Espinas en los pies del mundo: Catalina de Siena y la compasión radical

Un llamado a sentir, cargar y sanar en tiempos de corazones cansados.

23 DE NOVIEMBRE DE 2025 · 21:05

Catalina de Siena.,
Catalina de Siena.

Catalina de Siena (1347–1380), una joven laica hija de tintoreros, sin estudios formales y sin más poder que su amor ardiente por Cristo, se convirtió en una de las voces más luminosas y disruptivas del siglo XIV.

Vivió en medio de la peste negra, la crisis política, el hambre, la corrupción y la violencia. Pero allí donde muchos se replegaron por miedo o desesperanza, Catalina avanzó con una fe que parecía fuego: consolar enfermos, reconciliar enemigos, escribir cartas que avivaban corazones apagados, y sobre todo, sentir profundamente el dolor del mundo.

Catalina no vivió protegida del sufrimiento, más bien se dejó atravesar por él; su espiritualidad no buscaba evadirse de la realidad, sino penetrarla hasta encontrar allí el rostro de Cristo.

Tenía un sentido exquisito de la empatía, una sensibilidad tan fina que, según su propia experiencia, la herida del otro se convertía también en herida propia.

En ese espíritu se inscribe la frase tradicionalmente asociada a su modo de comprender el dolor: “Una espina se te ha clavado en un pie, por eso lloras, a veces en la noche.”

 

I. La espina: maestro y llamado

El dolor propio siempre enseña: la limitación, la herida, la pérdida, la angustia nocturna... todos son maestros que afinan el alma; pero Catalina descubrió que existe un aprendizaje mayor:

El dolor del otro es un llamado a amar.

El alma que se deja tocar por Cristo no se conforma con sobrevivir, busca aliviar. No se encierra, sale. No se endurece, se ablanda. No pregona grandeza, se arrodilla.

Catalina entendió que el cristianismo no es una teoría ni una devoción privada, sino una manera de mirar y tocar el mundo. Su compasión no era una emoción pasajera; era una decisión sostenida.

Su empatía no era un gesto; era un estilo de vida. Su amor no era abstracto; era concreto, exigente, encarnado.

Y todo comenzó por acoger la espina, no huir de ella.

 

II. Catalina en un mundo roto

Si el siglo XIV estuvo marcado por el colapso, miremos al mundo en el que vivimos hoy.

Ella iba a los hospitales cuando nadie quería acercarse. Entraba en las casas de los moribundos cuando todos huían. Se sentaba con los enfermos, hablaba con los violentos, mediaba con gobernantes de todo tipo, animaba a quienes se rendían. No buscaba protagonismo; buscaba almas. No buscaba ser escuchada; buscaba que Cristo fuera escuchado.

Catalina era frágil físicamente, joven, sin recursos, y sin embargo tuvo una influencia espiritual y social tan profunda que su nombre atraviesa siglos. Una vida pequeña, pero un corazón inmenso. Eso, precisamente, es lo que nos falta hoy.

 

III. Un espejo incómodo para nuestro tiempo

Vivimos en un mundo saturado de información y escaso en compasión. Conectados digitalmente, pero desconectados emocionalmente. Capaces de ver tragedias en vivo, pero incapaces de detenernos ante la angustia de quien está a nuestro lado.

Catalina, desde el siglo XIV, nos lanza un desafío que corta como una espina:

¿Sigues siendo capaz de llorar por el otro? ¿O tu corazón ya se ha endurecido? ¿Todavía sientes? ¿O te has acostumbrado a mirar sin ver, escuchar sin oír, vivir sin tocar?

Ella nos recuerda que el verdadero cristianismo no es cómodo, y que amar como Jesús implica dejar que el dolor del mundo nos despierte, nos mueva, nos incomode, nos transforme.

 

IV. Voces que nos avivan y acompañan

  • Catalina de Siena: “Sé quien Dios quiere que seas, y prenderás fuego al mundo.” “El amor no se puede quedar ocioso; corre a ayudar a todos.” “Si somos lo que debemos ser, cambiaremos el mundo.”

  • Tomás de Aquino: “La misericordia es el amor que se inclina hacia la miseria ajena.”

  • Dietrich Bonhoeffer: “Ser cristiano es participar en los sufrimientos de Dios por el mundo.”

 

V. Palabras eternas: versículos que iluminan la compasión

  • Romanos 12:15... “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.”

  • Gálatas 6:2... “Llevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”

  • Mateo 25:40... "El Rey les responderá: Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de mis hermanos, aún por el más pequeño, lo hicieron por mí."

 

VI. Conclusión: cuando casi no quedan…

Catalina vivió en un mundo desgarrado y eligió ser puente. Eligió ser bálsamo. Eligió ser llama. Eligió ser abrazo. Eligió ser discípula.

Y hoy, cuando casi no quedan personas dispuestas a sentir de verdad, a acompañar de verdad, a cargar de verdad, su vida es un desafío, una provocación, una llamada.

Quizá Dios todavía esté buscando catalinas. Quizá todavía esté susurrando: “¿Dónde están los que aman hasta doler?”

Porque un mundo lleno de espinas necesita manos que sanen, y esas manos son las de Cristo a través de ti y de mí.

¡Quiero ser un instrumento para sanar heridas, quitar espinas, aquí estoy Señor!

 

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