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Alfredo Pérez Alencart
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Dos poemas de Dietrich Bonhoeffer, escritos en el cautiverio

Una nutriente poesía teológica podrá ‘descubrirse’ cuando los creyentes se adentren en los versos escritos por Dietrich Bonhoeffer (1906-1945). Hay, qué duda cabe, profunda teología en los ejercicios poéticos que el mártir alemán.

BARRO DEL PARAíSO AUTOR Alfredo Pérez Alencart 17 DE MARZO DE 2016 19:05 h
bonohoeffer, colours,

Una nutriente poesía teológica podrá ‘descubrirse’ cuando los creyentes se adentren en los versos escritos por Dietrich Bonhoeffer (1906-1945). Hay, qué duda cabe, profunda teología en los ejercicios poéticos que el mártir alemán, el apasionado lector de los Salmos, nos dejó como legado. Cómo, sino de magníficos, se podrían estimar estos últimos cuatro versos del último poema escrito por él, semanas antes de su ejecución: “Maravillosamente protegidos por poderes bienhechores,/ esperamos confiados lo que venga./ Dios está con nosotros mañana y noche,/ y ciertamente en cada nuevo día”.



Pero antes hay que limar prejuicios hacia la Poesía, algo inaudito, cuando la Biblia contiene libros y más libros escritos en lenguaje poético. Una errada educación en el propio seno de las Iglesias evangélicas ha generado casi el mismo rechazo o desdén que en el ámbito secular se tiene hacia la poesía. Increíble que esto suceda entre los que somos, según la Biblia, “poesía de Dios”, entre los que decimos seguir al ‘Verbo hecho carne’, magnífico Poeta en sus hechos y parábolas.



En la última carta conocida de Bonhoeffer, escrita a sus padres desde los calabozos de la Seguridad del Estado situados en la calle Prinz Albrecht, de Munich, y fechada el 17 de enero de 1945, el teólogo y poeta les confieza: “…Durante estos dos últimos años he aprendido con qué poco se las arregla un hombre… Si tenemos en cuenta que muchas personas pierden a diario todo cuanto poseen, no tendremos derecho a reclamar ninguna posesión…”.



De cierto que fue duro el aprendizaje de Bonhoeffer, y aunque el trato como prisionero fue mejor que el practicado hacia los judíos, su vida también fue cercenada por unos nazis contra quienes se manifestó desde el principio, especialmente por la imposición del antisemitismo a una Iglesia servil a Hitler. Por ello decía: “Sólo el que levantere su voz en favor de los judíos puede cantar gregoriano”. Por ello, y por formar parte de una iglesia confesante que clamaba contra la barbarie, fue detenido por la Gestapo el 5 de abril de 1943, acusado de conspiración y traición, siendo encarcelado en la prisión de Tegel, en Berlín. Por ello fue ahorcado y su cuerpo quemado en el campo de concentración de Flossenbürg la madrugada del 9 de abril de 1945, un mes antes de la rendición nazi.



No me centraré en la teología decantada por Bonhoeffer, analizada profusamente, sino en su poesía, escasamente conocida o muy ‘apartada’ por quienes la estiman de menor valor y/o entienden que divulgar su quehacer poético implicaría rebajar la altura teológica del pastor luterano. Pero tampoco comentaré a fondo los versos que escribiera, sino más bien me propongo reunir los textos conocidos, contenidos todos en ‘Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio’ (Ediciones Sígueme, Salamanca, 2008. Traducción del original alemán de Constantino Ruiz-Garrido), obra compilada en 1951 por su amigo y discípulo Eberhard Bethge, y cuya publicación causó un impacto tremendo en la sociedad alemana hasta finales del siglo XX.



 



Sembradoras, con retrato de Miguel Elías.



 



 



¿QUIÉN SOY?



 



¿Quién soy? Me dicen a menudo



que salgo de mi celda,



sereno, risueño y seguro,



como un noble de su palacio.



 



¿Quién soy? Me dicen a menudo–,



cuando hablo con mis carceleros,



libre, amistosa y francamente,



como si mandara yo.



 



¿Quién soy? Me dicen también



que soporto los días de infortunio



con impasibilidad, sonrisa y orgullo,



como alguien acostumbrado a vencer.



 



¿Soy realmente lo que otros dicen de mí?



¿O bien sólo soy lo que yo mismo sé de mí?



¿Intranquilo, ansioso, enfermo,



cual pajarillo enjaulado,



aspirando con dificultad la vida,



como si me oprimieran la garganta,



hambriento de colores, de flores, de cantos de aves,



sediento de buenas palabras y de cercanía humana,



temblando de cólera ante la arbitrariedad y el menor agravio,



agitado por la espera de grandes cosas,



impotente y temeroso por los amigos en la infinita lejanía,



cansado y vacío para orar, pensar y crear,



agotado y dispuesto a despedirme de todo?



¿Quién soy? ¿Éste o aquel?



¿Seré hoy éste, mañana otro?



¿Seré los dos a la vez? ¿Ante los hombres, un hipócrita



y ante mí mismo, un despreciable y quejumbroso débil?



¿O tal vez lo que aún queda en mí se asemeja al ejército derrotado



que se retira en desorden



sin la victoria que se creía segura?



 



¿Quién soy? Las preguntas solitarias se burlan de mí.



Sea quien sea, Tú me conoces, tuyo soy, ¡oh, Dios!



 



 



 



Bonhoeffer, por Thomas Nelson.



 



ORACIONES PARA LOS COMPAÑEROS DE CAUTIVERIO



NAVIDAD DE 1943



 



Oración matutina



 



¡Oh Dios mío!, a ti te invoco al comienzo del día.



Ayúdame a orar y a concentrar mis pensamientos en Ti;



no lo logro por mí mismo.



 



***



 



Reina en mí la oscuridad, pero en Ti está la luz;



estoy solo, pero Tú no me abandonas;



estoy desalentado, pero en Ti está la ayuda;



estoy intranquilo, pero en Ti está la paz;



la amargura me domina, pero en Ti está la paciencia:



no comprendo tus caminos,



pero tú conoces [el] camino recto para mí.



 



***



 



Padre que estás en los cielos,



Te alabo y Te doy gracias por el descanso de la noche,



Te alabo y Te doy gracias por el nuevo día,



Te alabo y Te doy gracias por toda tu bondad y fidelidad



durante mi vida pasada.



Tú me has dado muchas pruebas de bondad,



permite que ahora acepte también de tu mano lo penoso.



Tú no cargarás sobre mí más de lo que yo pueda soportar.



Tú haces que todas las cosas sean para bien de tus hijos.



 



***



 



Señor mío Jesucristo,



Tú fuiste pobre y desvalido, cautivo y abandonado como yo.



Tú conoces todas las penalidades de los hombres,



Tú sigues estando a mi lado cuando nadie me apoya,



Tú no me olvidas sino que me buscas,



Tú quieres que yo Te conozca y me convierta a Ti.



¡Señor, escucho tu llamamiento y te sigo! ¡Ayúdame!



 



***



 



Espíritu Santo,



concédeme la fe



que me salve de la desesperación y del vicio.



Concédeme el amor a Dios y a los hombres;



un amor que extinga todo odio y amargura.



Concédeme la esperanza



que me libere del temor y del desaliento.



Enséñame a amar a Jesucristo y a cumplir su voluntad.



 



***



 



¡Oh Dios Trino y Uno!,



Creador y Salvador mío,



a Ti te pertenece este día, mi tiempo se halla en tus manos.



¡Dios santo y misericordioso,



Creador y Salvador mío,



mi Juez y mi Redentor!



Tú me conoces y conoces todos mis caminos y acciones.



Tú aborreces y castigas el mal en este mundo y en el futuro,



sin hacer acepción de personas.



Tú perdonas los pecados



a quien te lo pide de corazón,



y Tú amas el bien y lo recompensas



en esta vida con el consuelo de una buena conciencia



y en el mundo futuro con la corona de la justicia.



En presencia tuya me acuerdo de todos los míos,



de mis compañeros de cautiverio y de todos



los que en esta casa realizan un servicio penoso.



¡Señor, compadécete de mí!



¡Devuélveme la libertad y haz que viva ahora



de manera responsable ante [Ti] y ante los hombres!



¡Señor, cualquier cosa que este día me traiga,



sea Tu Nombre alabado!



 



 





 



Oración vespertina



 



¡Señor, Dios mío!



Te doy gracias por permitirme llegar al final de este día.



Te doy gracias porque das reposo al cuerpo y al alma.



Tu mano estuvo sobre mí y me ha protegido y guardado.



Perdona mi poca fe y mis injusticias de este día,



y ayúdame para que yo perdone de buena gana



a quienes han sido injustos conmigo.



Haz que duerma en paz y bajo tu protección



y líbrame de las tentaciones de las tinieblas.



Te encomiendo a los míos,



Te encomiendo esta casa,



Te encomiendo mi cuerpo y mi alma.



¡Dios mío! ¡Sea alabado tu santo Nombre! Amén.



 



 



Oración en momentos de especial apuro



 



¡Señor Dios!



Una gran miseria ha venido sobre mí.



Mis preocupaciones quieren ahogarme.



Ya  no sé qué hacer.



 



¡Dios mío, sé misericordioso y ayúdame!



¡Dame fuerza para soportar lo que me envías!



¡No permitas que el temor me domine!



¡Cuida paternalmente de los míos,



especialmente de mi esposa y de mis hijos!



¡Protégelos con tu poderosa mano



de todo mal y de todo peligro!



¡Oh Dios misericordioso,



perdona todo cuanto he pecado contra Ti



y contra los hombres!



Confío en tu gracia



y pongo mi vida entera en tus manos.



Haz conmigo



lo que te parezca bien y lo que sea bueno para mí.



Tanto si vivo como si muero,



estoy contigo y Tú estás conmigo, ¡Dios mío!



¡Señor, aguardo tu salvación y tu reino. Amén.



 



(Fragmento del ensayo-antología que aparece en el último número de la revista ‘Sembradoras’, publicada en Salamanca)


 

 


1
COMENTARIOS

    Si quieres comentar o

 

Jose
18/03/2016
15:41 h
1
 
¡Qué belleza de artículo! Me parece que estamos en presencia de otro poeta, me refiero al autor Alfredo Pérez Alencart. Aun cuando Pablo recita un verso de "Aratus" recogido en el libro de los Hechos, estoy de acuerdo en que hemos sido abrumadoramente injustos con la poesía siendo que todo en derredor nuestro es un fenómeno poético que nos grita las maravillas de nuestro Creador. Gracias por publicarlo, estoy pendiente de los próximos poemas.
 



 
 
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