Las mujeres piden la “Tierra Sagrada” que les pertenece
La mujer puede sentarse al lado del Maestro y aprender para tener libertad de palabra y de pensamiento.
13 DE OCTUBRE DE 2026 · 17:30
Hace ya tiempo de esta petición y a muchas mujeres de España les puede parecer extraño que lo saquemos ahora, pero creo que sigue teniendo vigencia en nuestra sociedad actual. Las mujeres piden la “Tierra Sagrada” que les pertenece.
Esto dijeron las mujeres pensando en los pueblos del SUR, en los pueblos pobres que habían sido despojados de sus tierras, tierras robadas a sus legítimos propietarios originarios. Era nada menos que el año 2000, un año del Gran Jubileo.
Se pedía la condonación de la deuda externa y la devolución de las tierras robadas, pero ¿qué significaba para las mujeres la petición de la “Tierra Sagrada” que les pertenecía?
No. No solo pedían una porción de tierra física. Por eso creo que esta petición también puede ser interesante y válido para la mujer hoy en el mundo y en España. “Tierra Sagrada”, demasiado sagrada para esas mujeres de los pueblos del SUR en los años 2.000.
¿Qué “Tierra Sagrada” es esa? Tierra para ellas sacrosanta: “Era la tierra de la palabra, del pensamiento, del poder, de la capacidad de decisión y de la presencia pública en la política, la economía, las iglesias”.
Sí. También la “Tierra Sagrada” de las iglesias, allí donde predominaba el machismo y el patriarcalismo, allí donde en muchos lugares sacrosantos les quitaban la tierra de la palabra y del pensamiento.
Pregunta: ¿Puede tener esto hoy día, en nuestro aquí y nuestro ahora, alguna connotación con la petición de esa “Tierra Sagrada” que proclamaban las mujeres pobres del año 2.000?
¿Reclaman hoy muchas mujeres en pleno siglo XXI algo de esa “Tierra Sagrada”? ¿Acaso hoy también hay silencios cómplices y comportamientos sociales que siguen quitando a las mujeres la tierra de la palabra y del pensamiento? ¿Hay también comportamientos religiosos en nuestros días que quieren reducir a la mujer a un espacio silente?
Otra pregunta clave e importante: ¿Seguimos teniendo una imagen patriarcal del mismo Dios? ¿Es que, acaso, influye esta imagen patriarcal en comportamientos machistas y patriarcalistas todavía existentes?
Es curioso que desde ese clamor de la devolución para ellas de su “Tierra Santa”, quieran devolver la dignidad no solo a la mujer, pues en muchos lugares la pobreza tiene rostro de mujer dando lugar a la feminización de la pobreza, sino que la unen a la dignificación de la tierra en general, pues la explotación de la tierra la veían unida al concepto de explotación, marginación y exclusión de la mujeres de esos bienes que la tierra da para todos.
Parece como si en la petición de que se les devuelva su “Tierra Sagrada” que a ellas pertenece, incluyendo la tierra de la palabra y del pensamiento, vieran que el maltrato de la tierra es un maltrato ecológico egoísta e insolidario que necesita la mano y sensibilidad de las mujeres en defensa de la tierra.
El maltrato de la naturaleza no es solo un simple problema ecológico sino que se convierte en un maltrato de la raza humana.
Hay que volver a la imagen de un Dios menos patriarcalista y más integral, más cósmico, menos antropocéntrico y, sobre todo, menos androcéntrico. No. El hombre masculino no es el ser superior que pueda someter a la mujer ni considerarla como un ser inferior y secundario.
Quizás deberíamos leer un poco más la Biblia en clave de mujer, pensando también en la parte femenina que conlleva también el ser hombre.
Recordemos que la mujer en tiempos de Jesús estaba en el grupo de los marginados, en el grupo de aquellos cuya palabra no tenía credibilidad, en el grupo de los pobres y faltos de dignidad humana. Jesús reivindica y trata a la mujer de una forma que a veces olvidamos.
No. La mujer no es un objeto poco valioso, inferior al hombre y de la que se puede abusar. La mujer puede sentarse al lado del Maestro y aprender para tener libertad de palabra y de pensamiento.
No nos opongamos a dar a la mujer la “Tierra Sagrada” que reclaman, “La tierra de la palabra, del pensamiento, del poder, de la capacidad de decisión y de la presencia pública en la política, la economía, las iglesias”.
Alguno, quizás, al leer esto pueda decir: Eso ya no es necesario decirlo, pues la mujer en el mundo y en la iglesia ya tiene plena libertad para retomar la tierra de la palabra, del pensamiento, del poder… Y yo diría: Ojalá que así fuera y este ya sea un escrito innecesario en todo el mundo porque las problemáticas de la mujer de las que hablamos ya fueran cosa del pasado.
Que ya nadie les pudiera robar su “Tierra Sagrada”.
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