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Miguel, Margaretha Sattler y la Confesión de Schleitheim (1)

La persecución llevó a los anabautistas a reunirse para concordar los puntos esenciales de su fe, puntos cuya defensa les costaría la vida.

KAIRóS Y CRONOS AUTOR Carlos Martínez García 14 DE OCTUBRE DE 2017 21:00 h
La Confesión de Schleitheim. / Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=386917.

La persecución en contra de los anabautistas les llevó a reunirse para concordar los puntos esenciales de su fe. Puntos cuya defensa les costaría la vida, ya que los consideraron esenciales y necesarios de guardar ante los embates hostiles que les llegaban de distintos flancos. Los núcleos anabautistas de Suiza y el sur de Alemania, bajo el liderazgo de Michael Sattler, acordaron reunirse en el poblado de Schleitheim, localizado en la frontera suizo-germana, al noroeste de Schaffhausen.



Tras el asesinato de Félix Mantz, narrado en el capítulo anterior, en los primeros días de 1527, es claro que los perseguidos debían hacer algo para darle cierta seguridad a la continuidad de su movimiento. Es entonces cuando Sattler anima a la organización de una asamblea en Schleitheim, a la que llegan enviados de distintos círculos anabautistas suizos y del sur de Alemania. El resultado de los acuerdos es un documento fechado el 24 de febrero, conocido después como la Confesión los Artículos de Schleitheim.



Antes de ocuparme de la reunión y el acuerdo resultante de la misma, es pertinente aportar información sobre la pareja formada por Margaretha y Miguel. Son escasos los datos concernientes a la infancia y juventud de Miguel Sattler. Nació en Staufen, en el Breisgau, cerca de Friburgo, en fecha desconocida, aunque algunos biógrafos han dado el año 1490 como el de su natalicio.1 Igualmente es desconocida su trayectoria escolar. Ingresó al monasterio benedictino de San Pedro, en Friburgo, del que llegó a ser prior.2



La orden de los benedictinos fue originada por Benito de Nursia, más conocido como San Benito, en el siglo VI. El fundador legó principios de organización y vida de los monjes que están contenidos en la Regla de San Benito.3 La frase ora et labora refleja el principio de profunda espiritualidad, meditación y también aprecio por las actividades cotidianas de las comunidades benedictinas para procurarse el sustento. En los benedictinos se practicaba la lectura y meditación bíblica. Se leían las Escrituras en su traducción al latín (la Vulgata Latina), y autores que la explicaban, por lo que “Miguel Sattler habría sido introducido a la interpretación monástica de la Escritura que databa del periodo patrístico”.4 El monasterio de San Pedro había comenzado un proceso de reforma entre 1519 y 1520, y probablemente Sattler era favorable al citado proceso.5



Friburgo era conocido por su famosa universidad, y “enérgica defensa de la ortodoxia católica y por la represión severa de los disidentes protestantes. Sattler pudo haber asistido a las conferencias aquí antes de hacerse monje, aunque no hay constancia de su matriculación en la universidad”.6 En la Universidad de Friburgo, Lutero tuvo seguidores entre profesores y estudiantes, por otra parte la expansión del luteranismo enfrentaba muchas dificultades en la región porque el emperador Carlos V delegó en 1522 el control de la zona a su hermano el archiduque Fernando, “un Habsburgo y católico militante”.7 ¿Qué tanto conoció Sattler de la influencia de Lutero en algunas células universitarias?



Sattler dejó el monasterio y no ha sido posible documentar las razones que le llevaron a tomar la decisión. No se tienen datos de su “camino hacia la fe evangélica”, como dice John Howard Yoder.8 Pero al parecer abandona el monasterio el 12 de mayo de 1525, el mismo día que la revuelta desatada por los campesinos toma el lugar. Viajó por la zona de Waldshut/Shaffhausen, en la que había un considerable número de anabautistas.9 No es posible precisar si durante este tiempo se casa con Margaretha, lo hace cuando se traslada a Zúrich, o tras verse obligado a salir de tal ciudad,



Aunque hay ciertos indicios de la presencia de Miguel Sattler en Zúrich antes del 18 de noviembre de 1525, es con certeza que se puede confirmar su estancia en la ciudad a partir del mes aludido. Entonces abjura de su incipiente anabautismo, es liberado y expulsado tras pagar una multa. En los meses posteriores a la salida de Zúrich, Sattler se alojó en casa de Hans Kuenzi, un campesino anabautista del Oberglatt (poblado cercano a la frontera suiza con Alemania), donde aprende el oficio de tejedor.10 Es en el verano de 1526 cuando Sattler adquiere “compromiso de lleno con la causa anabautista, comienza a predicar, enseñar y bautizar en las mismas villas suizas en las que antes habían tomado las armas los campesinos”.11



Hacia el otoño de 1526, Miguel Sattler se instala en Estrasburgo, donde encabezaban el movimiento reformista Martín Bucero y Wolfgang Capito. Estrasburgo era una ciudad estratégica, la mayor del territorio imperial de Alsacia, ubicada en el río Rhin y en la principal ruta europea por tierra para comunicar este y oeste. Estrasburgo se caracterizaba por su efervescente comercio y actividades productivas, tenía 20 mil habitantes (mientras Wittenberg apenas dos mil cuando Lutero llegó a dar cursos universitarios), aunque era una ciudad imperial mantenía estatus de independencia.12



En 1523 el predicador más famoso de Estrasburgo, Matthis Zell, comenzó a proclamar en la catedral “el mensaje evangélico, provocando entusiasmo y atrajo más y más clérigos líderes a su causa”.13 Paulatinamente, como lo hizo Ulrico Zwinglio en Zúrich, ganó apoyo entre los patricios y autoridades hasta que se identificaron y se hicieron “evangélicos convencidos. Finalmente prohibieron la celebración de la misa en 1529”.14 Para el tiempo en que llega Miguel Sattler a Estrasburgo, la urbe tenía restringida tolerancia con los anabautistas y por lo mismo, aunque con limitaciones, podían reunirse y difundir sus creencias.



Bucero, fraile dominico, estudió en la Universidad de Heidelberg. Como muchos de sus contemporáneos con preparación teológica fue en entusiasta seguidor de Erasmo de Róterdam. El 26 de abril de 1518 escuchó fascinado a Lutero exponer sus argumentos en la llamada Disputa de Heidelberg. Al día siguiente conversó con el profesor de Wittenberg y tuvo oportunidad de conocer de propios labios de Lutero las razones de su enfrentamiento con Roma.15 En 1521 “adoptó el luteranismo y en 1523, habiendo asegurado dispensa papal de sus votos monásticos, contrajo matrimonio”, en el mismo año cambió de residencia a Estrasburgo.16



Bucero mantuvo puntos teológicos comunes con el reformador de Wittenberg, pero también tuvo diferencias con él, por ejemplo en cuanto a la Cena del Señor. A diferencia de Lutero, que consideraba en la Cena tenía lugar la consubstanciación del pan y el vino (había presencia de Cristo en tales elementos), para Bucero el sacramento era un símbolo conmemorativo del sacrificio de Cristo. Coincidía con Lutero en que las marcas de la verdadera Iglesia eran la correcta impartición de los sacramentos y la fiel exposición de la Palabra de Dios, y Bucero agregaba un tercer elemento; la disciplina, entendida como “el ejercicio de la disciplina de amor sobre sus integrantes, independiente de la disciplina secular que las autoridades territoriales deben imponer sobre sus ciudadanos o súbditos”.17



Junto con Bucero desempeño un papel importante Wolfgang Capito en la reforma eclesiástica de Estrasburgo. Hizo estudios en Ingolstadt, Heidelberg y Friburgo, recibió la ordenación sacerdotal y en 1513 se mudó a Basilea, donde estableció contacto con Erasmo de Róterdam.18 Él había sido provoste del capítulo de Santo Tomás, avezado hebraísta, con doctorado en derecho canónico y teología.19 En 1523 “se unió a la causa de los protestantes”.20 Compró la ciudadanía de Estrasburgo en julio de 1523. Escribió a favor de que los clérigos ciudadanos debieran obedecer las directrices de las autoridades, ya que las mismas les protegían y estaban favoreciendo el movimiento reformador. Estaba convencido que la libertad de los sacerdotes de las obligaciones civiles era “contra Dios, contra el amor a los prójimos, contra todo sentido de juego limpio, contra la naturaleza humana y la razón, en detrimento de toda la comunidad”.21 A fines de diciembre, Capito elogió que los protestantes en Estrasburgo podían predicar “libremente, sin ser molestados y sin miedo”.22



Como sucedió en otros lugares, en Estrasburgo los anabautistas confrontaban el modelo de Iglesia territorial/confesión oficial. Sus cuestionamientos bíblicos y teológicos eran retos tanto para teólogos como para los gobernantes. El anabautismo desafiaba “una suposición básica de la Iglesia agustiniana: que el cristianismo debería abarcar a toda la sociedad, bautizar a todos los miembros de la sociedad, aceptar muchas de las instituciones estructurales de la sociedad, como la guerra y la propiedad privada”. Los anabautistas cuestionaban “la alianza del emperador Constantino I con la Iglesia en el siglo IV, insistían que los cristianos regresaran a ser una comunidad minoritaria, elegida por Dios para su gloria mediante el sufrimiento en el caído y malvado mundo”.23



En el verano de 1526, antes de la llegada de Sattler a Estrasburgo, Capito había señalado a los anabautistas porque “consideraban el magistrado una institución no cristiana, de tal manera que minaban la constitución cívica, y solamente reconocen como hermanos a los rebautizados”.24 Si bien los reformadores de Estrasburgo, como menciona Snyder, permitían que los anabautistas practicaran bautizos de acuerdo a sus convicciones, no aceptaban el separatismo que desconocía obligaciones civiles y políticas.



En las semanas que Sattler permaneció en Estrasburgo estaban ahí Hans Denck y Ludwig Hätzer. Denck fue obligado a salir de la ciudad el 24 de diciembre de 1526 y Hätzer alcanzó a Denck a principios de febrero en Worms.25 A finales de diciembre de 1526 o inicios de enero de 1527 Miguel Sattler escribió a Bucero y Capito para solicitarles que correligionarios anabautistas fueran liberados de la cárcel. Se hallaban bajo encierro los extranjeros Jacobo Gross, Matías Hiller y Wilhelm Echsel; Tucher y Ziegler eran ciudadanos de Estrasburgo.26



Antes de hacerles llegar la carta, Sattler intercambió puntos de vista con Bucero y Capito. De la misma forma tiene base considerar el escrito a los reformadores de Estrasburgo como producto de conversaciones entre los anabautistas de la ciudad a las que Sattler dio expresión redactándolas. Miguel dirige la misiva a “sus amados hermanos en Dios, Capito y Bucero, y a otros que aman y confiesan a Cristo de corazón”.27 Más adelante recuerda a los reformadores que les expuso con “fraternal moderación y amabilidad varios asuntos, los cuales junto con mis hermanos y hermanas hemos entendido en las Escrituras, sobre todo en el Nuevo Testamento”. Entonces, evocaba Sattler, Bucero y Capito también mostraron moderación y amabilidad, tal como Pablo (1 Timoteo 1:5) escribió acerca de que el amor es el mandato principal.



Sattler expuso en veinte breves puntos, cada uno tiene máximo tres líneas, la supremacía de Cristo como Salvador, Reconciliador y Señor, el bautismo debe recibirse tras haber creído en la obra de Cristo, los creyentes deben reflejar en sus vidas que se “conforman a Cristo”, la comunidad creyente está llamada a ser diferenciarse de los valores mundanos, vivir de acuerdo a los principios de Cristo traerá rechazo y hasta odio de los del mundo. El punto veinte es tajante “No hay nada en común entre Cristo y Belial”.



Les anunció Sattler a los destinatarios de la carta que saldría de Estrasburgo porque “tal y como lo entiendo, no puedo permanecer aquí sin deshonrar a Dios, por lo tanto y en conciencia debo unirme al campo de la oposición”. Aboga por lo presos, que según Bucero y Capito están en error. Si fuere así, lo correspondiente, afirma Sattler, sería instruirles pero no coercionarlos, ya que obligarlos mediante penas crueles es contrario al Espíritu de Cristo. La carta de Sattler refleja “el crecimiento posterior de la visión original de [Conrado] Grebel. El anabautismo de los separados, la minoría perseguida comenzaba a asumir contornos definitivos”.28



Satller salió voluntariamente de Estrasburgo para dirigirse a Lahr, Alemania. De su paso en esta población quedó constancia en una carta (7 de febrero de 1527) del pastor Jacobo Ottelinus a Martín Bucero, en la que el primero informa sobre el crecimiento de la “amenaza anabautista” en Lahr y alrededores. Ottelinus consideraba que los anabautistas son los más perniciosos, y afirma que Sattler es “el más testarudo de todos […] El es, de hecho, terrible horrible y de voz impetuosa cuando se arraiga en su insolencia”.29 Ottelinus hizo la narración de lo sucedido con un matrimonio que era de su feligresía. Menciona que el varón, un hombre piadoso, no había sido seducido antes por los impostores anabautistas. Sin embargo, por “instigación de Miguel” rechazó que su bebé recién nacido fuera bautizado. Las autoridades ordenaron que se cumpliera con la ceremonia de bautismo “de acuerdo a nuestras costumbres”.30



Pocos días después de la carta de Jacobo Ottelinus, Miguel Sattler emprendió camino hacía Schleitheim, es factible que le acompañara su esposa Margaretha. La reunión que tendría lugar fue organizada por los “principales grupos del sur de Alemania y los anabautistas suizos […] en Schleitheim, una pequeña ciudad en la frontera germano-suiza”.31 La reunión fue citada y desarrollada secretamente. Se conoció de su realización mediante comunicaciones verbales, ya que los convocantes sabían que sus perseguidores andaban tras ellos. Un mes antes había tenido lugar la ejecución, por ahogamiento, de uno de los primeros líderes de los “Hermanos suizos”, Félix Mantz. Por lo tanto había que andarse con cuidado y dar pasos sigilosos para asistir a la reunión en la que se discutiría el rumbo del movimiento.



 



Notas



1 C. Arnold Snyder, Life and Thougth of Michael Sattler, Anabaptist, tesis de doctorado, Hamilton, Ontario, McMaster University, 1981, p. 6; John Howard Yoder (traductor y editor), The Legacy of Michael Sattler, Scottdale, Pennsylvania, Herald Press, 1973, p. 10.



2 C. Arnold Snyder, Life and Thought…, p. 7.



3García M. Colombás (introducción y comentario), La Regla de San Benito, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 2000.



4 C. Arnold Snyder, Life and Thought…, p. 52.



5 C. Arnold Snyder, Anabaptist History and Theology: An Introduction, tercera reimpresión, Kitchener, Ontario, Pandora Press, 2002, p. 60.



6 William R. Estep, Los anabaptistas, revolucionarios del siglo XVI, Farmington, New Mexico, 2008, Publicadora Lámpara y Luz, p. 68.



7 Arnold Snyder, Life and Thought…, p. 59.



8 John Howard Yoder (compilador), Textos escogidos de la Reforma radical, Burgos, España, Biblioteca Menno, 2016, p. 145.



9 Arnold Snyder, Life and Thought…, p. 137.



10 William R. Estep, op. cit., pp. 69-70.



11 Arnold Snyder, Life and Thought…, p. 138.



12 Diarmaid MacCulloch, The Reformation, A History, New York, Viking-Penguin Group, 2004, p. 175; Judith O’Neill, Martín Lutero, Madrid, Ediciones Akal, 1991 p. 12.



13 Diarmaid MacCulloch, op. cit., p. 175.



14 Idem.



15 Martin Greschat, Martin Bucer. A Reformer and His Times, Louisville-London, Westminster John Knox Press, 2004, pp. 26-27.



16 F. L. Cross y E. A. Livingstone (editores), The Oxford Dictionary of the Christian Church, tercera edición, Oxford-New York, Oxford University Press, 1997, p. 246.



17 Diarmaid MacCulloch, op. cit., p. 175.



18 F. L. Cross y E. A. Livingstone, op. cit., p. 284.



19 Steven E. Ozment, The Reformation in the Cities. The Appeal of Protestantism to Sixteenth-Century Germany and Switzerland, New Haven-London, Yale University Press, 1975, p. 86.



20 Idem.



21 Ibid., p. 87.



22 Ibid., pp. 136-137.



23 Diarmaid MacCulloch, op. cit., p. 179.



24 Arnold Snyder, Life and Thought…, p. 142.



25 John Howard Yoder, The Legacy…, p. 18-19.



26 Arnold Snyder, Life and Thought…, p. 143 y 152.



27 Texto de la carta en John Howard Yoder, The Legacy…, pp. 21-24.



28 Arnold Snyder, Life and Thought…, p. 149.



29 Ibid., p. 150.



30 Ibid., p. 151.



31 Pamela Johnston y Bob Scribner, La reforma en Alemania y Suiza, Madrid, Ediciones Akal, 1998, p. 117.


 

 


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