Cuando el lema falaz: `no importa lo que creas, con tal que prediques a Cristo’, es bandera común en gran parte del pueblo evangélico, solo queda una conclusión: estamos bajo el juicio de Dios." /> Cuando el lema falaz: `no importa lo que creas, con tal que prediques a Cristo’, es bandera común en gran parte del pueblo evangélico, solo queda una conclusión: estamos bajo el juicio de Dios." />

Paz con libertad

Cuando el lema falaz: `no importa lo que creas, con tal que prediques a Cristo’, es bandera común en gran parte del pueblo evangélico, solo queda una conclusión: estamos bajo el juicio de Dios.

14 DE MARZO DE 2014 · 23:00

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Cuando salga este artículo ya estará, si no ocurre algo, Crimea en referéndum. Un tiempo de gran valor para ver qué valen las cosas; y qué valen las palabras. Y los gestos. Les tenía unas notas sobre Algernon Sidney (1623-1683), coronel y político inglés de gran influencia en sus hechos y escritos (Discursos Respecto al Gobierno, durante un tiempo lectura obligada en el estudio de la ciencia política). Colaborador con Cromwell, no le siguió en todos sus actos, mostrando su libertad. Un buen ejemplo. Aborrecía sobre todo la tiranía, y la tiranía del absolutismo sobre todas. Absolutismo del que no podía yo evitar la representación en las actuales actitudes y discursos sobre los sucesos de Ucrania. El gobernante de la nación más poderosa, con todo el poder de la OTAN detrás, abrazando a un primer ministro subido por golpe, y avisando de las consecuencias de que unas gentes vote libremente. La República de los Padres secuestrada por el Imperio. Pero, como ya indiqué de no meternos en pleito ajeno, quede solo señalar las falacias. Quizá les reflexione algo sobre los sucesos que sigan. De momento quería presentar a este personaje relevante, con su lema “Esta mano, enemiga de los tiranos, con la espada busca la paz, bajo la libertad”. Nos quedamos con el lema y el nombre. Pues resulta que eso de la celebración eclesiástica “inclusiva” en templo de la IEE, con sentido y estética doctrinal evidente, con elementos claros de confusión, me ha llevado a pensar en los primeros pasos en Sevilla de esa denominación (además, recordados en su explicación histórica en este periódico por Manuel de León). Decir que en esos tiempos vemos ejemplos de fe muy destacados. Repasé notas de esa historia, nada que ver con lo de hoy. En esos repasos volví a ver algunos años de “España Evangélica”, esa notable revista. Creo que son de gran calidad, en todos los sentidos, los primeros años, luego se nota su pérdida de fundamentos en la Palabra. Muy doloroso. Entre esos apuntes encontré un escrito personal de abril de 1988. Me permito ponerlo entero aquí, puede ser de utilidad. Se titulaba “No sería siervo de Cristo”, eran unas hojillas que escribía y enviaba a las iglesias. “La situación que nos recuerda el apóstol Pablo en Gálatas 2:11-21, en la que tuvo que reprender en público al apóstol Pedro, es hoy un dedo acusador que señala la actitud de tantos líderes evangélicos que sólo pretenden agradar a los hombres, buscando la gloria los unos de los otros y no la que viene de Dios. Si trasladamos los hechos narrados a nuestros días, ¿cómo serían juzgados? El sentimiento `piadoso’ de unos les llevaría a decir que el apóstol Pedro, un hombre que tanto ha trabajado por el Señor, ¿quién le puede recriminar que coma con unos o con otros, según entienda que es mejor para la obra? ¿Acaso no lo ha hecho con buena intención? ¿No es libre? ¿Quién tiene el derecho de interferir en su ministerio? Ya Dios juzgará, pero nosotros, ¿quiénes somos para hacerlo? Además, hay que pensar en los creyentes nuevos y en los débiles en la fe. ¿Dónde está el amor?, ¿qué imagen vamos a dar? Por otro lado, está el tema de la unidad de la Iglesia, a la que todo debe supeditarse. Una confrontación entre los dos líderes puede suponer una escisión. Eso debe evitarse a toda costa. El asunto hay que tratarlo, si acaso, de forma privada. Quizás lo mejor sea que de ello se encargue una comisión; pero que no se enteren los creyentes. Impulsados por su afán de defender los `derechos’ humanos y la ´justicia’, otros verían en la situación descrita precisamente una violación de tales derechos. ¿Quién se ha creído que es ese Pablo? ¿Acaso sólo él tiene la verdad? ¿Se ha sometido a la única regla justa, preguntando qué piensa la mayoría? Que tenga mucho cuidado, porque como siga así lo llevaremos a los tribunales por no respetar la opción en libertad de Pedro. Ese Pablo es un peligro para el bien y la paz social. Hay que advertirle que su insolidaridad lo está llevando derecho al campo de reeducación. En otro tiempo éramos tinieblas, pero ahora somos luz en el Señor. La Iglesia nunca puede fortalecerse y prosperar con los métodos de las tinieblas. El apóstol Pablo tenía un Señor y a él se debía. Sus palabras `no encubrían engaño’. El mismo que se hacía `a todos’, es el mismo que resistió cara a cara a Pedro `porque era de condenar’. El asunto no era un tema privado u opinable: `no estaban andando conforme a la verdad del evangelio’. Era, pues, necesario atajarlo de raíz. No hacerlo así sería falta de amor a Pedro, a los demás, y, sobre todo, una deslealtad al Señor y su Palabra. Con independencia de lo que se pudiera estar predicando, lo cierto es que la conducta estaba proclamando el error, y ese error arrastraba a muchos. Que nadie albergue escrúpulos piadosos. La Iglesia no sufrirá daño por afirmar y mantener la verdad, de la que es columna y baluarte. Lo que sí la dañará es la mentira y el engaño. La unidad de la Iglesia no será rota por la verdad, sino fortalecida y ampliada. A la Iglesia que debe `seguir la verdad en amor’ para crecer en la unidad, lo que la desune es la mentira y el engaño. El problema no consistía en con quién comía Pedro, sino en que su conducta estaba enseñando un error doctrinal sobre la justificación. La importancia que el Espíritu Santo da a la sana doctrina contrasta, hasta hacer llorar, con la dejadez que sobre ella mantiene la iglesia actual. Cuando el lema falaz: `no importa lo que creas, con tal que prediques a Cristo’, es bandera común en gran parte del pueblo evangélico, solo queda una conclusión: estamos bajo el juicio de Dios. La multiplicación del error doctrinal y la conducta pecaminosa no pueden traer bendición. ¿Nos traerán bendición las zorras? (Ezequiel 13:4-6). Si los pastores son ejemplo de avaricia, corrupción, adulterio, etcétera, ¿dónde quedarán las ovejas? Y si el verdadero y fiel pastor debe ser reprendido cuando no anda conforme a la verdad del evangelio, ¿cómo justificar el silencio ante los falsos maestros y profetas? ¡El juicio debe empezar por la casa de Dios!” En la misma hojilla se contestaba con dos renglones a la “indignación” mostrada por la Iglesia Evangélica Española, que en su Sínodo había encargado a la Comisión Permanente que me “manifestara su rechazo” por la “injerencia” en sus asuntos internos. La injerencia era la nota que puse en hojilla anterior sobre la ordenación al pastorado del matrimonio Carlos Capó y Nathalie Reverdin [no los conocía, tampoco ahora]. Luego puse [me he encontrado con una copia, no guardo ninguna, pero ésta apareció]: “Ya existía el precedente de la ordenación de una señorita al pastorado por esta iglesia. Tales acontecimientos nos ponen al nivel de los países e iglesias más avanzados. Todavía, sin embargo, no hemos alcanzado el grado de “progreso” suficiente como para ordenar a un sodomita o una lesbiana; pero estamos en el buen camino. Ánimo y ¡adelante!”. La iglesia Romana y muchas evangélicas o protestantes, no son hermanas separadas, sino muy unidas por un mismo padre. Su anticristianismo es evidente; la raíz es la eliminación de la autoridad de la Biblia, por la tradición antigua o moderna. Las Escrituras necesitan un ulterior “magisterio” que nos diga a los torpes lo que tenemos que creer y cómo adorar. De ese magisterio sale prohibir casarse, o no prohibir ningún tipo de casamiento. La Grande está llena de fornicación y adulterios. Les dejo una nota sobre cómo empieza a corromperse, según mi criterio, según mi libertad de pensamiento, según mi derecho a opinar, la iglesia evangélica en España. Traducido por Manuel Carrasco, y editado por la Librería Nacional y Extranjera (Caballero de Gracia, 60, Madrid, 1923), apareció “Introducción al Estudio de la Biblia” (de W. Boyd Carpenter). Se trataba, en opinión del traductor, de presentar una obra que sirviere para arreglar la lectura de la Biblia. “Las personas cultas y reflexivas no se contentan con la forma ingenua en que la enseñanza viene contenida, sino que van hasta el fondo y sacan la sustancia”. [Vaya, menos mal que siempre tendremos gente culta, un magisterio que nos guíe.] Han cambiado la Palabra por las tradiciones de los hombres, ese es el proceso de corrupción siempre. Luego viene el judaísmo que crucifica al Mesías, Roma o sus hermanas; son lo mismo. Sigue el traductor. “No está el oro siempre envuelto en la ganga? ¿Y no hay que deshacer la ganga para sacar el metal precioso? Pues de igual manera es necesario deshacer la ganga, que son las leyendas, el cuento, el poema y las costumbres, para sacer el oro puro de la revelación divina contenida en la Biblia”. Este es el proceso de muerte y corrupción, de una forma o de otra, antes y ahora. Por supuesto, estudiar la Escritura con todos los medios disponibles, claro que sí, y si quieren un ejemplo, que miren a Casiodoro de Reina. Ganga, ganga, la ganga que nos ha tocado por fin con estos maestros. Gracias, porque después de tantos siglos, ahora por fin nos enteramos; nos enteramos de que siguen los falsos maestros, igual que antes hubo falsos profetas. ¿Qué será de vosotros cuando os enteréis de lo que dice el Rey, con vara en mano?

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