Decreto eterno ¿Abismo o sendero?
Para los que hemos recibido esa fe destinada desde antes de los tiempos, ese nuestro Dios y sus planes es sendero para caminar, alegrarnos… vencer.
30 DE NOVIEMBRE DE 2025 · 23:20
¿Para quién es un problema el que “pongamos a Dios como señor y gobernador de todo, quien conforme a su sabiduría desde la misma eternidad determinó lo que había de hacer, y ahora con su potencia pone por obra lo que determinó”?
¿Para quién es un escándalo que afirmemos que, por lo tanto, “no solo el cielo, la tierra y las criaturas inanimadas son gobernadas por su potencia, sino también los consejos y la voluntad de los hombres, de tal manera que van derechamente a parar al fin que Él les había señalado”?
Es cierto que para muchos la inercia de la mirada sobre las cosas de la historia, les puede inducir a resolver que todo está inquieto y perturbado sin concierto, y que esto demostraría que Dios no está al gobierno de cada cosa, o que es un Dios de vaivén que se alegra en llevar todas las cosas y a las personas de acá para allá sin orden ni finalidad.
Seguramente siempre se puede entender ese modo de pensar, cuando solo se ve lo inmediato, sin la fe, pero en nuestro presente la cosa es abrumadora. Todo en convulsión y atisbos de más ruina en el futuro.
Aquí el consejo de Calvino viene al encuentro. “Mas hemos de tener la modestia de no querer forzar a Dios a darnos cuenta y razón, sino adorar de tal manera sus juicios ocultos, que su voluntad sea para nosotros causa justísima de todo cuanto hace…”
Sigue. “Cuando el cielo está cubierto de espesísimas nubes y se levanta alguna gran tempestad, como no vemos más que oscuridad y suenan truenos en nuestros oídos y todos nuestros sentidos están atónitos de espanto, nos parece que todo está confuso y revuelto, y, sin embargo, siempre hay en el cielo la misma quietud y serenidad. De la misma manera debemos pensar, cuando los asuntos del mundo, por estar revueltos, nos impiden juzgar que estando Dios en la claridad de su justicia y sabiduría, con gran orden y concierto dirige admirablemente y encamina a sus propios fines estos revueltos movimientos”.
Los que no tragan a este Dios ni a sus profetas, vociferan como si estuvieran en el espacio antes de la caída, en la cual no creen, o la modifican para que no sea como es. Y tratan al hombre como si nada hubiese pasado entre él y Dios. Como si estuviera conversando con Adán una tarde cualquiera en el paraíso.
Y no pueden tolerar que la misma caída estuviere ordenada de antemano. Y para rechazar a este Dios, dicen que es un Dios inventado por Calvino.
Y quieren arreglar el mundo con un Dios suyo que dependa de lo suyo, y, aunque lo pongan en la eternidad (qué menos), su intervención en la historia es dependiente de la acción y voluntad de sus criaturas.
Comprendo que este Dios sea una piedra de tropiezo, pero para los redimidos es de salvación. Por eso nuestro grupito, aquí no queremos otro Dios sino el que nos ordenó todo de nuestra vida con su sabiduría y justicia desde antes de la creación del mundo.
Seguro que ese Dios que ordena y gobierna todo, desde la eternidad, y en cada acto temporal, convierte para estos la historia en una sima sin fondo ni sentido.
Para nosotros solo ese Dios y su voluntad puede ser el sendero por donde vivamos, tengamos pasado y futuro, y todo ánimo para trabajar, esperar, alegrarnos y servir.
(Curioso que algunos hayan querido “salvar” el abismo poniendo sus puentes, sus caminos, y uno que he visto de moda es lo que llaman molinismo. Entregados a sus propios caminos, que dijo el profeta.)
Les pongo algo sobre ese sendero, y por qué es sendero y no abismo. Nos vamos a un episodio, entre otros muchos, donde esta cuestión queda mostrada. Cuando Pedro y Juan fueron llevados al concilio judío, y tras recibir las reprimendas por anunciar a Jesús fueron puestos en libertad (está en el cap. 4 de Hechos), se dice que vinieron a los suyos y les contaron lo sucedido.
Entonces, cuando esta Iglesia chiquita no había ni recibido las enseñanzas que luego explicarán la obra de Cristo, la justificación, lo de la carta a los Romanos, etc., “alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay [¡cuántos creacionistas consideran la voluntad de Dios una sima!]; que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo.
Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera.”
Estos nuestros hermanos y hermanas, allí reunidos y que luego todo se llena del Espíritu Santo, confiesan que los sucesos que llevan a la muerte del Redentor, todos estaban preordenados, predestinados, decretados, desde la eternidad (a menos que el Redentor sea temporal, un dios menor).
Y eso supone que los motivos, intereses, incluso el funcionamiento del cuerpo de cada uno de los actores, incluido Judas, están ordenados por la mano de Dios para que hagan lo que hicieron. Y a nadie se le ocurre excusarlos de su culpa. Y sin duda existieron un montón de intereses y motivos diferentes, que fueron llevados al punto que Dios ordenó.
Pues ya estamos ahí. ¿Y ahora qué? ¿Una sima o un sendero? Parece que ellos están donde nosotros, caminando y trabajando sin necesidad de argumentos doctrinales salvadores (molinismo o lo que haga falta) de la sima.
De manera natural, dicen (piden): “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra, [¿cuántos han argumentado que con un Dios así no habría que predicar, pues sería una burla para los oyentes?], mientras extiendes tu mano para que se hagan sanidades, y señales y prodigios mediante el nombre de tu santo Hijo Jesús”.
El Dios que hace todo cuanto su mano y consejo desde la eternidad determinaron, es sima donde caen los que que viven sin fe. Para los que hemos recibido esa fe destinada desde antes de los tiempos, ese nuestro Dios y sus planes es sendero para caminar, alegrarnos… vencer.
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