Los terebintos y la prostitución cultual

El lugar donde el Señor se apareció a Abraham, no eran probablemente encinas o robles sino terebintos.

03 DE MARZO DE 2022 · 19:10

Las hojas del terebinto están constituidas por 2 a 5 pares de hojuelas enfrentadas que terminan con una impar en su extremo. Los frutos son pequeños, carnosos y de color rojizo / Avinoam Danin. Flora.org. ,
Las hojas del terebinto están constituidas por 2 a 5 pares de hojuelas enfrentadas que terminan con una impar en su extremo. Los frutos son pequeños, carnosos y de color rojizo / Avinoam Danin. Flora.org.

Ofrecen sacrificios sobre las cumbres de los montes

y queman incienso sobre las colinas,

debajo de las encinas, los álamos y los terebintos,

porque su sombra es agradable.

Por tanto, vuestras hijas se prostituyen,

y vuestras nueras cometen adulterio. (Os. 4:13)

 

El terebinto (Pistacia terebinthus) es un arbusto o pequeño árbol que normalmente tiene unos 5 metros de altura, aunque en ocasiones puede alcanzar los 10.

Sus hojas son caducas y están formadas por 7 a 9 foliolos coriáceos ovales y brillantes; las flores amarillentas están dispuestas en racimos y los frutos o drupas son más pequeños que los guisantes, de color rojizo y al final se vuelven marrones.

El terebinto produce la trementina, una resina a la que en el Antiguo Oriente se le daban usos medicinales ya que es astringente y se usaba también para endulzar el vino y las comidas.

Hoy está en la base de la elaboración del disolvente conocido como aguarrás.

Los terebintos y la prostitución cultual

Las hojas del terebinto se vuelven amarillentas y se caen en invierno. Es un árbol que tiene los sexos en pies separados, unos masculinos y otros femeninos. /  Avinoam Danin. Flora.org.
 

En la Biblia, el término hebreo que se usa para referirse al terebinto es el femenino, elah, אֵלָה, que los traductores confundieron con el masculino, ellón, אַלּוֹן, cuyo significado es “roble” o “encina”.

De ahí que el “encinar de More” (Dt. 11:30), la “encina que había junto a Siquem” (Gn. 35:4) y el “encinar de Mamre” (Gn. 18:1) donde el Señor se apareció a Abraham, no eran probablemente encinas o robles sino terebintos.[1]

En la Septuaginta se le llama teréminthos, τερέμινθος o terébinthos, τερέβινθος y en la Vulgata, terebinthus (Os. 4:13). El terebinto también aparece en el libro apócrifo Eclesiástico: Como terebinto he extendido mis ramas, hermosa y gallarda fronda (Eclo. 24:16).

En la antigüedad, era un árbol muy conocido y venerado por los pueblos del Próximo Oriente, al pie del cual solían celebrarse ciertos ritos sagrados así como ofrendas de incienso a los dioses y enterramientos de seres queridos o personajes célebres.

El historiador judío, Flavio Josefo (37 d.C.-100 d.C.), escribió acerca de una tradición hebrea que afirmaba que el terebinto de Mamre era tan antiguo como el mundo.

Los terebintos y la prostitución cultual

La especie del terebinto, típica de Israel se considera en actualidad como una subespecie del terebinto común. Tradicionalmente han sido árboles muy apreciados sobre todo por la sombra que proporcionan en los lugares cálidos, tanto a las personas como a los animales. / Wikipedia.
 

En torno a este árbol surgieron numerosas leyendas porque tanto los judíos como los paganos, y también los cristianos después, hacían sacrificios junto a él, quemaban incienso o realizaban plegarias y oraciones.

Algunos decían que era un árbol inmune al fuego de los sacrificios. Existe constancia histórica de que Constantino el Grande (302-337 d.C.) intentó acabar con tales sacrificios pero sin éxito.

No hay que confundir el famoso terebinto del que habla Josefo con el moderno “roble de Mamre”, los restos del cual pueden visitarse todavía hoy en Hebrón, en el monasterio católico de la Santísima Trinidad. Se trata de árboles diferentes que estaban emplazados también en lugares diferentes.

Al terebinto (Pistacia terebinthus) también se le llama vulgarmente “cornicabra” y pertenece a la familia de las anacardiáceas. Es una planta nativa del Mediterráneo occidental pero extendida hasta Grecia, Turquía, Siria e Israel, que soporta bien la sequía.

De esta familia se conocen unas 600 especies tropicales, de las que sólo cinco viven en Israel, pudiendo habitar hasta los 1.500 metros de altitud sobre el nivel del mar.

Los terebintos y la prostitución cultual

Dos agallas en forma de cuerno de cabra del terebinto formadas por la picadura de ciertos pulgones sobre las hojas. Lior Almagor. Flora.org.
 

Además del terebinto (Pistacia terebinthus), en Tierra Santa existen también las siguientes especies del mismo género: la lengua de oveja (P. atlántica), la pistacia de Afganistán (P. khinjuk), el lentisco (P. lentiscus) y P. saportae.

Se trata de un árbol que emite un olor amargo, resinoso o medicamentoso y capaz de formar agallas con forma de cuerno cuando ciertos pulgones pican sus hojas.

El nombre vulgar en español con el que también se le conoce, “cornicabra”, hace alusión precisamente a dicha forma. Por lo visto estos pulgones viven dentro de las agallas y estimulan las defensas de la planta volviéndola poco apetecible para los herbívoros.

Se ha podido comprobar que las plantas que viven en las zonas de pastoreo presentan más agallas que el resto de sus congéneres de otros lugares.

Es vigoroso y resistente, por lo que puede vivir en lugares áridos donde otras plantas son incapaces de prosperar. Se multiplica mediante sus semillas que suelen dispersar los pájaros pero también puede hacerlo por esquejes.

El terebinto (Pistacia terebinthus) es una planta muy relacionada con el lentisco (Pistacia lentiscus), tanto que, en ocasiones, se hibridan en aquellas regiones en las que entran en contacto. Estos híbridos resultan muy difíciles de distinguir.

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El lentisco como el de la imagen es una especie muy relacionada con el terebinto , con la que a veces se híbrida. Ambas especies son muy abundantes en Israel. / Antonio Cruz.

El capítulo 4 de Oseas, al que pertenece el texto del principio, se refiere a la infidelidad de Israel y de sus sacerdotes. Tanto el pueblo como sus líderes habían abandonado al Señor Yahvé para adorar la ignominia de Baal y otros ídolos cananeos.

El vino, el mosto y la prostitución sagrada, a la que se entregaban en sus celebraciones religiosas, les había arrebatado el entendimiento. Habían dejado al único Dios verdadero, creador del universo, para unirse a ídolos de piedra y barro que no tenían más trascendencia que su propia materia.

El profeta Oseas hace responsables de semejante torpeza espiritual a los dirigentes religiosos de Israel que lo habían permitido y así promovieron la desintegración del pueblo.

Por tanto, la infidelidad espiritual y sexual constituía el principal pecado comunitario. Por lo tanto, Yahvé, como Dios celoso y justo, respondería a tales cultos paganos que buscaban la fertilidad de humanos, ganados y tierras, con la maldición de la esterilidad y la futilidad.

Como dice el versículo 10: “Comerán, pero no se saciarán; fornicarán, mas no se multiplicarán, porque dejaron de servir a Yahvé”. Cuando se le da la espalda al Altísimo, las consecuencias afloran tarde o temprano.

1. Segura, S. & Torres, J., 2009, Historia de las Plantas en el mundo antiguo, CSIC, Deusto, p. 241.

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