El líder en la iglesia (I)

Todos los cristianos ejercen algún tipo de liderazgo, sea en el trabajo, en la familia, en un grupo de estudio de la escuela, etc. Por eso, cada uno debe buscar una relación intensa con Dios para entender cuál es su voluntad.

02 DE NOVIEMBRE DE 2019 · 11:30

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En cuanto al liderazgo, las iglesias locales deberían tener como objetivo que cada miembro sea un ministro de Dios (2 Corintios 5:18-19), capacitado y preparado para toda buena obra (Efesios 2:10).

Entendemos que ser líder es tener la convicción de un llamado de Dios, no necesariamente para un ministerio a tiempo completo, sino como una indicación clara para servir al prójimo como al Señor. Creemos que, en diferentes maneras, todos los cristianos ejercen algún tipo de liderazgo, sea en el trabajo, en la familia, en un grupo de estudio de la escuela, etc. Por eso, cada uno debe buscar una relación intensa con Dios para entender cuál es su voluntad para su vida como siervo e instrumento en las manos del Dios vivo.

Veremos ahora algunas funciones básicas de un líder de grupo de hogar tal y como entendemos que debe suceder en una iglesia local. Asumir cada una de estas funciones ayudará a que nos demos cuenta de que, en realidad, el estilo de liderazgo que estamos proponiendo debe ser lo más próximo posible a aquel que Cristo vivió y enseñó:

El líder como guía

Esta función se relaciona con la tarea que el líder tiene de dar la dirección que el pueblo debe seguir. Un liderazgo pierde su razón de ser cuando no señala el camino. Por eso, es fundamental que el líder sepa dónde quiere llegar.

Como guía, debe movilizar a su grupo en pro de las estrategias que la iglesia adopte para cumplir su visión. Sucede a veces que determinados grupos no se implican en las actividades de la iglesia porque no las consideran adecuadas para sus necesidades u otros motivos. Al actuar así están demostrando falta de madurez en lo que se refiere a la vida en comunidad. Aunque cada grupo de hogar sea una pequeña comunidad, el conjunto de todos ellos así como de otros creyentes que no participen en dichos grupos forman una congregación mayor, dirigida por una visión conjunta y que tiene estrategias que contemplan a la totalidad de los miembros. Si entendemos bien que somos comisionados por Dios para llevar su nombre poderoso y salvador a todas las personas, también debemos aceptar que esta es una tarea que debe realizarse con base en la unidad del pueblo de Dios, tal y como Jesús nos enseña cuando ora al Señor pidiendo que sus discípulos fueran uno al igual que Dios Padre y Dios Hijo, para que de esa forma el mundo crea que Jesucristo fue enviado por el Padre (Juan 17:20-22). ¡No es algo opcional! Es un principio para la victoria del pueblo de Dios.

Debemos recordar que los grupos de hogar no son unidades autónomas dentro de la iglesia capaces de decidir su propio rumbo de forma independiente. Por el contrario, son las unidades básicas que forman el rebaño. De esta forma, cada líder debe guiar a las personas de su grupo teniendo en mente la visión mayor que mueve a toda la iglesia. Él es el elemento motivador de su grupo para que el mismo trabaje de acuerdo con los objetivos y estrategias propuestos para todo el rebaño. Por ejemplo: cuando la iglesia promueve un evento que ofrece la posibilidad de que aquellos que están siendo evangelizados en los grupos participen en una actividad de toda la congregación, el líder debería motivar a su grupo a ser parte de todo ello. Participar en las actividades de la iglesia es una tarea de todos los grupos, y el líder es quien debe motivar a su pequeño rebaño.

Por esta razón, el líder debe demostrar, como guía, sintonía con toda la iglesia. Y los liderados tienen la responsabilidad de comprobar si su líder quiere (o no) conducirlos en unidad con el restante del rebaño.

Las actividades de la iglesia no son, o no deberían ser, antagónicas a la visión de los grupos. Entendemos que el liderazgo de la iglesia local trabaja de forma armonizada con los líderes de los grupos, transmitiéndoles la visión, los valores y los principios que guían el rumbo de la congregación. Esto implica que, por un lado, el liderazgo de la iglesia debe guiar y motivar a los líderes de los grupos para que estos, a su vez, busquen conducir a su pequeño rebaño dentro de este principio de la unidad de propósitos y estrategias.

En lo que se refiere a la vida espiritual de sus liderados, el líder debe señalar a Cristo, comenzando con su propio testimonio de vida. Un liderazgo cristiano debe reflejar siempre los valores del reino de Dios en este mundo. Esto tiene que ser algo tan vivo en la vida del líder, que aquellos que están a su alrededor deben sentirse «contagiados» e impulsados a buscar el mismo estilo de vida.

(Este apartado es más extenso, y lo repartiremos en varios artículos.)

Como siempre, queremos recordar que lo que presentamos es un modelo de grupos de hogar. No es el único, y quizá tampoco sea el idóneo para todas las iglesias en cualquier situación. Sin embargo, es un modelo aplicado por muchas comunidades en todo el mundo con unos resultados excelentes.

Estas informaciones así como materiales de apoyo y otras herramientas, están disponibles en www.diakonos.es. Para más información, pueden entrar en contacto con proyecto@diakonos.es.)

Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Grupos de Hogar - El líder en la iglesia (I)