Curazao: la cenicienta llega al Mundial cantando de la bondad de Dios

El equipo más pequeño de la historia del torneo cerró su preparación en Holanda cantando juntos “La bondad de Dios” y escuchando el relato de conversión de Kenji Gorré, uno de sus internacionales.

Redacción PD

ESPAÑA · 04 DE JUNIO DE 2026 · 18:30

Jugadores de la selección de Curazao, en un momento de alabanza y adoración. Foto: Facebook Curazao,
Jugadores de la selección de Curazao, en un momento de alabanza y adoración. Foto: Facebook Curazao

La selección nacional de Curazao, que el próximo 14 de junio debutará en el Mundial de fútbol 2026 frente a Alemania, vivió una jornada inusual en el fútbol internacional en los días previos a su viaje a Estados Unidos: una tarde de adoración colectiva y oración en Noordwijk, Países Bajos, organizada junto al movimiento de alabanza y adoración Presence Revival.

Las imágenes saltaron rápidamente a las redes sociales. En los vídeos, jugadores y cuerpo técnico aparecen cantando populares canciones de alabanza como La bondad de Dios (Goodness of God), un himno que el equipo adoptó como canción lema durante toda la fase de clasificación y que ahora, a las puertas del gran torneo, volvieron a entonar juntos.

El récord y la historia detrás del equipo

Curazao hará historia en este Mundial como el país más pequeño, en población y en territorio, en disputar una Copa del Mundo, superando el récord que ostentaba Islandia desde Rusia 2018. Con apenas 156.000 habitantes y una superficie de 444 kilómetros cuadrados, la isla caribeña completó una eliminatoria invicta encabezando su grupo por delante de Jamaica, Trinidad y Tobago y Bermudas. Ahora, en el Grupo E, se medirá a Alemania (14 de junio), Ecuador (20 de junio) y Costa de Marfil (25 de junio).

Pero el protagonismo de estas últimas horas no ha venido del campo, sino de las expresiones de fe.

 

“Dejé ir a Kenji y dejé entrar a Dios”

Durante la reunión en Noordwijk, el extremo Kenji Gorré compartió ante sus compañeros su testimonio de conversión. Gorré, formado desde los seis años en las categorías inferiores del Manchester United y actualmente en el Maccabi Haifa israelí, es también líder del movimiento cristiano deportivo Ballers in God.

Gorré contó cómo se desarrolló su vida desde la infancia, construyendo su identidad enteramente sobre el fútbol. “Cuando el fútbol iba bien, mi vida iba bien. Cuando el fútbol iba mal, mi vida iba mal. Así era mi realidad”, explicó. El primer golpe llegó con dieciocho años, cuando el mítico Sir Alex Ferguson le comunicó que no iba a tener sitio en el primer equipo del United. “Por primera vez me arrancaron la identidad. Todo el mundo me conocía como el chico que jugaba en el Manchester United. Y cuando ese título desapareció, me quedé preguntándome: ¿quién soy yo?”.

La búsqueda de sentido continuó incluso cuando la carrera profesional repuntó. Tras fichar por el Swansea, debutar en la Premier League y más tarde establecerse en el fútbol europeo, Gorré reconoció que nada terminaba de llenarle: “Me dije a mí mismo: quiero ser el mejor en todas las áreas de mi vida. No solo el mejor futbolista, sino el mejor en todo. Y si lo consigo, me sentiré realizado”. Y aunque creía que había llegado a tenerlo casi todo -una relación estable, finanzas saneadas, éxito deportivo-, algo seguía faltando.

Un momento decisivo fue presenciar la muerte de su primo en Holanda. “Estaba allí en aquella habitación y le vi dar su último aliento. Vi su cuerpo, pero él ya no estaba. ¿Dónde está? Mi corazón empezó a hacer preguntas”. Su padre le dijo entonces algo que le marcó: “Cuando estés listo para ver, verás. Cuando estés listo para escuchar, escucharás”.

La pieza que faltaba llegó a través de John Bostock, fundador de Ballers in God, un movimiento de discipulado y evangelismo en el mundo del fútbol. “Me preguntó: ‘Kenji, ¿eres cristiano?’ Le dije que sí, claro, que había nacido cristiano. Entonces me preguntó: ‘¿Cuándo entregaste tu vida a Cristo?’ No entendí la pregunta. Me dijo: ‘¿Has escuchado el evangelio alguna vez? ¿Las buenas noticias?’ Pensé que hablaba de canciones”. Fue en esa conversación cuando escuchó por primera vez, según sus propias palabras, el mensaje de la muerte y resurrección de Jesús aplicado a su vida de forma personal.

“Dejé de poner a Jesús en el asiento de atrás y le puse al volante”

“Vi en él algo que yo no tenía. Ahora sé lo que era: el Espíritu Santo”, explicó. Y desde entonces, Gorré comenzó a buscar activamente, hasta que un día, en su balcón en Madeira, tuvo lo que describió como una revelación: “Dios, tú no estás solo ahí fuera. Estás en mí”. Poco después entregó su vida a Cristo: “Dejé de ponerle en el asiento trasero y le puse al volante. Me dije: suéltate, Kenji, y déjale a Dios. Y desde ese día, mi vida cambió para siempre”.

Ante sus compañeros de selección, Gorré hizo un llamado claro a seguir a Jesús: “Él murió por ti, no solo por mí. Y desea tener una relación contigo”.

Testimonio ante el mayor escenario del fútbol mundial

La escena del equipo completo adorando juntos antes de un Mundial no tiene muchos precedentes en el fútbol internacional. Y en este caso tiene un peso simbólico especial: una nación pequeñísima, que nadie esperaba ver aquí, eligió prepararse para el mayor escenario del fútbol con alabanza y oración.

 

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