Trono y altar, Reino Unido y España

La mezcla de trono y altar en el Reino Unido es un despropósito, pero no mayor que el que existe en los países católico-romanos.

08 DE ENERO DE 2013 · 23:00

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Sin duda es un despropósito que un rey o reina sean la cabeza de una Iglesia, por muy simbólica que sea su presencia. En este sentido, parece absurda y anacrónica la situación de la Iglesia de Inglaterra. Y además contraproducente, ya que como ocurre con la actual reforma de la Ley de sucesión, se pueden producir situaciones de ciencia-ficción; como sería que un Rey educado en el catolicismo sea cabeza de la Iglesia anglicana. Todo se arreglaría separando trono y altar. Y desde luego, como hasta ahora ocurría en el Reino Unido, que una Ley impida a alguien por ser de la Casa Real el poder casarse con otra persona por tener otras ideas religiosas, es un atentado a su libertad. Sin embargo, ante esto ¿qué ocurre en el catolicismo? No hay Leyes estatales, pero la situación es mucho peor. Como ocurre en cualquier sociedad, con la discriminación hacia la mujer, o el trato a etnias marginadas, el prejuicio y el atavismo no escrito tiene una fuerza mucho mayor que lo que dice la letra de la ley. Hablamos del caso más cercano a este diario: España. Cuando el Príncipe Felipe tuvo una novia protestante, se generó un problema de Estado: debía convertirse al catolicismo. La propia Reina Sofía renunció para reinar en España -al menos formalmente- a su fe como cristiana ortodoxa, abrazando el catolicismo-romano. Y cuesta imaginarse un Rey, Reina o consorte real que no sea –al menos como etiqueta- católico. Los Reyes católicos siempre han sido quienes han reinado en España, y si no fuera así se armaría la de Troya. Porque esta es la segunda cuestión. La monarquía gobierna la Iglesia de Inglaterra porque desde su origen no quería un “Papa anglicano” que se le subiese a la corona. Pero en los países de peso social y político católico –con Rey, Reina o República- el Estado Vaticano se sube a la chepa del Gobierno de turno, algo que desde luego no ocurre en Inglaterra. Ya querrían muchos gobernantes ser cabeza de su iglesia católica nacional. No por su profunda fe, sino para su profunda seguridad de no ser desestabilizados por el poder de la larga sombra del Vaticano. Y el problema es que con una ley se puede acabar, pero con los hilos que manejan en la sombra durante siglos, y las manos que en la oscuridad mecen las cunas no hay Leyes que valgan. Sólo la verdadera libertad de elegir y el respeto al diferente, y una sociedad donde todos seamos iguales (incluidos los no creyentes y los católicos, pero ni más ni menos) haría esto posible. Dicho de otra forma, ojalá que la misma libertad que tienen los católicos en países de cultura protestante como Alemania, países escandinavos, Inglaterra o Estados Unidos la tuviésemos los evangélicos en países de cultura católico-romana como España, Italia y México, por poner algunos ejemplos. Pero hoy por hoy la diferencia de libertades y respeto es abismal. La misma distancia que separa un país donde los hijos de esclavos negros han alcanzado la Presidencia (Estados Unidos), de otro como España donde ningún descendiente de gitano o latino ha llegado a algún puesto de cierta relevancia y peso social.

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