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Menno Simons: Escribir bajo persecución (I)

Menno Simons nació en 1496 y murió en 1561. Como tantos sacerdotes en el siglo XVI rompió con las enseñanzas doctrinales de la Iglesia católica romana para adoptar, en su lugar, creencias más bíblicas.

21 DE FEBRERO DE 2014 · 23:00

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El cuerpo de escritos traducidos al castellano de Menno Simons es magro. Tal deficiencia ha comenzado a ser cubierta desde Paraguay, por el Centro de Estudios de Teología Anabautista y de la Paz junto con la Convención de los Pastores de las Iglesias Menonitas de aquél país. Publicaron un libro central en el pensamiento del autor holandés: Un fundamento de fe. Menno Simons nació en 1496 y murió en 1561. Como tantos sacerdotes en el siglo XVI rompió con las enseñanzas doctrinales de la Iglesia católica romana para adoptar, en su lugar, creencias más bíblicas. A diferencia de otros reformadores protestantes/evangélicos (Lutero, Zwinglio y Calvino, preponderantemente) que escribieron trabajos teológicos en la mencionada centuria y han sido traducidos con cierta profusión al castellano, y que además tienen herederos confesionales en el siglo XXI, en el caso de Simons quienes se identifican en Iberoamérica con sus postulados doctrinales cuentan con muy pocos materiales vertidos a la lengua de Cervantes. Simons perteneció en el siglo XVI a la corriente anabautistas pacifista, la que enfatizó fuertemente que los convertidos en discípulos de Cristo deberían conformar comunidades alternativas a los valores éticos y prácticas dominantes en las sociedades de entonces. En su conversión tuvo un rol importante el resultado sangriento del conocido como reino anabautista de Münster en 1534-1535. Menno, quien para ese tiempo había intensificado sus dudas sobre continuar como sacerdote católico, fue identificándose crecientemente con las enseñanzas neotestamentarias sobre la naturaleza de hacedores de paz de los seguidores de Jesús. Las obras completas de Menno Simons, disponibles en holandés, alemán e inglés, tienen una extensión de casi mil cien páginas, y de formato grande, en su versión inglesa. En ésta Un fundamento de fe alcanza una extensión de ciento veinte páginas. Ahora contamos con más o menos un quince por ciento en castellano de la obra total escrita por Menno Simons, si sumamos Un fundamento de fe y otros escritos traducidos que se encuentran dispersos en distintas fuentes, entre ellas el clásico Textos escogidos de la Reforma radical, compilado y editado por John Howard Yoder (Ediciones La Aurora, Buenos Aires, 1972; reeditado en 2007). AunqueMenno Simons había dejado de creer en la ortodoxia católica romana desde antes del 30 de enero de 1536, es en esta fecha cuando abandona el sacerdocio. Comienza entonces una nueva vida como un creyente dedicado al continuo estudio bíblico y cómo aplicar lo aprendido personal y comunitariamente. Él no buscó el liderazgo sino que un grupo de anabautistas le convenció para que aceptara ser su pastor y maestro. El grupo era acusado de sostener los mismos planteamientos apocalípticos violentos de los münsteristas, lo cual carecía de bases ya que antes, y sobre todo después, de la insurrección, dictadura teocrática de Jan de Matthijs y Jan de Leiden, así como su estrepitosa derrota por fuerzas católicas, un sector de los anabautistas había sostenido la vía pacifista. Menno fue bautizado por un líder anabautista, Obbe Philips, quien posteriormente le ordenó al ministerio pastoral en los primeros meses de 1537. Contrajo matrimonio y junto con su esposa (de nombre Gertrude) desarrollaría un ministerio clandestino por veinticinco años. En medio de reuniones caseras, visitas a los creyentes para animarles, subsistir gracias la generosidad de las comunidades anabautistas, huir de sus perseguidores; Menno se dio a la tarea de escribir para discipular a los integrantes de las células que se esforzaban por mantener sus creencias en territorios dominados confesionalmente por las iglesias oficiales, fuesen éstas católica o protestante. No solamente escribió para enseñar y animar a los anabautistas, también lo hizo con el fin de defenderse de sus críticos. En su “Respuesta a Gellius Faber” (1554, The Complete Writings of Menno Simons, Herald Press, Scottdale, Penssylvania, 1984, pp. 623-781), Menno hizo un contraste entre las condiciones en que desarrollaba su labor aquél como pastor luterano y él bajo constante persecución. Ante el hecho de que Faber solamente ejercía su ministerio en territorios en los que tenía protección de las autoridades seculares, como anota Juan Driver, Simons le pregunta: “¿Dónde está tu amor y compasión para tus compatriotas? ¿Por qué no predicas en territorios católicos? ¿Por qué no confrontas el edicto imperial, la tiranía y la persecución”. Entre tanto, Simons le describe a Faber cuáles condiciones ha tenido que padecer para pastorear clandestinamente en las comunidades anabautistas: “[…] yo con mi débil esposa e hijos, hemos sufrido por dieciocho años ansiedad, opresión, aflicción, miseria y persecución. Con peligro de mi vida he sido obligado a arrastrar en todas partes una existencia de temor. Sí, cuando los predicadores reposan en cómodas camas y sobre mullidas almohadas, nosotros generalmente tenemos que ocultarnos en lugares apartados. Cuando ellos en bodas y en banquetes bautismales andan de parranda con gaitas, trompetas y laúdes, nosotros tenemos que estar en guardia cada vez que ladra un perro temiendo que pueda haber llegado el funcionario que viene a arrestarnos. Cuando ellos son saludados por todos como doctores, señores y maestros, nosotros tenemos que oír que los anabautistas somos predicadores ilegítimos, engañadores y herejes y somos saludados en el nombre del diablo. Resumiendo: mientras ellos son gloriosamente recompensados por sus servicios con cuantiosos ingresos y buena vida, nuestra recompensa y porción tiene que ser fuego, espada y muerte”. Mediante un decreto el emperador Carlos V (7 de diciembre de 1542) puso precio a la cabeza de Menno Simons. Ofreció una recompensa de cien florines de oro a quien lo entregara a las autoridades. En el decreto se la acusa a Simons de herejía anabautista. No solamente se condenaba en el documento a pena de muerte Menno, la cual podría librar si se retractaba de sus creencias heréticas, sino que también se aplicaría la misma pena a quien le diera protección, le hospedara en su casa, le proporcionara alimentos y diera de beber, conviviera o conversara con él, tuviese sus escritos y/o los distribuyera. Bajo esta persecución Menno Simons escribió, hizo teología en y para el camino. De los contenidos de Un fundamento de fe me ocuparé en la siguiente entrega.

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