Hacia el quinto centenario del anabautismo: notas bibliográficas (XI)

A partir del 15 de mayo de 1527 tiene lugar el juicio contra Sattler, su esposa y los demás anabautistas presos.

02 DE JUNIO DE 2024 · 22:30

Memorial de Michael Sattler en Rottenburgo./ Wikipedia,
Memorial de Michael Sattler en Rottenburgo./ Wikipedia

Durante su confinamiento Miguel escribió una carta a la comunidad anabautista de Horb, de la que posiblemente recibió invitación para ser su pastor mientras tenía lugar la reunión en Schleitheim, además que Wilhelm Reublin le animó a tomar el cargo.[1] Parte de la misiva dice lo siguiente:

No permitan que nadie les quite el fundamento que está establecido en el texto de las Sagradas Escrituras y que está sellado con la sangre de Cristo y muchos testigos de Jesús […] Sin duda, los hermanos les han informado que algunos de nosotros estamos en prisión; después de que capturaron a los hermanos en Horb, fuimos trasladados posteriormente a Bindsdorf. En ese momento nuestros enemigos nos acusaron de varias cosas y hasta nos han amenazado primero con la horca y luego con la hoguera y la espada. En semejante situación extrema, me sometí completamente a la voluntad del Señor, y me preparé, junto con todos mis hermanos y mi esposa, a morir por causa de su testimonio […] Por lo tanto consideré necesario animarlos con esta exhortación para que nos sigan en la carrera de Dios, para que puedan consolarse con ella y que no desmayen ante la disciplina del Señor. En pocas palabras, amados hermanos y hermanas, esta carta será una carta de despedida a todos ustedes que aman a Dios en verdad y le siguen […] Guárdense de los falsos hermanos; por cuanto el Señor probablemente me llamará a sí mismo, así que tengan cuidado. Espero por mi Dios. Oren sin cesar por todos los presos. Dios sea con cada uno de vosotros. Amén.[2]

Los cargos contra Sattler fueron nueve, y de la lectura de ellos se concluye que quienes los levantaron tenían una imagen muy esquemática del anabautismo, así como prejuicios que distorsionaron su percepción. He aquí las acusaciones: 1) Que él y sus adeptos han actuado en contra del mandato imperial. 2) Que ha enseñado, sostenido y creído que el cuerpo y la sangre de Cristo no están en el Sacramento. 3) Que ha enseñado y creído que el bautismo de infantes no es provechoso para la salvación. 4) Ha desechado el Sacramento de la extremaunción. 5) Ha ignorado a la madre de Dios y a los Santos. 6) Ha iniciado una nueva e inaudita manera de celebrar la Santa Comunión, poniendo vino y pan en una fuente y comiéndolos. 8) Ha abandonado la orden y tomado una esposa. 9) Ha dicho que si los turcos invadieran el país no habría que ofrecerles resistencia y que, si las guerras fuesen justas, preferiría marchar contra los cristianos, [antes que] contra los turcos; lo cual es muy grave, pues antes que a nosotros prefiere al mayor enemigo de nuestra fe.[3]

Es necesario señalar que Sattler estaba en manos de las autoridades austriacas, las que tenían el dominio y la jurisdicción sobre Rottenburgo. El católico rey Fernando de Austria había decretado que el mejor antídoto contra los anabautistas era administrarles el “tercer bautismo”, es decir ahogarles. El mismo rey, al enterarse del juicio a Sattler, comentó que lo mejor sería ahogarlo de inmediato.

A partir del 15 de mayo de 1527 tiene lugar el juicio contra Sattler, su esposa y los demás anabautistas presos junto con él y ella. Al serle presentados los cargos en su contra, Sattler pide se le conceda presentar su defensa. Antes de hacer la misma, él se reúne con sus hermanos y hermanas en la fe para consultarles y ser animado. Las palabras de Margaretha debieron tener especial significado en ese momento crucial.

Fueron juzgados veintiún anabautistas, Miguel y Margaretha entre ellos. Diecinueve recibieron condenas, posiblemente dos personas fueron exoneradas de los cargos por haberse retractado. Cuando a los acusados se les pidió que nombraran un defensor, el grupo rehusó la requisitoria y eligió a Miguel para ser su voz. Los cargos en su contra, excepto uno, estaban relacionados con transgresiones a la doctrina y prácticas del catolicismo romano: la eucaristía, el bautismo, extrema unción, veneración de María y los santos.[4]

Michael Sattler respondió uno por uno a los cargos. Pero era claro que tenía totalmente en contra al sistema político, eclesial y judicial que le señalaba de hereje y enemigo de la corona austriaca. A cada acusación le antepuso un caudal de citas bíblicas. Les exhortó a dirimir la controversia con las Escrituras como base, y que si con ese fundamento le convencían acto seguido él estaría dispuesto a retractarse. Pidió que se estableciera un verdadero diálogo.[5]

Ante la solicitud de Sattler “los jueces rieron y juntaron las cabezas”, por su parte el secretario del ayuntamiento de Ensisheim dijo: “Sí, monje infame, desesperado perverso, ¿quieres acaso que disputemos contigo? ¡El verdugo disputará contigo, créemelo!”.[6] Era claro que quienes lo juzgaron no consideraban a Sattler como un interlocutor válido y a su altura, sino un reo de antemano condenado a muerte.

Cuando uno de los jueces preguntó a Miguel si quería conocer el veredicto del tribunal, él consideró erróneo que juzgaran sus creencias y, sin embargo, estaba dispuesto a padecer las consecuencias por sostener principios contrarios a los oficiales: “Siervo de Dios, yo no he sido enviado para litigar la palabra divina. Hemos sido enviados para dar testimonio de ella; por eso no nos someteremos a ninguna otra ley, puesto que no tenemos orden de Dios en lo que a eso respecta. Pero puesto que no podemos sustraernos al juicio, estamos dispuestos a soportar, por la Palabra de Dios, el padecimiento que se nos impone y se nos pueda imponer, y todo eso en la fe de Jesucristo, nuestro Salvador, mientras haya un aliento en nosotros, a no ser que se nos disuada por medio de las Escrituras”.[7]

Tras deliberar una hora y media los jueces dieron a conocer la sentencia contra Miguel, la más cruenta de las que dictaron ese día: “En el caso del procurador de Su Majestad contra Miguel Sattler, se ha dictaminado que será entregado al verdugo. Este lo llevará a la plaza, en donde le cortará la lengua; luego lo clavará a un carro y allí desgarrará por dos veces su cuerpo con tenazas al rojo. Y luego de haber sido conducido fuera de las puertas de la ciudad, se repetirá cinco veces esto”.[8] Los restos de Miguel Sattler fueron quemados. La sentencia fue cumplida el 20 de mayo de 1527.

Cuatro de los anabautistas sufrieron muerte por decapitación. En cuanto a Margaretha sus jueces la instaron repetidas ocasiones para que se retractara. Ella se mantuvo firme y no cedió a las presiones. Wilhelm Reublin dejó asentado que Margaretha “con gran gozo y fortalecida en su fe aceptó y sufrió la muerte”.[9] La condenaron a ser ahogada en el río Neckar, pereció el 22 de mayo.

Las copias hechas a mano de los Siete Artículos de Schleitheim circularon clandestinamente y sirvieron para consolidar los núcleos anabautistas. No solamente llegaron a manos de los perseguidos sino también de sus perseguidores. En abril, Juan Ecolampadio, reformador en Basilea, le remitió a Zwinglio un ejemplar de la Confesión anabautista. Ecolampadio había recibido el escrito de Juan Grell, pastor entre los campesinos que vivían cerca de Basilea. Poco después otra copia la tuvo Zwinglio mediante Berchtold Haller, de Berna, que había sido decomisada en una redada contra los anabautistas. Para el verano de 1527, Ulrico Zwinglio tenía cuatro copias de los Siete Artículos, que le llegaron de distintas partes.[10]  

 

Notas

[1] J. Denny Weaver, Becoming Anabaptist. The Origins and Significance of Sixteenth-Century Anabaptism, segunda edición, Herald Press, Scottdale, Pennsylvania, 2005, p. 60.

[2] La carta completa en John Howard Yoder, The Legacy of Michael Sattler, Herald Press, Scottdale, Pennsylvania, 1973, pp. 55-63.

[3] Los cargos en John Howard Yoder, Textos escogidos de la Reforma radical, Biblioteca Menno, Burgos, 2016, pp. 160-161.

[4] C. Arnold Snyder, Life and Thought Thought of Michael Sattler, Anabaptist, tesis de doctorado, Hamilton, McMaster University, Ontario, 1981, pp. 163-164.

[5] John Howard Yoder, Textos escogidos…, pp. 161-163.

[6] Ibid. p. 164.

[7] Ibid., pp. 164-165.

[8] Ibid., p. 165.

[9] John Howard Yoder, The Legacy…, p. 79.

[10] Ibid., p. 32.

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