En un Congreso entregado al Papa, cada cual se queda con el suyo

La izquierda y la derecha aplaudieron el discurso de León XIV en un acto inédito en la historia reciente de este país.

08 DE JUNIO DE 2026 · 19:30

León XIV, recibiendo el aplauso del Congreso, este lunes 8 de junio. Foto: Congreso,
León XIV, recibiendo el aplauso del Congreso, este lunes 8 de junio. Foto: Congreso

Hace apenas unos días informamos de que el Congreso de los Diputados acogió la conmemoración del 70 aniversario de la Comisión de Defensa Evangélica, nacida en 1956 para defender los derechos de los protestantes españoles bajo la dictadura franquista. Al acto (en un salón anexo) asistieron líderes evangélicos, representantes institucionales y responsables de asuntos religiosos. Se proyectó un documental, se pronunciaron discursos y el Gobierno anunció que trabaja en la reparación de la deuda histórica con los pastores jubilados que no pudieron cotizar. Aunque hubo una nutrida representación política e institucional, no estuvo el presidente, ni la presidenta del Congreso, ni tampoco los líderes de la oposición.

Este lunes, León XIV pronunció un discurso en el hemiciclo ante el Gobierno y los diputados reunidos en pleno, todos presentes a excepción de los del BNG y Unidas Podemos. Casi nadie quiso quedarse fuera de la foto.

Llama la atención de que en el lugar que tiene la laicidad como eje, donde están los representantes elegidos por el pueblo, se de tribuna a alguien que bajo ningún punto de vista ha sido designado por el pueblo español, y que representa solo a un sector religioso específico de la sociedad española, por muy numeroso que sea.

En un Congreso entregado al Papa, cada cual se queda con el suyo

Bienvenida en el Congreso al monarca vaticano. Foto: Congreso

León XIV expresó a continuación las ideas que, en su todavía corto tiempo al frente del Vaticano, caracterizan su pontificado. Con un estilo conciliador y sobrio, apeló a la historia, la cultura española y europea, a las raíces cristianas que conectan con la fundación de la Unión Europea y la Carta de Derechos Humanos. No hubo menciones a la Biblia o a la persona de Jesús —apenas una apelación al Decálogo— ni citas directas a los evangelios, pero sí afirmaciones claras en cuanto a los valores cristianos. Uno de ellos, el derecho de los padres a educar en sus propios valores a sus hijos.

A destacar de forma especial en su discurso la defensa de la dignidad humana como fundamento previo a cualquier consenso social o decisión de mayorías. “Tal dignidad precede a toda concesión del Estado”, afirmó, en base a una idea que surge de la cosmovisión cristiana: hay algo en el ser humano que ninguna ley puede otorgar ni retirar. Presentó la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, no como dogma confesional sino como “meta de civilización”, ante un Gobierno que aprobó recientemente la Ley de la eutanasia.

El Papa también ahondó en la importancia de la dignidad humana ante las amenazas de la inteligencia artificial en el ámbito militar, en la línea que acaba de desarrollar en su reciente encíclica. León XIV incidió asimismo en la necesidad de abordar la inmigración atendiendo al valor intrínseco del ser humano, y en agotar las vías diplomáticas en los conflictos entre naciones.

En un Congreso entregado al Papa, cada cual se queda con el suyo

El papa León XIV, durante su discurso en el Congreso.

Sin embargo, el discurso adoleció de reconocimiento histórico en uno de sus puntos fuertes: el referido a la libertad religiosa y de conciencia. El Papa hizo una defensa de la libertad religiosa, omitiendo que la Iglesia católica en España ha estado en contra de esta idea desde la Inquisición hasta tiempos muy recientes. Durante siglos, y de forma sistemática durante el franquismo —precisamente el período que los evangélicos reunidos en el Congreso hace unos días recordaban—, la institución que hoy representa fue impulsora de la represión religiosa en este país. Durante el franquismo, con apoyo de la jerarquía católica, se cerraron templos, se persiguió a pastores -alguno fusilado-, se negó el derecho a practicar la fe a miles de ciudadanos. Una autocrítica velada no basta cuando se habla de libertad religiosa ante el parlamento del país donde eso ocurrió.

En un Congreso entregado al Papa, cada cual se queda con el suyo

Aplausos a Prevost tras su discurso. Foto: Congreso

La visita terminó con un hemiciclo unánime en el aplauso. Que el parlamento más fracturado de la democracia reciente aplaudiera a la vez, sin excepción, es en sí mismo un dato que invita a la reflexión. ¿Hay vías de conciliación? León XIV pidió explícitamente “desarmar el lenguaje”. Pero pocos minutos después, los equipos de comunicación de unos y otros ya estaban recortando el fragmento que más les convenía para arrojar en redes sociales a sus adversarios.

Y mientras tanto, setenta años de historia evangélica en España se conmemoraron en una sala del Congreso sin presidenta, sin Gobierno en pleno, sin foto oficial. No lo decimos con amargura. Lo decimos porque en un Estado que se define aconfesional, la coherencia entre el principio y la práctica también es una forma de justicia. Y su ausencia, también es un mensaje.

 

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