Sin apego a la vida

Has de volver a las sendas antiguas, al sendero del que te desviaste queriendo ser sabio en tu propia opinión, y así retomar de nuevo el consejo del Padre.

02 DE NOVIEMBRE DE 2026 · 16:45

Foto: <a target="_blank" href="https://unsplash.com/es/@anitaaustvika">Anita Austvika</a>, Unsplash CC0.,
Foto: Anita Austvika, Unsplash CC0.

Con las hojas arremolinadas en la puerta, trenzaste una guirnalda;
la tejiste con esmero, decorándola con lazos dorados
que hacían resaltar el color de las hojas venidas del sur.

Arrastraste tu triste canción por toda la estancia,
mil gotas de llanto  cubrieron el suelo, que, sin darnos cuenta,
se convirtió en una alfombra de recuerdos.

En mi cuello colgó la guirnalda durante horas,
y en ese espacio de tiempo logré conquistar tu mente distraída
para hacerla cómplice de todo cuanto quería contar

Repetías quejas, encauzándolas por el aire frío de la noche. Tus reticencias se unían a mis frases revestidas de ánimo, que a regañadientes se abrían paso con la ilusoria idea de reposar en tu corazón y hacer germinar la esperanza.

«No me dejes nunca», leí en tus brazos que, estrechándome con fuerza, produjeron el acelerado impulso de mi corazón amigo; asentí con desgana, pues qué difícil resulta prometer lo que no sabes si cumplirás.

Has de volver a las sendas antiguas, al sendero del que te desviaste queriendo ser sabio en tu propia opinión, y así retomar de nuevo el consejo del Padre, permitir que su Palabra te reconforte y te moldee.

Sin apego a la vida te muestras deshilvanado, roto; un triste muñeco de trapo que, tras su caminar por este loco mundo, ha de reconocer su dependencia de Dios.

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Publicado en: PROTESTANTE DIGITAL - Íntimo - Sin apego a la vida