Corazones rebeldes

 A veces, solo cuando perdemos algo importante, comenzamos a valorarlo como se merece.

Francisco Sánchez

10 DE MARZO DE 2015 · 18:54

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¿Qué pensarías si oyeras a tu abuelo tararear canciones de Outkast, Jimy Hendrix o Radiohead? Eso es precisamente lo que hace el coro de ancianos dirigido por Bob Cilman.

El largometraje es un canto al deseo de vivir. Este grupo de ancianos comparten una pasión: cantar juntos. Cada ensayo pone a prueba sus oxidadas destrezas.

¿Qué puede más, la enfermedad o el deseo de cantar? Para ellos, cantar.

¿Qué me impulsa a mí a seguir hacia adelante? ¿Fuimos creados para cantar? ¿Cuál es el ensayo que no me perdería jamás, ni siquiera por causa de la enfermedad?

Conozco a una persona que después de una sesión de quimioterapia se marchaba a trabajar. Ella prefería soportar su propio malestar físico que faltar al ensayo de su rutina. ¿Qué no se puede comprar con dinero? El deseo de vivir es una de ellas. ¿De dónde nace este deseo de vivir? ¿Por qué un anciano puede tener más pasión que un joven?

Este documental me retó. Pensé, no tengo motivos para no cantar. ¿Por qué doy tanta importancia a lo que no la tiene? ¿Por qué “doy la nota” ante problemas insignificantes? “The show must go on”. Si ellos cantan, yo también debo hacerlo. A veces, solo cuando perdemos algo importante, comenzamos a valorarlo como se merece. Será por eso que cuando sentimos que la vida se nos va, la apreciamos más. Todo pasa, lo bueno y lo malo también.

Hoy es un buen momento para que nos entonemos al unísono con lo que se nos resiste. ¿Por qué posponerlo? Para eso están los ensayos, para practicar, corregir y perfeccionar. Sigamos hacia adelante. Subamos una escala.

Un día, se encenderán los focos del escenario en el concierto final. Cuando sea anciano, quiero seguir soñando mientras repito cantando el estribillo que ha dado sentido a mi vida.

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Ciencia - Corazones rebeldes