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La casa donde se cuida de quienes cuidan

Entidades evangélicas de Cruces, en Vizcaya, han habilitado un piso de acogida para familiares de enfermos ingresados en el hospital municipal que llegan de otros lugares. El objetivo, dicen, es ofrecer descanso y cuidado. 

Jonatán Soriano

BILBAO · 21 DE AGOSTO DE 2018 · 11:00

Ana Ussia e Isidoro Serralde, responsables del proyecto, en un acto solidario. / Itxaropen Etxea,
Ana Ussia e Isidoro Serralde, responsables del proyecto, en un acto solidario. / Itxaropen Etxea

El Hospital Universitario de Cruces es uno de los centros sanitarios más concurridos en el País Vasco. Sólo el 55% de los pacientes proviene de las comarcas sanitarias de Ezkerraldea-Enkarterri y Uribe, las colindantes a la localización del equipamiento. El resto, provienen de otras demarcaciones del territorio vasco y del resto de la península ibérica, a causa de la oferta de servicios especializados del hospital, donde se realizan tratamientos oncológicos y medicina nuclear, diversos tipos de cirugía o, incluso, microbiología. 

Desde marzo está en funcionamiento Itxaropen Etxea (Casa de esperanza en euskera), un piso de acogida para familiares de internos hospitalarios que llegan a Cruces desde otros lugares. “El Hospital de Cruces es un centro de referencia para el resto del País Vasco, Cantabria, Navarra y otras provincias en casos de patologías muy concretas. Se vio la gran necesidad de poder aliviar a las familias que ya de por sí están viviendo una situación muy complicada por la enfermedad, a lo que se añade el hecho de estar en un lugar desconocido y, en algunos casos, con situaciones económicas muy complicadas o estancias muy largas en las que los recursos de una habitación de hostal son insuficientes”, explica Ana Ussia, responsable del proyecto junto con su marido, Isidoro Serralde. 

La iniciativa nace a propuesta de la Capellanía Evangélica del Hospital de Cruces junto con Hay una esperanza para ti, la asociación de acción comunitaria de la iglesia local Punto de Encuentro Cristiano, pastoreada por David Bengoetxea y Gemma López de Ciordia, que supervisan el proyecto. “David y Gemma nos comentaron el proyecto de facilitar alojamiento a los familiares con otro formato y, cambiando impresiones, creímos que lo más conveniente era alquilar un piso. ¿Donde podemos aliviar esta realidad a los familiares sino es proporcionándoles un lugar donde alojarse?”, añade Ussia. 

 

DIFERENTES ÁREAS DE CUIDADO

El piso cuenta con tres habitaciones y una cocina y lavabos comunes. El único requisito para acceder alalojamiento es la procedencia, es decir, que las personas vivan en una demarcación diferente a la del hospital. Hasta ahora Itxaropen Etxea ha acogido a 25 personas provenientes de Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Aragón, Navarra y Alicante. “Todas las personas que han pasado por la vivienda lo primero que experimentan es el alivio cuando les dices que pueden venir al piso y que ya no tienen que ocuparse de donde van a poder pasar las noches,que sólo tienen que centrarse en el cuidado del familiar. Todos dicen que se siente mucha paz alentrar en la casa yqueremos que sea un lugar de descanso”, remarca Ussia. 

 

Algunos voluntarios en un acto solidario a favor del proyecto del piso de acogida. / Itxaropen Etxea

La necesidad de alojamiento no es la única que queda cubierta en el piso. Las necesidades emocionales también se hacen evidentes en la convivencia con aquellas personas que viven de cerca la enfermedad. “Se tiene una escucha activa de lo que estas personas están viviendo, pudiendo expresar sus temores, su sufrimiento por las situaciones difíciles que viven, otras veces con un abrazo”, apunta Ussia. “Saben que tienen a alguien que está cerca y que no están solos aquí”, remarca. 

A través de la apertura emocional aparecen la dimensión espiritual de la situación y el descubrimiento de que también existen necesidades al respecto. “Podemos ver cómo personas de otras religiones o no creyentes buscan de Dios en momentos así. Nosotros estamos para ofrecer el amor de Jesús a través de acciones y palabras. Si quieren oramos por los familiares, por ellos como cuidadores y se les ofrece la posibilidad de tener una relación con Dios”, dice la responsable del piso. 

 

DIVULGACIÓN Y SOCIOS: LAS NECESIDADES

Según explica Ussia las cuotas de los socios actuales del proyecto sólo alcanzan a cubrir el 30% de los costes del piso. “De momento no hemos podido acceder a ninguna subvención, por lo que hacemos comidas solidarias, ponemos puestos para venta solidaria también. Todo lo que se nos ocurre, y las puertas que Dios abre para conseguir esa financiación”, remarca la responsable del piso, donde también colaboran dos personas como voluntarias. 

La novedad y la promoción son otros hándicap a superar. “Necesitamos que el proyecto se conozca, que el que necesite de la vivienda sepa que estamos y podemos dar ese servicio”, añade Ussia. 

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