De acumular seguidores a multiplicar discípulos

Lo que cuenta no es cuántos vienen detrás de nosotros, sino quiénes están creciendo y qué será de la misión cuando ya no estemos.

29 DE OCTUBRE DE 2026 · 12:45

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Foto de Keren Fedida en Unsplash

“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).

Quienes llevamos responsabilidades en la Iglesia en España deberíamos hacernos una pregunta incómoda: si el cumplimiento de la Gran Comisión en nuestro país dependiera de los discípulos que estamos formando ahora mismo, ¿qué tendría que cambiar?

Durante años hemos medido el éxito por la gente que reunimos, el crecimiento de la iglesia o la solidez de la organización. Nada de eso es malo. Pero hay otra pregunta que importa más: ¿estamos acumulando seguidores o multiplicando discípulos?

Se puede tener a mucha gente alrededor y no haber preparado a nadie para seguir a Jesús, asumir responsabilidad en su misión y ayudar a otros a hacer lo mismo. Lo que cuenta no es cuántos vienen detrás de nosotros, sino quiénes están creciendo y qué será de la misión cuando ya no estemos.

 

El riesgo de construir alrededor de uno mismo

Vivimos en una cultura que premia la visibilidad y la influencia, y la Iglesia no es inmune. Es fácil que un ministerio crezca en asistentes y a la vez dependa cada vez más de una sola persona. Si todas las decisiones pasan por el mismo líder, si siempre predican las mismas voces o si los jóvenes casi nunca tienen oportunidades, es probable que tengamos seguidores, pero no discípulos que se reproduzcan. El problema llega cuando mantener lo construido nos ocupa más que preparar a quienes lo continuarán.

 

Elías tuvo que salir de la cueva

En el Carmelo, Elías vivió uno de los momentos más grandes de su ministerio. Poco después lo vemos huyendo, agotado, escondido en una cueva. Allí Dios le pregunta: “¿Qué haces aquí, Elías?” (1 Reyes 19:9).

Dios atiende primero su fragilidad (comida, descanso, confusión…), después le habla y lo alienta. No se limita a pedirle más esfuerzo; lo devuelve al camino y le manda llamar a Eliseo. Elías creía que solo quedaba él, y Dios le muestra que hay siete mil fieles. No faltaba gente; Elías había empezado a enfocar la misión desde la soledad. Cuando creemos que todo depende de nosotros llegan el agotamiento y la dificultad para compartir responsabilidades. La misión de Dios siempre es demasiado grande para una sola persona.

Por eso necesitamos Eliseos.
 

Jesús no buscó simplemente “seguidores”

Jesús estuvo rodeado de multitudes, pero no organizó su ministerio para conservarlas. Dedicó buena parte de su tiempo a formar a unos pocos. Su invitación fue: “Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19).

No les dijo “venid a escucharme”, sino “venid conmigo, aprended y preparaos para participar en lo que yo hago”. Pronto les dio responsabilidad. Los envió a predicar antes de que estuvieran totalmente preparados. Aprendieron sobre la marcha: ven, observa, participa, asume una tarea, vuelve, aprende y sal de nuevo. El aula era el camino.

 

Pablo y la multiplicación

Pablo piensa igual. En 2 Timoteo 2:2 aparecen cuatro generaciones en un solo versículo: Pablo, Timoteo, personas fieles y otros después de ellas. Es una cadena reproductiva. Pablo no se fija solo en lo que Timoteo sabe, sino en lo que podrá transmitir y en las personas que ellos formarán a su vez. Ahí está la diferencia entre sumar y multiplicar. Sumar pregunta cuántas personas puedo alcanzar. Multiplicar pregunta cuántos discípulos puedo formar para que formen a otros.

Podemos tener buenos cursos y programas y que apenas se reproduzca nada. La multiplicación empieza cuando lo que recibimos no se queda en nosotros.

 

Lo que España necesita

La sociedad española ha cambiado mucho: secularización, pluralidad religiosa, movilidad internacional y una distancia creciente con el lenguaje religioso de siempre. Aun así, las preguntas de fondo siguen ahí: el sentido de la vida, la identidad, la esperanza, lo trascendente.

Hacer un poco mejor lo de siempre no será suficiente. Hacen falta nuevas comunidades, evangelistas, plantadores y formas misioneras que lleguen donde nuestras estructuras actuales no llegan. Y eso no lo harán unos pocos líderes extraordinarios, sino discípulos que hagan discípulos, formen líderes y abran comunidades nuevas. La Gran Comisión en España no dependerá solo de nuestros púlpitos. Dependerá también de lo que pase en torno a una mesa, en una mentoría o en un grupo pequeño, cuando alguien le diga a otro: “Creo que Dios puede usarte. Ven conmigo”.

 

Otra manera de medir

Seguiremos preguntando cuánta gente viene y cuánto crece la iglesia, pero conviene añadir otras preguntas: • ¿A quién estás discipulando? • ¿A quién das oportunidades reales? • ¿Quién está aprendiendo a hacer lo que tú haces? • ¿A quién le entregas autoridad, y no solo tareas?

Así el éxito deja de medirse solo por cuántos tenemos alrededor y pasa a medirse también por cuántos enviamos más allá de nosotros. Eso supone pasar de los programas a las relaciones de formación y de sumar seguidores a multiplicar discípulos.

Esto es especialmente importante para las nuevas generaciones. Decir que creemos en los jóvenes es fácil; lo difícil es darles sitios donde aprender liderando. Se equivocarán, como nos equivocamos nosotros, pero alguien nos dejó aprender. Quizá nos haga falta una imagen más sencilla del liderazgo cristiano: menos plataforma y más mesa. Alrededor de una mesa se escucha, se descubren dones, se corrige, se ora y se ayuda a alguien a darse cuenta de que Dios también puede usar su vida. La multiplicación empieza cuando dejamos de preguntar “¿quién puede ayudarme a desarrollar mi ministerio?” y empezamos a preguntar “¿a quién puedo ayudar a desarrollar el ministerio que Dios le ha dado?”. Así añadimos valor a cada vida con la que el Señor nos permite trabajar.

 

Volvamos a la pregunta inicial

Si la Gran Comisión en España dependiera de los discípulos que formamos hoy, ¿qué tendría que cambiar? Tal vez tendríamos que pasar de reunir gente alrededor de nuestros ministerios a formarla alrededor de Jesús; de líderes indispensables a líderes que se reproducen; de estructuras que concentran la responsabilidad, a comunidades que reparten la misión; y de hablar del relevo generacional, a compartir de verdad el espacio con la generación siguiente.

Y recordar, sobre todo, que la misión es de Dios y que nuestro privilegio es preparar a otros para participar en ella. Elías tuvo que salir de la cueva, y en el camino encontró a Eliseo. Estoy seguro de que algunos de los evangelistas, pastores, misioneros y plantadores de iglesias que España necesita, ya estén en nuestras congregaciones. Lo compruebo en cada nuevo curso para plantadores que comenzamos. O no los hemos visto, o los hemos visto y todavía no les hemos hecho sitio. Por eso la pregunta final no es cuántas personas me siguen, sino cuántas están aprendiendo a seguir a Jesús y a ayudar a otros a seguirle. El fruto de un ministerio no se mide por la gente que reunimos mientras estamos presentes, sino por los discípulos que siguen haciendo discípulos cuando nosotros ya no estamos.

 

Xoán L. Castro es Director de Red de Multiplicación-Europa.

 

El Encuentro Nacional de Lausana España 2026 tendrá lugar del 20 al 21 de noviembre en Guadarrama. Como anticipo de los temas que se van a tratar, publicamos esta serie de reflexiones sobre el carácter del liderazgo. Puedes tener más información sobre el encuentro y el Movimiento de Lausana aquí.

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