Verano: “¡Oh! ¡Quién me diese en el desierto un albergue!”
Quizás, ingenuamente, buscamos un sosiego o, en su caso, un poco de soledad para pararnos e intentar encontrarnos con nosotros mismos. A veces es imposible.
23 DE JUNIO DE 2026 · 18:05
La sociedad ruidosa y estresante en la que vivimos nos hace sentirnos rodeados de excesivas cosas, llamadas de atención, entretenimientos y molestias que nos hacen aumentar la situación de alerta, estados de falta de tranquilidad, de falta de sosiego.
Vivimos de alguna manera con los nervios excitados, “nervios de punta”, como se dice en el lenguaje popular. Nos unimos al clamor de Jeremías: “¡Oh! ¡Quién me diese en el desierto un albergue!”. (Jeremías 9:2).
Yo también podría clamar por eso, aunque solo fuera para estos meses en los que se acerca un cálido verano en el que, seguro que vamos a tener bastante falta de sosiego, aunque espero que todos podamos tomar unos días de relax vacacional.
Desgraciadamente, muchos no podrán en un mundo tan desigual e injusto. No obstante, a pesar de estar en vías de periodos vacacionales es posible que sigan muchos factores estresantes que nos hagan clamar junto a Jeremías el poder estar en un desierto inundado de tranquilidad.
Probablemente no será así. Nos pueden perseguir esos factores estresantes como los económicos, seguirán los ruidos, las colas, las aglomeraciones, quizás problemas familiares y, sin duda, algún que otro disgusto que pueden destruir nuestro desierto de paz.
Seguro que, en verano, incluso en las vacaciones, nos encontraremos con largas cosas de tráfico, densas caravanas que no nos dejan avanzar tranquilos, ríos de gente que quieren usar los mismos restaurantes, los mismos espacios de playa, problemas de aparcamiento y otros tumultos que, sin duda, nos pueden quitar la tranquilidad.
Quizás, ingenuamente, buscamos un sosiego o, en su caso, un poco de soledad para pararnos e intentar encontrarnos con nosotros mismos. A veces es imposible.
Somos simplemente el “homo faber”, el hombre hecho para el trabajo, persona que hace, que fabrica y que, incluso puede crear herramientas para sumirse en el trabajo.
Muchas veces perdemos el poder creativo cegados quizás por el lucro, la ganancia y, en cierta manera, nos deshumanizamos un poco.
Nos es necesario clamar con Jeremías y buscar nuestro propio desierto. ¡Desnudémonos de tantas y tantas cosas!
Quizás lo que necesitamos es una especie de desnudez existencia que nos haga cambiar y limpiarnos de tantas y tantas cargas que nos depara la existencia en nuestro aquí y nuestro ahora.
Atrévete a una desnudez total. Quizás así puedas encontrarte y conocerte, quizás así puedas notar la presencia de Dios muy cerca de ti. Encontrar lo que hay dentro de ti y elevarte sin límites hasta lo infinito, aquello que ya es trascendente.
Palabras de Jesús también para este verano: “Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco”. (Marcos 6:31).
El desierto es necesario, la soledad también lo es a veces, la soledad buscada conscientemente y no por problemáticas sociales. El desnudarse y tenderse en una arena alejada de todo tipo de ruidos puede ser sanador.
Desierto: símbolo e icono de descanso, de sosiego, de soledad buscada, de lanzar la mirada tanto a lo trascendente como a nosotros mismos analizando nuestro ser como si buscásemos quiénes somos y cuál es nuestro lugar en el mundo o en la vida.
¡Qué bien que el desierto no tenga la radio o la televisión, los ruidosos coches, los vecinos ruidosos y que sea una llamada a la tranquilidad de una existencia serena!
Deseo que todos nosotros podamos en este verano encontrar nuestro desierto, buscarlo, desearlo y, si es necesario, inventarlo. Rompamos los relojes, los móviles. Tiremos las mochilas con sus pesadas cargas. Dejemos los coches en sus aparcamientos y usemos la fuerza de nuestros pies.
Quédate solo ante tu existencia e intenta llenar todo tipo de vacíos existenciales. Llénate. No te acuerdes en tu desierto de aquellos que no es necesario, que es totalmente superfluo, que molesta y nos intranquiliza.
Te harás más humano, y, quizás, también más divino, porque podrás sentir más cerca la presencia del ese Dios trascendente que te ha creado.
Es posible que cuando ya abandones ese tu desierto y te metas de nuevo en los ruidos y trajines de tu trabajo, de tu ciudad y familia, hayas ganado tanta humanidad y te hayas comunicado tanto contigo mismo que puedas caminar también en medio de las molestias y ruidos sin haber olvidado la experiencia del desierto.
FELICES VACACIONES Y BUEN VERANO PARA TODOS. BUEN DESIERTO
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