El caso ‘Porte ouverte’ en Francia: los evangélicos como “chivo expiatorio”

La iglesia evangélica de la ciudad de Mulhouse que sufrió centenares de infecciones cumplió las medidas sanitarias vigentes y se volcó a combatir la crisis pese a sufrir la muerte de más de 20 personas.

Joel Forster

PARÍS · 09 DE ABRIL DE 2020 · 16:12

Un culto de la iglesia evangélica La Porte ouverte chrétienne de Mulhouse (Francia), en febrero de 2020. / Facebook <a target="_blank" href="https://www.facebook.com/porteouvertemulhouse/">La Porte ouverte chrétienne</a>.,
Un culto de la iglesia evangélica La Porte ouverte chrétienne de Mulhouse (Francia), en febrero de 2020. / Facebook La Porte ouverte chrétienne.

Francia es el tercer país en Europa más afectado en números de muertos en la epidemia del coronavirus, con más de 10.000 muertos y 110.000 infectados.

Tal como sucede en todos los lugares, también allí los grandes medios han buscado reconstruir los escenarios y buscar una explicación a la crisis. Esa narrativa ha puesto el foco en las últimas semanas sobre de una de las pocas megaiglesias evangélicas que hay en Francia: la Église La Porte ouverte chrétienne (en castellano, Iglesia La Puerta Abierta Cristiana) de la ciudad de Mulhouse, al noreste del país.

Allí se celebró del 21 al 27 de febrero un encuentro anual de formación, oración y ayuno que reunió a alrededor de 2.500 personas. Entre los participantes había miembros de la congregación local, pero también líderes cristianos de otras regiones del país, de la Guayana Francesa (territorio francés en Sudamérica) e incluso de países vecinos como Alemania, Bélgica y Suiza.

Según las autoridades, fue en esa conferencia donde se habrían dado los primeros contagios de Covid-19 de la región del Grand-Est, un territorio de unos 5,5 millones de personas.

Seis semanas después, se sabe que por lo menos 20 personas que asistieron a la conferencia han perdido la vida, y que más de otras 70 personas están o han pasado por un proceso de estado crítico. La policía incluso ha estimado que centenares fueron infectados, y que otros miles habrían sufrido la enfermedad al entrar en contacto con ellos.

El pastor de Église La Porte ouverte chrétienne, Samuel Peterschmitt, y el equipo de liderazgo de la iglesia, enseguida dieron la voz de alarma al darse los primeros síntomas, incluso en su propia familia. Pidieron a todos los que habían asistido al encuentro que visitaran de forma preventiva a un médico y se pusieran en cuarentena voluntaria. Pero en aquel momento, muchos ya habían vuelto sus ciudades, e incluso salido de Francia. El hecho que la conferencia hizo, además, prácticamente imposible que poder contactar con todos aquellos que habían asistido.

 

Toda la atención de la prensa

Pese a que el virus afectaba a todas las regiones, ha sido la iglesia evangélica de Mulhouse la que ha soportado el peso de la atención mediática durante semanas.

“Una reunión evangélica propagó el virus en Francia”, titulaba el diario Le Figaro el 5 de marzo. Le Monde, otro diario de referencia, concluía que “una semana de oración lanzó la epidemia en Francia”.

La Prefecto (representante del estado) de la región, Josiane Chevalier, pese a no tener suficientes datos, hablaba de “una reunión evangélica” en la que “no se tomaron las medidas”. El líder del partido La Francia Insumisa, Jean-Luc Melenchon, espetaba en la Asamblea Nacional que “fue una reunión religiosa que permitió esta infección (…) Si hubieran sido musulmanes, habríamos escuchado sobre esto durante días”.

Y por si fuera poco, una senadora del Grand-Est acusó a la La Porte ouverte Chrétienne de “adoctrinar a niños y adultos” en el colegio de primaria que pertenece a la iglesia.

 

En ningún momento se incumplieron las medidas

Sin embargo, la realidad es que en la semana de la conferencia evangélica, Francia se encontraba aún en “estado de alerta 1”. El gobierno no había anunciado medidas contundentes ni pedido el cese de actividades multitudinarias.

Un ejemplo de esto es que el propio presidente Emmanuel Macron participó en un acto político en Mulhouse, a tan solo 300 metros de la iglesia, el 18 de febrero, en el que daba la mano para saludar a miembros del público, tal como iforma el magacín La Vie.

No sería hasta el 6 de marzo, tres semanas después del evento de La Porte ouverte, que se prohibieron las actividades de más de 50 personas.

Además, se sabe ahora que antes de la conferencia en Mulhouse, tan pronto como en enero, había ya una docena de casos de infección por coronavirus en lugares como París.

“Si hubiéramos tenido alguna duda [sobre el peligro de infecciones] habríamos anulado la conferencia inmediatamente”, explicaba Samuel Peterschmitt a La Vie. De hecho, explicaba el pastor, la iglesia “se avanzó” a las medidas gubernamentales en cuanto supo de los primeros contagios, cerró su escuela y canceló cultos y otras reuniones.

Además, puso en marcha un plan para ayudar a personas vulnerables y ofreció su edificio para que fuera usado por las autoridades como hospital de campaña.

 

Bulos, insultos y amenazas

Al torbellino mediático se añadieron bulos y noticias falsas en redes sociales, como las fotos de coches aparcados en el aparcamiento de la iglesia que un vecino compartió para intentar demostrar que la iglesia seguía adelante con nuevas actividades. La realidad es que lo único que se daba en el local eran preparaciones para cultos en línea, con un equipo reducido de 12 personas, pero la reacción furiosa de muchos en las redes obligaron a que se diera protección policial al edificio.

Comenzaron entonces las amenazas de muerte contra los miembros de la iglesia, como la que llamaba a “eliminarlos con un rifle kalashnikov”. “Después de todas estas noticias falsas, uno de mis hijos fue insultado por compañeros. Incluso vecinos insultan a algunas de las familias”, explicaba el pastor de La Porte ouverte.

En este difícil contexto, la iglesia de Mulhouse y el Consejo Nacional de Evangélicos de Francia (la Alianza Evangélica nacional, CNEF) pidieron reuniones con las autoridades locales y nacionales para tratar de abordar la crisis, pero no recibieron respuesta.

El pastor Petterschmitt hablaba de “un silencio ensordecedor. Pocas personas nos defienden, nos hemos convertido en chivos expiatorios”.

 

Tópicos antievangélicos

¿Cómo ha afectado todo este caso al conjunto de los evangélicos en Francia? Muchos creen que la “tormenta mediática” alrededor de La Porte ouverte ha creado una imagen distorsionada de las iglesias. Ideas como que los cristianos evangélicos “anteponen su religión a la seguridad sanitaria” se han fortalecido con los bulos e informaciones imprecisas.

“Vemos en Francia ahora una clara estigmatización de los evangélicos”, opina Christel Lamère Ngnambi, experto en temas de fe y sociedad en Europa. “Es un caso realmente triste, que afecta al testimonio de los cristianos. La mala prensa de estos días puede afectar severamente muchos de los esfuerzos que los cristianos evangélicos han hecho en los últimos 10 a 20 años para mostrar a la sociedad quiénes son”.

Lamère considera que la forma en que la iglesia de Mulhouse reaccionó fue “transparente”, y buscando el diálogo para encontrar soluciones, pero que no recibió el mismo trato por parte de los las autoridades.

 

Alianza evangélica: No a buscar chivos expiatorios

Algunos pastores de iglesias pentecostales de toda Francia publicaban el 14 de marzo una carta abierta titulada “¡Yo defiendo!”, en la que se ponían al lado de la iglesia afectada: “Defendemos al pastor Samuel Peterschmitt, defendemos al equipo que ha sido admirable antes este tsunami mediático, y defendemos a todos los cristianos de esta iglesia que ha pasado por la prueba”.

También la Alianza Evangélica Francesa (CNEF) ha pedido un trato justo para los evangélicos de Mulhouse. En una entrevista con InfoChrétienne, el director de su servicio pastoral para parlamentarios, Thierry Le Gall, mostraba su profunda “compasión” no solo con todas las personas afectadas por el Covid-19 y sus familiares en Francia, sino también “con esta iglesia, injustamente bajo el fuego de medios de comunicación y redes sociales”.

Le Gall alertaba de que “en todas las grandes crisis de la historia, surge la necesidad de encontrar un chivo expiatorio. Es de mucha demagogia hacer esto, pero es una salida fácil para tratar de reducir un problema nacional a una comunidad concreta y hacer que esta tenga toda la responsabilidad de un problema. Esta vez, nos ha tocado a los evangélicos”.

“La oración”, añadía Le Gall, “es esencial hoy en la situación en la que vivimos”. “No tenemos información específica para decir cuál es el origen preciso de esta pandemia. Pero Dios lo sabe. Él está allí para proveernos de ayuda, para consolar los corazones de los que sufren. Y Él nos está escuchando”.

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