El líder en la iglesia (II)

Él levanta personas que son humanas, que pasan por dificultades y que no pueden ser los únicos al frente del rebaño.

09 DE NOVIEMBRE DE 2019 · 11:00

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¿Conoces a algún creyente que está molesto porque durante una dificultad en su vida el «pastor de la iglesia» no fue a visitarlo? No es difícil encontrar personas así. No lo hacen con mala intención. Al contrario, lo hacen porque creen que Dios levanta líderes en medio de su pueblo para cuidar del rebaño. Sin embargo, se olvidan de que esa tarea se vuelve cada más difícil a medida que la iglesia crece. Es humanamente imposible que una única persona visite a 100, 200, 300 miembros y esté siempre preparada para cuando cualquiera de ellos la necesite. Por eso mismo, Jetro aconsejó a Moisés que separase hombres adecuados que pudieran ayudarlo a cuidar aquel rebaño (Éxodo 18:13-24).

Durante muchos años, los pastores se han mostrado como superhombres delante de sus rebaños. Eran hombres que no lloraban nunca, no sufrían, no experimentaban tentaciones y siempre estaban preparados para cualquier adversidad. Este tipo de actitud solo sirvió para que en la iglesia se crease una falsa sensación de victoria. Cuando personas con problemas miran a su líder y lo ven en esta condición, es mucho más fácil soportar las crisis, ya que justo allí, delante de sus ojos, está alguien que nunca es golpeado por las dificultades. A lo largo de los años, esta postura de muchos líderes formó rebaños que dependen por completo del pastor. Muchas veces, dependen más de su pastor que del mismo Jesús, ya que, a fin de cuentas, el pastor está ahí físicamente y puede sentirse en cualquier momento.

Pero, cuando miramos a las Escrituras, este no es el tipo de pastor que Dios levanta para su rebaño. Él levanta personas que son humanas, que pasan por dificultades y que no pueden ser los únicos al frente del rebaño. Incluso aunque la iglesia solo tenga un pastor en el ministerio, este va a necesitar los otros dones que el Espíritu Santo derrama sobre su congregación para el cumplimiento de la misión.

En este sentido, el líder de un grupo de hogar también es un pastor. Es igualmente capaz, como los otros pastores, de visitar, escuchar, en fin, de cuidar vidas; aunque siempre estará sometido al liderazgo del pastor de la iglesia, porque ese es otro principio bíblico (Hebreos 13:17).

Entendemos que la multiplicación del liderazgo es algo que debe suceder para el crecimiento del rebaño y, consecuentemente, para que haya un mejor cuidado del mismo.

El líder como administrador

El grupo de hogar debe ser administrado, coordinado y estructurado. Esas son tareas de un administrador, y el líder tiene la responsabilidad sobre su grupo también en estas cuestiones. Es el líder quien coordinará el establecimiento de metas para el grupo, haciendo que haya una planificación consciente. La implantación y la gestión de este plan de acción del grupo es responsabilidad del líder. Es él quien informará al liderazgo de la iglesia de las estrategias que su grupo va a emprender para alcanzar los objetivos de toda la congregación.

Además, será responsable por la gestión de los recursos humanos dentro de su grupo, con la finalidad de dar apertura para que los dones se ejerciten y se cumplan los ministerios. Deberá identificar e indicar líderes potenciales para los entrenamientos establecidos por la iglesia.

Esta tarea de administrar el grupo es de fundamental importancia para el éxito del mismo en cumplir su misión, que es la de multiplicarse como consecuencia del evangelismo.

Como siempre, queremos recordar que lo que presentamos es un modelo de grupos de hogar. No es el único, y quizá tampoco sea el idóneo para todas las iglesias en cualquier situación. Sin embargo, es un modelo aplicado por muchas comunidades en todo el mundo con unos resultados excelentes.

Estas informaciones así como materiales de apoyo y otras herramientas, están disponibles en www.diakonos.es. Para más información, pueden entrar en contacto con proyecto@diakonos.es.)

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