Un año con el papa León. Impresiones evangélicas
Los evangélicos no parecen estar en el punto de mira del papa León, salvo por algunos comentarios críticos indirectos entre líneas en sus discursos en Camerún y Angola.
02 DE AGOSTO DE 2026 · 20:20
¿Un papa amable pero firme? ¿Un papa dedicado por completo a la paz y al diálogo? Todavía es demasiado pronto para ofrecer una valoración definitiva del pontificado del papa León XIV.
Sin embargo, algo más de un año después de su elección (8 de mayo de 2025), es posible distinguir algunos temas clave que confirman lo que ya era evidente al inicio de su pontificado.
El panorama geopolítico mundial
Durante el último año, el Papa estadounidense ha asumido un destacado papel “político” en la escena mundial. Era previsible que el enfrentamiento con Trump estallara tarde o temprano, dado el temperamento combativo del presidente. Y así fue.
Precedido por las críticas de León a la gestión de la deportación de migrantes indocumentados, el conflicto con la Administración estadounidense estalló a raíz de la guerra en Irán. Trump ha criticado repetidamente al Papa, y este le ha respondido de la misma manera.
De alguien como Trump, esto era de esperar; menos previsible fue la decisión de León de no recurrir a los modales mesurados de la diplomacia vaticana sino de utilizar la comunicación directa para responder golpe por golpe.
Un papa locuaz y desenfadado como Francisco solía hacer comentarios “espontáneos” y a veces desenfrenados sobre la actualidad; la sorpresa fue que el Papa Leo, a pesar de su naturaleza reservada y controlada, también optó por el enfoque sin filtros y “de micrófono abierto” para decir lo que pensaba.
De hecho, desde hace meses, la dinámica Trump contra León ha dominado la narrativa política mundial, presentando al papa como el adversario definitivo de Trump en nombre de la “paz”. El aumento de popularidad, incluso entre el público laico, ha sido evidente: en un mundo en guerra, ¿quién está en contra de la paz?
Por otra parte, con sus viajes a Turquía, Líbano y África, el papa León ha reafirmado el interés del catolicismo contemporáneo por el Sur Global, donde la Iglesia católica romana se enfrenta al islam y al auge de las iglesias evangélicas.
Siguiendo los pasos de Francisco, confirmó la oferta de “diálogo” al primero y destacó el carácter peculiar de las segundas, al tiempo que hacía hincapié en la superioridad “católica”.
La línea de reconciliación interna
Incluso dentro de la Iglesia Católica Romana, León ha actuado en consonancia con los motivos que llevaron al cónclave a elegirlo papa. Francisco había dejado tras de sí una Iglesia plagada de conflictos internos y con la cuestión de la “sinodalidad” sin resolver, lo que generaba gran confusión.
En este primer año de su pontificado, León no ha avivado las llamas de la división sino que ha tratado de suavizar la retórica, calmar los ánimos y maniobrar en busca de compromisos.
Ante las peticiones de la Alemania católica para que se introduzcan cambios en el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo, ha mantenido una postura firme sin romper con las facciones más progresistas.
En lo que respecta a la sinodalidad, ha moderado el celo de los partidarios más fervientes, pero no ha frenado su entusiasmo. En cuanto a los nombramientos para los puestos más altos de la Iglesia, aún no ha tomado ninguna decisión radical o innovadora, prefiriendo dejar que la situación se estabilice.
En resumen, en el ámbito nacional, Leo ha demostrado ser una figura política curtida y con experiencia; un mediador que busca preservar la “integridad” del catolicismo ante las tensiones, más que un “profeta” que anuncie el cambio o un “defensor” del statu quo.
El enfoque ecuménico y las relaciones con los evangélicos
En su primer año de pontificado, León concedió gran importancia al significado ecuménico de las celebraciones del Concilio de Nicea. Prestó especial atención al mundo de la ortodoxia oriental y a las Iglesias orientales, con las que el catolicismo del Papa siente una afinidad cada vez mayor.
Más allá de la cortesía institucional, se ha mostrado más reservado hacia el mundo protestante liberal y ecuménico. Prueba de ello es la recepción burocrática que dispensó a la arzobispa de Canterbury durante su visita a Roma.
La impresión es que la agenda ecuménica de León mira más hacia el Este (la ortodoxia) y hacia el Sur (el islam) que hacia el Oeste (el mundo ecuménico tradicional).
¿Y qué hay de los evangélicos? No parecen estar en el punto de mira del papa León, salvo por algunos comentarios críticos indirectos entre líneas en sus discursos en Camerún y Angola.
Ni siquiera durante su anterior mandato como obispo en Perú mostró un interés especial por los evangélicos. Por otro lado, los evangélicos de todo el mundo aún no parecen haberle tomado la medida.
A diferencia de Francisco, que contaba con muchos amigos evangélicos en Argentina y más allá, León no ha cultivado tales relaciones, con el resultado de que el mundo evangélico sigue siendo distante y remoto para él.
Por otra parte, su pensamiento, tal y como se refleja en sus discursos diarios, entrelaza temas agustinianos (la paz, la gracia, la experiencia católica), una profunda mariología y las enseñanzas católicas tradicionales.
Su marco teológico parece ser un agustinismo católico replanteado desde una perspectiva posterior al Concilio Vaticano II.
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