Fe y esperanza
La fe y la esperanza un día desaparecerán debido a que no se necesitarán. Lo que ahora anhelamos de lejos, habrá llegado.
27 DE ENERO DE 2024 · 21:00
¿Para qué eliminar a Dios de nuestros pensamientos, de nuestra realidad? Los ateos, o quienes viven como si Dios no existiera aunque afirmen creer en Él, no tienen ni idea de lo que se pierden. Los que no tienen fe o tienen una fe en un ser lejano y no viven consecuentemente en base a dicha creencia en sentido práctico no disponen del elemento esencial: la fe.
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).
Pero vamos a desgranar este concepto más detalladamente para que no acabemos creyendo que la fe es autosugestión o autoengaño como suelen afirmarlo los que no la tienen:
La esperanza de los creyentes es Cristo (1ª Timoteo 1:1b) y el Evangelio (Colosenses 1:5). Si tienes dudas, lee 1ª Corintios 13:13, 1ª1 Corintios 5:19, Hebreos 6:18-19, Colosenses 1:5, Colosenses 1:23, Hebreos 11:1, 1ª Juan 3:3, Salmo 43:5, Romanos 12:12.
Tanto es así que aparte de los versículos anteriormente citados que afirman esa verdad de forma positiva, tenemos la afirmación reflejada de forma negativa en Efesios. Leamos: “En aquel tiempo estabais sin Cristo {...} ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12).
Cristo en nosotros es nuestra esperanza de gloria (Colosenses 1:27). Es cierto: “El Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo” (Romanos 15:13). En gran medida, esa esperanza la tenemos a través de Su Palabra:
“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15:4). ¿De qué esperanza estamos hablando? De “la esperanza de salvación” (1ª Tesalonicenses 5:8b), y de la resurrección de vida eterna, de “una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1ª Pedro 1:3) o “la esperanza de la vida eterna” (Tito 1:2).
Como digo, esa esperanza la tenemos por la resurrección de Cristo: Romanos 8:11, 2ª Corintios 4:14, 1ª Pedro 1:3 (comparado con Salmo 16:9-10, Hechos 13:30, Hechos 17:31, Hechos 25:19, Hechos 26:23, Romanos 1:4, Romanos 4:24, 1ª Corintios 15, 2ª Corintios 5:15, Hebreos 13:20, 1ª Pedro 1:21).
Dicha esperanza es tan segura que la podemos afirmar con denuedo (2ª Corintios 3:12) porque tenemos al Dios de esperanza (Romanos 15:13). Así pues, nuestra esperanza es firme y persevera (1ª Tesalonicenses 1:3, Romanos 5:2, Tito 2:13, Colosenses 1:27) y que resultará en el cumplimiento de la esperanza de glorificación (Romanos 5:2c, Romanos 8:24-25).
Y antes de finalizar, ¿sabes por qué se escribió 1ª Corintios 13:13 en la Biblia? Dice lo siguiente: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”.
La fe y el amor verdaderos siempre van ligados (Efesios 1:15, 2ª Tesalonicenses 1:3, 1ª Juan 4:20-21). No obstante, el amor es mayor porque es eterno. La fe y la esperanza un día desaparecerán debido a que no se necesitarán. Lo que ahora anhelamos de lejos, habrá llegado. Espero estés entre los que lo disfruten.
Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Pensamientos - Fe y esperanza