El liderazgo relacional: tomándonos algo juntos

Pablo estaba abatido y Dios no le envió una nueva estrategia. Le envió a Tito.

08 DE OCTUBRE DE 2026 · 11:00

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Foto de Mizuno K en Pexels

Pablo estaba atravesando uno de esos momentos en los que todo parece acumularse. Él mismo lo cuenta sin intentar aparentar fortaleza: “Fuera había conflictos, dentro había temores” (2 Corintios 7:5).

Había presión a su alrededor y temor en su interior. Pero lo que más me llama la atención es cómo continúa: “Pero Dios, que consuela a los abatidos, nos consoló con la llegada de Tito” (2 Corintios 7:6).

Dios consoló a Pablo. ¿Cómo? Llegó Tito.

No ocurrió nada espectacular. Los problemas no desaparecieron de repente. Simplemente llegó una persona. Y aquella persona se convirtió en parte de la respuesta de Dios.

A veces espiritualizamos tanto las cosas que olvidamos algo muy sencillo: Dios también nos ministra a través de las personas. Pedimos al Señor fuerzas, consuelo o renovación esperando que suceda algo extraordinario, cuando quizá lo que necesitamos es un Tito.

Un amigo.

Alguien con quien sentarnos, hablar y contar cómo estamos realmente.

 

Rodeados de personas, pero solos

Una de las paradojas del liderazgo es que podemos estar continuamente rodeados de gente y sentirnos profundamente solos.

Reuniones, mensajes, llamadas, problemas, decisiones, personas que necesitan ser escuchadas… Pero ¿quién escucha al que escucha a todos?

Los datos de Barna en Estados Unidos muestran una realidad preocupante: más de dos de cada cinco pastores dicen sentirse aislados con frecuencia, y solo alrededor de un tercio afirma tener fuera de su congregación a alguien con quien pueda hablar abiertamente de cuestiones personales. Es otro contexto, pero seguramente muchos podemos reconocernos en esa realidad.

El peligro no es solamente estar solos. Es acostumbrarnos a liderar solos.

 

Pablo necesitaba personas

Cuando leemos sus cartas descubrimos que Tito no fue una excepción.

Pablo habla de Timoteo con enorme cariño. A Epafrodito lo llama “mi hermano, colaborador y compañero de milicia” (Filipenses 2:25). Encontramos a Priscila y Aquila, Lucas, Silas, Bernabé y muchos otros.

Solo hay que leer Romanos 16. Está lleno de nombres.

El ministerio de Pablo tenía una fuerte cultura relacional. Viajaba con otros, servía con otros, era animado por otros y también confrontado por otros. Echaba de menos a las personas y celebraba volver a encontrarse con ellas.

Pablo era fuerte, pero no era autosuficiente.

Quizá una parte de su capacidad para soportar tantas presiones estaba precisamente en las relaciones que había construido a su alrededor.

 

La renovación del líder muchas veces tiene nombre

Hablamos mucho de descansar, hacer retiros, leer, formarnos o aprender a gestionar mejor nuestras agendas. Todo eso es necesario.

Pero hablamos bastante menos de algo mucho más sencillo: tener amigos.

Hay conversaciones después de las cuales uno vuelve a casa diferente. El problema sigue ahí, pero nosotros estamos mejor.

Hay amigos que no solucionan nada y, sin embargo, después de estar con ellos sentimos que podemos continuar.

También necesitamos personas que nos confronten. Alguien con suficiente confianza para decirnos: “Creo que aquí te estás equivocando”, “esto te está afectando demasiado” o “necesitas parar”.

Proverbios dice: “Fieles son las heridas del que ama” (Proverbios 27:6).

Un líder sin relaciones sinceras corre el riesgo de terminar escuchándose solamente a sí mismo.

 

Menos agenda y más mesa

Invertimos mucho en desarrollar competencias. Conferencias, libros, cursos, estrategias y herramientas de liderazgo.

Pero quizá deberíamos hacernos una pregunta mucho más sencilla:

¿Con quién me tomo algo sin tener ningún asunto que resolver?

No todo encuentro necesita una agenda. No toda conversación tiene que producir algo. No toda relación debe convertirse en un proyecto ministerial.

Necesitamos personas delante de las cuales podamos dejar de ser por un rato “el pastor”, “el responsable”, “el coordinador” o “el que tiene que saber qué hacer”.

Necesitamos amigos.

Personas con las que compartir mesa, caminar, reírnos, hablar de nuestras preocupaciones y también de cosas completamente normales.

Porque muchas veces la renovación del líder ocurre alrededor de una mesa.

 

¿Dónde están nuestros Titos?

Desarrollar líderes con carácter también significa formar líderes que entiendan que no fueron llamados a caminar solos.

Líderes suficientemente humildes para necesitar a otros. Líderes que cultivan amistades antes de necesitarlas desesperadamente. Líderes que no solamente tienen equipos, colaboradores o seguidores, sino amigos.

Pablo estaba abatido y Dios no le envió una nueva estrategia. Le envió a Tito.

Quizá llevamos tiempo pidiendo al Señor fuerzas para continuar y una parte de su respuesta está mucho más cerca de lo que pensamos.

Puede que tenga nombre.

Puede que tenga teléfono.

Y quizá todo comience con algo tan sencillo como: “¿Nos tomamos algo juntos?”

 

El Encuentro Nacional de Lausana España 2026 tendrá lugar del 20 al 21 de noviembre en Guadarrama. Como anticipo de los temas que se van a tratar, publicamos esta serie de reflexiones sobre el carácter del liderazgo. Puedes tener más información sobre el encuentro y el Movimiento de Lausana aquí.

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