“El régimen comunista quiso destruir mis sueños, pero Dios tenía un plan diferente”

Valerica Strubert relata cómo la marginaron profesionalmente durante los últimos años de la dictadura comunista del país.

Redacción PD

Evangelical Focus, Alfa Omega TV · ESPAÑA · 28 DE AGOSTO DE 2025 · 13:30

Valerica Strubert. / Alfa Omega TV,
Valerica Strubert. / Alfa Omega TV

Durante la dictadura comunista en Rumanía, los cristianos evangélicos fueron víctimas de persecución.

Esa persecución adoptó diversas formas: represión psicológica, trabajos forzados y denegación del acceso a un empleo digno, entre otras cosas.

Valerica Strubert es un ejemplo de quienes sufrieron ese trato a manos del régimen político de la época. Hoy en día, ella y su esposo, Marcel Strubert, son pastores de la iglesia Relevant en la ciudad de Arad, al oeste de Rumanía.

 

Desde muy joven

En un reportaje para la cadena rumana Alfa Omega TV, Valerica contó cómo se enfrentó a esa persecución justo después de terminar el instituto.

“En aquella época, a cada graduado se le asignaba un trabajo en función de su nota final, dando prioridad a los que tenían residencia permanente en la ciudad. Yo cumplía todos los requisitos, así que esperaba con confianza y entusiasmo mi turno ante la comisión de asignación, con la esperanza de conseguir un buen puesto. Mis compañeros salían sonrientes, incluso los que tenían notas más bajas o no eran de la ciudad estaban satisfechos con los trabajos que les habían asignado”, recordó.

Sin embargo, cuando llegó su turno, la primera pregunta que le hicieron los funcionarios fue: “¿A qué iglesia asistes?”.

“A partir de ese momento, me bombardearon con una serie de preguntas que no tenían nada que ver con la graduación o la inserción laboral. Sus preguntas eran francamente burlonas y humillantes; intentaron intimidarme e incluso sonsacarme información sobre mi iglesia”, señaló Valerica.

 

Trabajo físico

El Partido Comunista le pidió que renunciara a su fe y colaborara con ellos proporcionándoles información desde dentro de la iglesia. Cuando se negó, le dieron un trabajo de carga y descarga de vagones de mercancías en la estación de tren de Timișoara.

“Más tarde descubrí que, aunque otros compañeros de secundaria también eran protestantes, el partido decidió tratarme de forma diferente, como ejemplo”, explicó Valerica a Alfa Omega TV.

Finalmente, la institución responsable de garantizar su empleo firmó un documento en el que afirmaba que no tenían ningún trabajo que ofrecerle, “lo cual era mentira”.

 

Dejando atrás sus sueños

Durante los meses siguientes, intentó encontrar trabajo por su cuenta y consiguió que la contrataran como obrera en una fábrica de pieles.

En aquella época, “estaba muy involucrada en el ministerio de música de la iglesia y asistía a clases particulares de canto. Las pieles me irritaban la garganta y empecé a toser sangre. Así que acabé renunciando, sin dejar de soñar con que algún día formaría parte del coro de la Ópera de Timișoara”.

 

Persecución y humillación

Luego fue contratada en una tienda minorista de textiles y calzado en Timișoara. “La llamada re educación comenzó con trabajos no cualificados”, subrayó el reportaje de Alfa Omega TV.

“Aquellos días eran agotadores. En aquel momento solo pesaba 45 kg. Cuando llegaba el gran camión, había que descargarlo rápidamente, y cada día pasaban por mis manos cientos de kilos”.

Además de las duras condiciones de trabajo, Valerica se enfrentó “de nuevo a la persecución y la humillación por mi fe. Recuerdo que preguntaba: Señor, ¿por qué yo? ¿Por qué me está pasando esto?”.

“Me presenté ante Dios en busca de una respuesta. Y recuerdo la suave respuesta que llegó a mi corazón: Tienes el privilegio de sufrir por Mi Nombre y por tu fe. Eso me trajo paz”.

 

“Dios tenía un plan diferente”

Más tarde, Valerica se casó con Marcel Strubert y quedó embarazada. Debido a las duras condiciones laborales, su embarazo se convirtió en uno de alto riesgo.

“Empezamos a orar fervientemente para que Dios cambiara mi lugar de trabajo. No queríamos perder al bebé. Estaba embarazada de cinco meses cuando, de manera milagrosa, Dios abrió una vía de escape”.

Valerica consiguió un trabajo, “sin sobornos ni contactos”, en la oficina farmacéutica de Timișoara, trabajando como cajera en una de sus farmacias.

Un día, mientras estaba en el trabajo, uno de sus antiguos profesores, “que había formado parte de ese infame comité de asignación de puestos de trabajo”, entró en la farmacia. “Nunca olvidaré las palabras que me dijo, lleno de asombro: No es posible que estés trabajando aquí”.

“Sus palabras confirmaron una vez más el plan destructivo que el régimen tenía para mí. Pero Dios tenía un plan diferente”, concluyó Valerica.

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