El fervor sin dirección: Cuando hablamos más de la cuenta
Todo lo que Dios hace por nosotros es por gracia; nada que prometamos podrá comprar lo que Él ya nos regaló en Cristo.
16 DE NOVIEMBRE DE 2025 · 21:20
“El precio de la grandeza es la responsabilidad”. Winston Churchill
“La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano". Agustín de Hipona
“La prudencia consiste en saber discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y elegir los medios rectos para realizarlo”. Tomás de Aquino
Jefté, un líder y juez de Israel, hizo un voto precipitado a Dios: si le daba la victoria sobre los amonitas, sacrificaría a la primera persona que saliera de su casa a recibirlo a su regreso. Desafortunadamente, fue su única hija quien salió primero.
A pesar del destino que le esperaba debido a la promesa de su padre, ella aceptó valientemente su situación, pidiendo solo un tiempo para llorar su virginidad y su vida con sus amigas.
Su historia resalta temas de obediencia, sacrificio y los peligros de los votos imprudentes, además es un testimonio de su carácter inquebrantable y su respeto por la palabra dada, aunque fuera por su padre.
Dios ya estaba con él. ¡La victoria era segura! Pero Jefté, movido por el entusiasmo y la ansiedad, añadió un voto que Dios no le pidió. Confundió fe con negociación, y devoción con trueque, la fe verdadera no necesita prometer para actuar, simplemente confía en lo que Dios ya dijo.
La hija sin nombre, fue obediencia en medio del dolor
Ella sale a recibir a su padre con panderos y danzas, celebrando la victoria… sin saber que esa misma celebración será su sentencia.
No tiene nombre en el texto, pero su actitud la convierte en un ícono de obediencia silenciosa, no cuestiona, no reclama, no huye.
Ella representa a todos los que sufren por decisiones ajenas, pero aun así mantienen su fe en Dios y su historia nos enseña que la verdadera entrega no siempre se demuestra hablando, sino aceptando el propósito de Dios incluso cuando no lo entendemos.
A veces la prueba no es lo que perdemos, sino cómo respondemos ante lo que no podemos cambiar.
Un Dios que no pide lo que da, “la voz de la misericordia”
Dios nunca exigió ese sacrificio, el voto de Jefté refleja una mente influenciada por costumbres paganas, dioses que se complacían con sangre. Pero nuestro Dios no es así; el problema no fue el voto, sino la imagen distorsionada de Dios.
Cuando creemos que debemos “pagarle” a Dios por su favor, lo hemos reducido a un ídolo, no al Padre que da por gracia.
Todo lo que Dios hace por nosotros es por gracia; nada que prometamos podrá comprar lo que él ya nos regaló en Cristo.
Recuerda...
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No prometas lo que no estás dispuesto a cumplir. “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” Eclesiastés 5:5.
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Evalúa tus palabras cuando estás emocionado. La emoción puede encender la lengua más rápido que la razón.
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Recuerda que la fe no se demuestra con votos, sino con obediencia diaria. Jesús dijo: “Sea vuestro sí, sí; y vuestro no, no” Mateo 5:37.
Conclusión: hablar menos, confiar más
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La historia de Jefté y su hija nos deja un eco que atraviesa los siglos.
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Cuidado con las promesas hechas en nombre de Dios, cuando el corazón aún no ha aprendido a escucharle.
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Dios no necesita nuestras palabras apresuradas, sino vidas dispuestas y obedientes.
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La fe no consiste en negociar con el cielo, sino en descansar en la fidelidad del Dios que no cambia.
️ Que nuestra oración sea esta: “Señor.... Enséñanos a hablar menos y a confiar más, a prometer menos y a obedecer más; a no ofrecerte lo que no pides, sino darte lo que esperas: un corazón rendido y una vida fiel”.
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