Menudo contraste

Cuando nos toque pasar a la eternidad, nos encontramos ante dos opciones.

26 DE JULIO DE 2026 · 10:44

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En Juan 8:24, Cristo dijo:

“Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis”.

El factor determinante de nuestro destino eterno depende por lo tanto en si creemos en Jesús como nuestro salvador personal y si nos apartamos del pecado o no.

Jesús no dijo que para que nuestro pecado pudiera ser borrado antes de morir teníamos que ser religiosos. No dijo que había que cumplir con ciertos ritos o ceremonias. Tampoco dijo que había que ser lo mejor que pudiéramos para que al final nuestras obras buenas pesaran más que las malas. Tampoco afirmó que nuestros méritos propios nos ganaban el favor divino. No, Su afirmación distingue entre dos grupos de personas y lo que separa a ambos grupos no es ni la raza, color, grupo étnico, edad, sexo, discapacidad, ni cualquier otra cosa que no fuera el arrepentimiento y la fe en Su persona y obra en la cruz.

Y tanto es así que en dos versículos apreciamos el contraste más marcado de la historia:

“El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Corintios 15:56-57).

O dicho de otro modo: cuando nos toque pasar a la eternidad, nos encontramos ante dos opciones:

Bien llegamos al juicio cargando nuestro pecado y el Juez nos evaluará en base a Su Santa Ley o bien interviene Cristo en nuestro favor y nos concede la victoria porque Él ya sufrió la sentencia que nosotros merecemos por nuestro pecado.

Esto no es como un partido de fútbol donde hay que esperar el resultado para saber quién ha ganado. No, puedes obtener la victoria ya mismo siguiendo las instrucciones que Cristo te acaba de dejar. Si esperas, corres un riesgo tan severo como innecesario. No tienes necesidad de llegar hasta ese punto, pero que sepas, que ese punto llegará tarde o temprano y resulta mucho mejor saber que tienes la victoria asegurada antes de que llegue. Nota el mismo contraste de nuevo:

“De la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan” (Hebreos 9:27-28).

No hace falta que me extienda. La elección es tuya. Lo que si te insto es a reflexionar y actuar mientras puedas. No sabes si seguirás respirando el día de mañana por lo que si oyes hoy la voz de Dios invitándote a una eternidad de paz en Su presencia sabiendo que tus pecados han sido perdonados, no le rechaces:

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:7-8).

Andrés Díaz Russell

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Pensamientos - Menudo contraste