El sueño de Jacob

Dios habita en el corazón del ser humano, no en piedras.

07 DE OCTUBRE DE 2026 · 19:35

Foto: <a target="_blank" href="https://unsplash.com/es/@jzw_ntu">Zhongwei Ji</a>, Unsplash CC0.,
Foto: Zhongwei Ji, Unsplash CC0.

Por miedo a que Esaú cumpliera sus intenciones contra él y aconsejado por la madre, Jacob huye a Harán, ciudad de Mesopotamia, en la Turquía oriental de hoy.

Allí vivía un tío suyo, hermano de la madre, llamado Labán. Al llegar a un lugar llamado Luz pasó la noche, poniendo por cabecera varias piedras. “Y soñó”. (Génesis 28: 12). En sueños se le presentó una escala que llegaba desde la tierra al cielo, por la que subían y bajaban ángeles de Dios.

La escala representaba una comunicación continua entre el cielo y la tierra. Los ángeles que subían y bajaban eran mensajeros de Dios enviados a ejecutar sus órdenes.

Dios habita en el cielo y desde él contempla a los seres humanos que moran en la tierra. En este ministerio sirven los ángeles, que en el sueño de Jacob aparecen subiendo y bajando por la escala portando mensajes divinos para la humanidad.

El sueño de Jacob es el mismo Dios quien lo interpreta. La idea central es su protección al hijo de Isaac: “Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres”. (Génesis 28: 13-15).

Jacob despertó sobresaltado. Le aterró haberse sentido en presencia visible de la divinidad cuando soñaba, y dijo: “¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo”. (Génesis 28: 17).

Jacob consideraba aquel lugar como terrible porque se había sentido cerca de Jehová. Siente el estremecimiento de haberse encontrado con el Superior.

Aquel lugar era casa de Dios, símbolo de la presencia divina, y puerta del cielo, como las puertas del palacio que dan acceso al Eterno.

Ha comprendido que existe una relación especial con Dios. Coloca en sentido vertical la piedra que le había servido de cabecera y la consagra como memoria. Actualmente su acción sería rechazada. Dios habita en el corazón del ser humano, no en piedras.

Este fue el sueño de Jacob.

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Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - El color de mi cristal - El sueño de Jacob