El espíritu de Laodicea en tiempos de luces LED
La verdadera grandeza ministerial comienza cuando dejamos de buscar ser vistos y empezamos a ver como Jesús.
09 DE NOVIEMBRE DE 2025 · 21:10
“Humildad, esa raíz dulce y baja de la que brotan todas las virtudes celestiales”. Thomas Moore
“La verdadera humildad no sabe que es humilde. Si lo hiciera, estaría orgulloso de la contemplación de tan fina virtud.” Martín Lutero
Jesús vino a establecer un ministerio basado en servicio, compasión y humildad, pero la iglesia moderna muchas veces corre el riesgo de confundir crecimiento con éxito.
El espíritu de Laodicea... orgulloso, autosuficiente y tibio, sigue vivo tanto en grandes púlpitos como en corazones pequeños.
Dios sigue buscando siervos rotos, sensibles y rendidos, más que estructuras impresionantes o ministerios famosos.
David Wilkerson, ya con el Señor y bien conocido por todos, pastor de un pequeño pueblo en Pensilvania, decidió apagar la televisión una noche y orar. Dios lo llevó a Nueva York, al corazón de las pandillas, mientras muchos buscaban multitudes en auditorios, él buscó al perdido en las calles.
Su ministerio no nació de una estrategia de marketing, sino de lágrimas en la presencia de Dios; de esa obediencia nació Teen Challenge y un impacto global.
Y es que... la verdadera grandeza ministerial comienza cuando dejamos de buscar ser vistos y empezamos a ver como Jesús.
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Jesús no buscó multitudes, las multitudes lo siguieron.
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Lavó pies, abrazó leprosos, tocó impuros, lloró por Jerusalén.
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En Juan 13, cuando todos buscaban ser reconocidos, él se ciñó la toalla.
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El Reino de Dios se extiende no por tamaño, sino por la calidad del amor.
“Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.” Mateo 11:29
En contraste con el ministerio de Jesús, pienso muchísimas veces que el “espíritu” de Laodicea sigue muy vivo.
Laodicea hoy es el espejismo de la autosuficiencia, la iglesia de Laodicea decía: “Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad.” Pero Jesús le responde: “No sabes que eres pobre, ciego y desnudo.”
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Hoy hay templos llenos pero corazones vacíos.
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Redes sociales llenas de “influencers espirituales”, pero pocos intercesores.
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Hemos confundido la visibilidad con la unción.
Por otra parte, el orgullo que derribó a Lucifer sigue buscando tronos… incluso dentro del ministerio. Y ese mismo orgullo se disfraza hoy de “éxito ministerial”, de “excelencia”, de “visión”, cuando el corazón se aleja de la cruz.
El enemigo no teme a una iglesia grande, pero tiembla ante una iglesia quebrantada.
Me emociona y me reta la compasión en el ministerio de Jesús, ese es el sello del verdadero ministerio:
Jesús vio al publicano, a la samaritana, al ladrón, al leproso; y su compasión rompió las reglas sociales y religiosas.
¿Cuándo fue la última vez que lloramos por alguien que no encaja en nuestras iglesias?
La verdadera unción no se mide por “el poder”, sino por cuanto se parece nuestro corazón al de Cristo.
Volvamos a los pies de Jesús...
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¡No necesitamos iglesias más grandes, necesitamos corazones más rotos!
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Que cada líder, cada creyente, cada ministerio vuelva a examinarse ante la cruz.
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Que la gloria vuelva a ser solo de él.
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Que el Espíritu Santo vuelva a ser el centro, no el escenario.
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Y que cuando Jesús mire a su iglesia, no vea Laodicea, sino una novia apasionada, humilde y compasiva.
Mi Señor sigue diciendo:
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo…” Apocalipsis 3:20
Y yo tan solo sigo respondiendo: "Habla, Señor, que tu sierva escucha" 1ª Samuel 3:10.
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