo–, escogería la fe pentecostal”.

Marjoe, el niño predicador

Marjoe se hace conocido cuando preside una boda a los 4 años, delante de fotógrafos de la revista Life y el noticiero cinematográfico de la Paramount.

 

¿Verdad o falsedad?

Ese aspecto contradictorio de Marjoe es algo que caracteriza a muchos de los que se alejan del mundo evangélico. Su falsificación tiene algo de esa extraña mezcla de creencia y manipulación que encontramos también en el ocultismo, donde el mediúm cree conectar con los espíritus, pero falsifica también sus manifestaciones. Esto es algo que confunde mucho a los que se oponen a estas cosas, porque creen que han encontrado en ellos, la munición que necesitan para enfrentarse a sus enemigos y lo que descubren es que no son material fiable. Son impredecibles.

Un estudioso de las religiones como Traves Warren Cooper sugiere que no era todo manipulación de Gortner. Según su teoría cognitiva de cómo se produce un trance, Marjoe participaba de un ritual colectivo que genera la energía de la masa. No estaba fabricando fraudulentamente ese ambiente, sino que era llevado por él. No estaba fuera de él, sino dentro. Podía conocer la mecánica, pero sentía todavía como real aquello que estaba ocurriendo. Kernochan admira la catársis emocional a la que llegan en esas reuniones, algo que ella no podía conseguir nada más que con la droga.

La directora cuenta en una entrevista que uno de los cámaras estaba molesto con lo que estaban haciendo. Pensaba que estaban ridiculizando a la gente que iba a esas reuniones. Ella se dio cuenta al ver las imágenes que el objetivo distorsionaba los rostros. La ironía es que el cámara con problemas de conciencia, Richard Pearce, llegó a ser director de cine y su película más conocida es “El charlatán” (Leap of Faith 1992) con el cómico Steve Martin imitando a Benny Hinn. Kernochan cree que esa película, sí que muestra a la gente como estupida. Para ella, demuestra la hipocresía de la que hacen gala algunos de sus oponentes.

¿No es cierto que hay algo de autosabotaje en el montaje de Gortner? Kernochan cuenta cómo quitó una escena con una artista amiga suya, que estaba pintando un retrato de él. Le hablaba suavemente en tono maternal, lo que le desarmó emocionalmente, cuando le dijo: “¿Han pensado que quizás Jesús está obrando por medio tuyo?”. Marjoe se quedó sorprendido y confuso, porque diciendo no creer en ello, podía estar siendo usado por aquello precisamente, en lo que decía que no creía.

 

¿Hipócrita?

Decimos que alguien es un hipócrita cuando hace lo que la persona misma condena, pero un hipócrita no es simplemente alguien que es descubierto haciendo algo que no debiera. Esa persona puede ser un idiota, un pecador, pero el verdadero hipócrita es quien hace exactamente lo contrario de lo que cree, no sólo en un momento de debilidad. Es un actor, literalmente –según la palabra, etimológicamente–, alguien que lleva una máscara, cuando por detrás, es alguien muy diferente. Todos somos a veces hipócritas del primer tipo, pero no todos de esa segunda forma.

A diferencia de Elmer Gantry –el personaje del primer Premio Nobel estadounidense en 1927, Sinclair Lewis (1885-1951), que se ha convertido en la lengua inglesa en sinónimo del predicador farsante–, llevado al cine con el único Oscar que consiguió Burt Lancaster en “El fuego y la palabra” (1960), Marjoe no parece tener conflicto interior alguno por lo que hace –en la novela de Lewis, sí–. Lo único que Gortner evita es hablar del pecado y el infierno. Le gusta el sonido de su voz y su actuación, pero no cree una palabra de lo que dice, excepto cuando dice a la gente que saquen el billete más grande del monedero y lo pongan en la cesta. Marjoe no dice que haya perdido su fe de niño, sino que nunca la tuvo. No recuerda creer en Dios, pero eso no le impide hacer dinero con la religión.

Me impresiona la escena en que está en la casa de un pastor y la esposa le dice que la gente le respeta y le escucha, porque se puede confiar en él, cuando otra gente lo que busca es el dinero. Por eso quieren que vuelva y le piden incluso que les sustituya, mientras van a Brasil. Así también en el libro –no en la película– de “Elmer Gantry” sólo hay un pastor mayor en un pueblo que se da cuenta quién es él. Está dando una vuelta con él por el campo, cuando paran con su “circo” itinerante, camino de otro pueblo. Le escucha toda su chachara sobre como le gustaría vivir como él, cerca de Dios, rodeado de la Naturaleza, cuando después de aguantar todo el tiempo en silencio su diárrea verbal, le pregunta: “¿Y usted cuándo perdió la fe?”. Todos los demás personajes están engañados. Y lo más terrible es que Gantry nunca es puesto en evidencia.

Kernochan dice que le “hubiera gustado encontrar un predicador que pareciera honesto, pero no conocieron uno solo”. No obstante cree que “debe haber algunos por ahí”. Cuando su amiga le pregunta a Marjoe en la escena eliminada si Jesús podría estar obrando por él, me acordé de lo que dice Pablo a los Filipenses, que algunos predican el Evangelio por “envidia y rivalidad” (1:15-18). Sin embargo, hay serias advertencias en la Biblia a quien predica por ganar dinero (1 Timoteo 3; 6:10; 2 Timoteo 3:1-9). Esos predicadores hacen daño a la proclamación de los verdaderos predicadores de Jesús. No obstante, falsos predicadores los ha habido siempre.

Marjoe, el niño predicador

Sarah Kernochan hace con 24 años una película con su pareja, Howard Smith, que documente la gira final de Marjoe como predicador.

 

¡No nos engañemos!

Gortner se cansó de su engaño, pero no de la atención y el dinero que recibía. Quiso en cierto sentido librarse de ello, cuando buscó a alguien para hacer la película que descubriera la verdad sobre él, por la que ya no le invitaran más a esas iglesias. Más allá de la charlatanería que evidencia Marjoe, su caso nos muestra cómo nuestras emociones pueden dominarnos, creyendo que son experiencia del Espíritu Santo. “Los deseos de la carne” se muestran en el predicador en ese deseo de llamar la atención y obtener el éxito de decir a la gente lo que quiere oír.

Jesús dice que “no hay nada oculto que no haya de ser manifiesto, ni secreto que no haya de ser conocido y salga a la luz”. (Lucas 8:17). Todos nos debatimos entre la verdad y la mentira, los secretos y sus desvelos, el dilema entre saberlos y descubrirlos, ó saberlos y callarlos. Tememos que nuestra vida sea destrozada por los secretos que albergan nuestro corazon y que a la mínima oportunidad se pueden convertir en seísmos devastadores.

¿Somos lo que decimos? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? “Dios traerá toda obra a juicio, junto con todo lo oculto, sea bueno o sea malo”, dice el Predicador (Eclesiastés 12:14). El sabe lo que hay en nuestros corazones (1 Samuel 16:7) y escucha todas nuestras palabras (Mateo 12:36). Oye y ve todo. No estamos solos con nuestros secretos.

“Hay muchas cosas en la vida que no quiero poner bajo los ojos de Cristo –dice Sproul–. Aunque sé que para Él, nada está oculto. El me conoce mejor que mi mujer. Y sin embargo, me ama. Es lo más maravilloso de la gracia de Dios. Una cosa sería que nos amara, si le podemos hacer creer que somos mejores de lo que somos, pero a Él no le podemos engañar. Sabe todo lo que se puede saber de nosotros, incluso aquello que destruiría nuestra reputación. Conoce en detalle y al momento, cada esqueleto que guardamos en el armario. Y sin embargo, nos ama.”

 

Recibe el contenido de Protestante Digital directamente en tu WhatsApp. Haz clic aquí para unirte.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - mARTES - Marjoe, el niño predicador